Gastar miles de millones en un nuevo rubro puede ser visto por las compañías como una oportunidad imperdible para instalarse en mercados donde no solían destacarse. Pero no siempre los planes salen como se espera, y eso le sucedió a un gigante como Mattel, que aún se arrepiente de esa decisión.
Un humo de u$s4.000 millones: cómo un empresario logró venderle a Mattel un software destinado al fracaso
Pese a que prometía ser una inversión que llevaría a la empresa a la cima, terminó siendo uno de los fallos más importantes de la marca.
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La marca de juguetes cometió un error que le costó una fortuna.
Con la intención de ingresar al mundo de los videojuegos, pese a ser el fabricante de juguetes más conocido del mundo, llevó a cabo una operación que involucró a una reconocida personalidad de los medios y las finanzas. Esta movida es, hasta hoy, una de las mayores pérdidas de capital de la industria.
Quién es Kevin O'Leary y cómo fueron sus primeros pasos en los negocios
Terence Thomas Kevin O'Leary nació en Montreal, Canadá, el 9 de julio de 1954. Estudió en la Universidad de Waterloo y después hizo una maestría en negocios en la Ivey Business School, una formación que lo acercó al mundo de las empresas, las marcas y las inversiones.
Antes de entrar al software, trabajó en Nabisco, donde aprendió cómo se venden productos de consumo masivo. Esa experiencia le dio una idea que después aplicó en tecnología: no alcanzaba con tener un producto, también había que lograr que estuviera en las tiendas, que llamara la atención y que se vendiera rápido.
A comienzos de los años 80 cofundó Special Event Television, una productora de contenidos deportivos y de entretenimiento. Más tarde vendió su participación y se movió hacia un rubro que crecía con fuerza: los programas para computadoras personales, que empezaban a entrar en hogares, oficinas y escuelas.
En 1986 fundó SoftKey Software Products con u$s10.000 que le prestó su madre. La empresa vendía programas baratos para el hogar, impuestos, finanzas personales y educación. La apuesta era clara: precios bajos, muchos títulos disponibles y presencia fuerte en los comercios donde se compraba software en cajas.
SoftKey no creció por crear grandes programas desde cero, sino por comprar empresas rivales. O'Leary sumaba catálogos completos, recortaba costos y se quedaba con los productos que podían venderse mejor. Ese método lo volvió una figura conocida dentro de un mercado que se movía cada vez más rápido.
The Learning Company: un negocio redondo para O'Leary y el fracaso para Mattel
En 1995, SoftKey compró The Learning Company, una empresa de software educativo conocida por títulos como “Reader Rabbit”, “The Oregon Trail” y “¿Dónde está Carmen Sandiego?”. Después de esa compra, la compañía adoptó el nombre de The Learning Company, que sonaba más atractivo para vender programas familiares y escolares.
La empresa llegó a fines de los años 90 con algo que muchas compañías grandes querían comprar: una imagen vinculada al futuro digital. Tenía marcas conocidas, presencia en tiendas y productos pensados para chicos, familias y escuelas. En plena fiebre por las empresas tecnológicas, eso alcanzó para despertar el interés de Mattel.
La juguetera buscaba meterse de lleno en el negocio del software educativo. En 1999 aceptó comprar The Learning Company en una operación valuada en u$s3.6 mil millones que prometía llevar a Mattel más allá de las muñecas, los juguetes y los productos tradicionales.
El problema era que la empresa no estaba tan fuerte como parecía. En 1998 había facturado u$s839 millones, pero cerró ese mismo año con una pérdida de u$s105 millones. También venía de años complicados en algunas de sus marcas más conocidas, justo cuando Mattel decidió pagar una fortuna por quedarse con todo el negocio.
Para O'Leary, la venta fue perfecta. Tenía cerca del 1,2% de la empresa y 1.7 millones de derechos para comprar acciones. Su parte quedó valuada en unos u$s35.4 millones y, cuando Mattel lo despidió seis meses después del cierre, recibió una indemnización de u$s5 millones.
