Convencido de que su idea podía revolucionar el mercado, apostó por mejorar un producto que no había logrado imponerse del todo. Sin embargo, no tuvo en cuenta un factor importante que podía perjudicar su creación. Con el tiempo, aunque hoy está lejos de la pobreza, tampoco conserva la fortuna que supo tener y su compañía enfrenta un escenario cada vez más difícil ante los avances constantes.
Nick Woodman CES
Woodman atraviesa una situación complicada que no pudo prevenir.
CES
La historia de Nick Woodman y GoPro
Nick Woodman nació el 24 de junio de 1975 en el condado de Santa Clara, California. Antes de convertirse en empresario famoso, estudió en la Universidad de California en San Diego, donde el surf ocupaba buena parte de su vida. Ese mundo, más que una oficina o un laboratorio, fue el lugar donde apareció su gran idea.
Antes de llegar a GoPro, no todo le había salido bien. Primero probó con EmpowerAll.com, un sitio pensado para vender productos electrónicos con márgenes mínimos. Más tarde creó Funbug, una plataforma de juegos y marketing por internet que terminó golpeada por la caída de las puntocom.
El fracaso lo dejó tocado y decidió alejarse por un tiempo. Se fue a surfear por Australia e Indonesia, pero en ese viaje encontró algo más que olas. Quería sacar buenas fotos y videos desde el agua, aunque las opciones disponibles eran incómodas, caras o dependían de alguien filmando desde lejos.
La solución apareció de la manera menos prolija posible. Woodman probó con una correa rota de tabla de surf, gomas elásticas y una cámara resistente al agua. Su objetivo era simple: que la persona pudiera registrar la escena desde adentro, sin quedar afuera de su propia experiencia.
De regreso en California, convirtió ese intento casero en un proyecto más serio. Trabajó con retazos de neoprene, correas cosidas a mano y ayuda de su familia para financiar el arranque. La primera GoPro era una cámara de 35 mm que se usaba en la muñeca y apuntaba, sobre todo, a surfistas.
Nick Woodman Josh Edelson
La GoPro perdió mucho terreno en el mercado.
Josh Edelson
El increible éxito de la empresa
La cámara llegó en el momento perfecto. YouTube empezaba a crecer, las redes sociales empujaban los videos y la gente buscaba nuevas formas de mostrar viajes, deportes y momentos personales. GoPro ofrecía algo muy fácil de entender: una imagen cercana, intensa y grabada desde el corazón de la acción.
El producto entró rápido en comunidades que ya necesitaban algo así. Surfistas, esquiadores, ciclistas, buzos, motociclistas, paracaidistas y viajeros empezaron a usarla en escenas donde una cámara común resultaba incómoda o directamente inútil. Cada video funcionaba como una demostración del invento.
El crecimiento fue enorme. En 2012, la empresa vendió cerca de 2.3 millones de cámaras y generó más de u$s500 millones en ingresos. En 2013, la facturación se acercó a u$s1.000 millones y la marca dejó de ser una rareza para deportistas extremos.
La gran explosión llegó en 2014, cuando GoPro salió a la Bolsa. Las acciones arrancaron cerca de los u$s35 y subieron con fuerza. El mercado no miraba solo una cámara, sino la posibilidad de una marca global vinculada al video, la aventura y el contenido generado por sus propios usuarios.
El punto más alto llegó el 10 de octubre de ese año. La acción rondó los u$s85 y la compañía alcanzó un valor cercano a los u$s12 mil millones. Él conservaba alrededor del 45% de la empresa, por lo que su participación llegó a valer cerca de u$s5.4 mil millones.
Ese éxito también llegó a su círculo cercano. Su padre, que había puesto dinero en los primeros pasos, tenía millones en acciones. Neil Dana, compañero de universidad y primer empleado, recibió cerca de u$s229 millones por un viejo acuerdo que Woodman había prometido cumplir.
Embed - Como funciona la cámara Gopro
Los motivos de la estrepitosa caída de GoPro
La caída no empezó porque el producto se volviera inútil. El problema era más incómodo: muchas personas compraban una cámara para un viaje, una temporada de nieve, unas vacaciones o un deporte puntual, y después la dejaban guardada durante meses.
Esa costumbre chocaba con el negocio que la empresa necesitaba sostener. Para crecer, tenía que vender nuevos modelos con frecuencia, pero gran parte del público no veía la cámara como algo de uso diario. Era un producto deseado, sí, pero no siempre imprescindible.
Los celulares también empezaron a ocupar terreno. Cada nueva generación ofrecía mejores fotos y videos, y eso alcanzaba para muchos usuarios comunes. Para una filmación familiar, una salida o unas vacaciones, el teléfono que ya tenían en el bolsillo resolvía buena parte de la necesidad.
La Hero4 Session dejó expuesto ese cambio. Salió en 2015 con un diseño más chico y forma de cubo, pero llegó al mercado a unos u$s400. El precio cayó primero a u$s300 y luego a u$s200, una señal clara de que el público no la estaba recibiendo como esperaba la compañía.
El intento de abrir otra puerta con los drones tampoco funcionó. Karma parecía una apuesta lógica porque muchas cámaras de la marca ya se usaban en esos equipos, pero algunas unidades perdían potencia durante el vuelo. El producto fue retirado, volvió al mercado y quedó discontinuado en 2018.
Mientras tanto, llegaron los recortes. En 2016, la empresa despidió al 7% de su personal después de que sus acciones perdieran cerca del 80% de su valor. En 2018 hubo otra ronda de despidos, con el precio ya muy lejos del máximo alcanzado en la Bolsa.
La pandemia agregó otro golpe en 2020, cuando más de 200 empleados dejaron la compañía. Para 2026, el cuadro era todavía más delicado: otro recorte fuerte de personal y una revisión de alternativas que incluía una posible venta o fusión después de recibir ofertas no solicitadas.
Sigue siendo millonario: el patrimonio de Woodman
El patrimonio de Woodman se estima en u$s300 millones. La cifra ya no tiene el brillo de sus años de mayor exposición, pero todavía muestra una fortuna enorme, construida con ventas de acciones, propiedades de lujo y bienes acumulados durante el auge de su empresa.
Su vida personal también quedó asociada a activos de alto perfil. Junto a su esposa, tuvo propiedades en California, Montana y Hawái, además de un jet Gulfstream V y un yate de 55 metros. Entre esas compras aparece el Boogie Ranch, un campo de 60 hectáreas en California.
Woodman pagó u$s13.7 millones por esa propiedad en 2014. El lugar incluía una casa principal de cinco dormitorios, dos casas de huéspedes, cancha de bochas, piscina y un cobertizo para tractores. Años después, lo puso a la venta por u$s20 millones.
También vendió una casa cercana por u$s18.4 millones, luego de haberla comprado en 2011 por u$s12.5 millones. A través de la Fundación Jill + Nicholas Woodman, su familia destinó donaciones millonarias a un centro de prevención del maltrato infantil en San Francisco y a un centro comunitario en Montana.