Para Mattel, el golpe llegó enseguida. La compañía esperaba que The Learning Company aportara ganancias, pero el negocio perdió alrededor de u$s200 millones solo en la segunda mitad de 1999. La pérdida era tan rápida que llegó a calcularse en casi un millón por día.
La compra también golpeó a la conducción de Mattel. Las acciones de la empresa cayeron, la presión de los accionistas creció y Jill Barad, la ejecutiva que había impulsado la operación, dejó su cargo en febrero de 2000. Lo que debía ser una entrada fuerte al futuro digital se transformó en una carga enorme.
En septiembre de 2000, Mattel se desprendió de The Learning Company y la vendió a Gores Technology Group por una parte mínima de lo que había pagado. Después llegaron demandas de accionistas, acusaciones sobre el estado real de las cuentas y un acuerdo de u$s122 millones para cerrar el conflicto judicial.
O'Leary negó haber cometido irregularidades y sostuvo que el derrumbe se explicó por un choque entre dos culturas de trabajo muy distintas. El dato concreto quedó a la vista: la juguetera pagó una fortuna por una empresa que se desplomó casi de inmediato, mientras él ya había vendido en el momento más conveniente.
La faceta televisiva que lo llevó a la fama
Después del acuerdo con Mattel, O'Leary no quedó asociado solo al software. Empezó a moverse con más fuerza en inversiones, fondos y medios, hasta encontrar en la televisión un lugar donde su estilo directo funcionó como parte central del personaje.
Su primer gran salto en pantalla llegó con “Dragon's Den”, el programa canadiense donde emprendedores presentan sus proyectos ante inversores. Se destacó por hablar sin demasiadas vueltas, cuestionar números débiles y rechazar ideas que consideraba poco rentables.
Ese perfil se volvió todavía más conocido con “Shark Tank”, la versión estadounidense del mismo formato. Allí se convirtió en uno de los inversores originales del programa y consolidó el apodo “Mr. Wonderful”, usado para remarcar el contraste entre su imagen pública y la dureza con la que trataba a muchos participantes.
En el programa se hizo famoso por pedir números claros, preguntar cuánto vendía cada emprendimiento y cortar rápido cuando una idea no le cerraba. También empezó a usar con frecuencia acuerdos con regalías, préstamos o condiciones que le permitieran recuperar su dinero antes de asumir más riesgo.
La televisión lo convirtió en una marca. O'Leary empezó a ganar dinero con conferencias, libros, apariciones en programas económicos y acuerdos comerciales ligados a su imagen. Su figura dejó de depender únicamente de lo que había hecho con SoftKey o The Learning Company.
Esa exposición también lo dejó más expuesto a críticas. En 2017 intentó competir por el liderazgo del Partido Conservador de Canadá, aunque se retiró de la carrera. Años después recibió cuestionamientos por promocionar FTX, la plataforma cripto que colapsó en 2022, luego de haber cobrado u$s15 millones por ese acuerdo.
El patrimonio actual de Kevin O'Leary
El patrimonio actual de Kevin O'Leary está estimado en u$s150 millones. Su fortuna también se apoya en una estructura de negocios montada alrededor de su apellido, con productos financieros, conferencias pagas y contratos comerciales asociados a su imagen pública.
También publicó libros enfocados en dinero, empresas y decisiones familiares. Entre ellos aparecen “Cold Hard Truth: On Business, Money & Life”, “Cold Hard Truth on Men, Women & Money” y “Cold Hard Truth on Family, Kids & Money”. Esos títulos reforzaron su personaje de empresario frontal y le abrieron otro camino dentro del negocio editorial.
Su marca se extendió además al rubro de los vinos. O'Leary Wines quedó vinculada a su imagen pública y a la participación de su esposa Linda, quien figura como vicepresidenta de marketing. No es el centro de su fortuna, pero funciona como una muestra de cómo convirtió su apellido en una etiqueta comercial.
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