Conflicto de vocaciones
Con el paso de los años empezó a percibir que su vocación cultural no alcanzaba para resolver todas sus inquietudes. “Sentía que necesitaba construir cosas concretas, ayudar a organizaciones y participar en proyectos que transformaran realidades”, señala.
Fue entonces cuando comenzó a trabajar para consultoras y a brindar conferencias, al mismo tiempo que colaboraba con Colombo y Abbatemarco en una pequeña cooperativa de programadores.
Su función no consistía en escribir código. “Hacía todo lo que no fuera técnico: era contador, abogado y lo que hiciera falta”, suele bromear. En realidad, cumplía el rol de articulador, organizador y comunicador, una capacidad que terminaría convirtiéndose en uno de los mayores activos del equipo.
La cooperativa empezó a crecer casi sin proponérselo. Cada nuevo proyecto traía consigo la necesidad de incorporar más profesionales y responder a desafíos tecnológicos cada vez más complejos.
Ese crecimiento llamó la atención de un emprendedor estadounidense que decidió asociarse con ellos para crear una nueva compañía: Six Nines, un nombre inspirado en el estándar de disponibilidad del 99,9999%, símbolo de máxima confiabilidad en sistemas tecnológicos.
“Nunca pensamos en construir una empresa enorme; simplemente queríamos hacer bien nuestro trabajo”, recuerda Azziani. Pero el mercado tenía otros planes.
La firma llegó a reunir alrededor de 40 empleados y terminó siendo adquirida por Nextira, operación que dejó a los tres socios argentinos ocupando posiciones directivas. Con sede en Texas y clientes internacionales, comenzaron a trabajar para algunas de las compañías tecnológicas más influyentes del planeta, entre ellas Meta y Epic Games, creadora del fenómeno mundial Fortnite.
Ese salto les abrió puertas inesperadas. “De golpe estábamos sentados en reuniones con personas a las que habíamos leído durante años y que eran referentes de Silicon Valley”, relata. Más que una cuestión de prestigio, aquella experiencia les permitió aprender metodologías de trabajo, procesos de innovación y formas de pensar los negocios que luego aplicarían en sus propios proyectos.
El éxito también puede ser frágil
En mayo de 2023, Nextira fue adquirida por Accenture y la operación alteró por completo el rumbo de la organización. La integración se resolvió rápidamente y dejó sin margen para diseñar una estrategia de continuidad para el equipo que habían construido.
“Nos encontramos teniendo que bajar las persianas casi de un día para el otro”, recuerda Azziani. La decisión implicó indemnizar a los empleados y aceptar que una etapa llegaba a su fin.
Para muchos emprendedores, ese momento habría significado el cierre definitivo. Ellos eligieron otra alternativa.
Antes de definir el siguiente paso, los tres socios emprendieron un viaje de un mes por Estados Unidos. Recorrieron ciudades como Miami, San Francisco, Austin y Nueva York reencontrándose con clientes, colegas y contactos construidos durante años de trabajo internacional.
“La primera pregunta no fue qué empresa íbamos a crear, sino si queríamos seguir trabajando juntos”, explica Azziani. La respuesta apareció casi naturalmente durante ese recorrido: sí, querían volver a empezar.
De la caída al renacimiento
De esa convicción nació Renaiss, un nombre que remite deliberadamente al concepto de renacimiento. “Queríamos que el propio nombre contara nuestra historia”, afirma.
El nuevo proyecto aprovechó la experiencia acumulada en arquitectura cloud, modernización de aplicaciones y desarrollo de software empresarial, pero decidió especializarse además en un campo que comenzaba a transformar todas las industrias: los datos y la inteligencia artificial.
La apuesta, sin embargo, tomó distancia de la moda pasajera que rodea a muchas iniciativas vinculadas con IA. “Nos definimos como expertos en no vender”, suele decir Azziani con una sonrisa.
La frase encierra una filosofía comercial poco habitual. En lugar de ofrecer inteligencia artificial como solución universal, el equipo primero estudia cómo circula la información dentro de cada organización y cuáles son sus verdaderas necesidades.
“Muchas veces una empresa me llama porque cree que necesita una aplicación nueva y descubro que el problema está en otro lado”, explica. Solo después de comprender el flujo de datos evalúan si la IA realmente agrega valor o si existen alternativas más adecuadas.
Ese enfoque terminó diferenciándolos en un mercado saturado de promesas grandilocuentes. La compañía desarrolla soluciones que automatizan clasificación documental, analizan grandes volúmenes de texto, implementan asistentes conversacionales, construyen sistemas de recomendación personalizados y optimizan procesos empresariales mediante modelos inteligentes.
La etapa del crecimiento acelerado
En poco más de dos años, Renaiss conformó un equipo de más de 60 profesionales y una red ampliada que alcanza aproximadamente 150 colaboradores entre personal directo e indirecto. Su cartera incluye proyectos para organizaciones como Meta, Globant, Mercado Argentino de Valores y clientes internacionales de Estados Unidos y Alemania, consolidándose además como especialista en arquitectura cloud sobre plataformas líderes del mercado y modernización tecnológica. La empresa también mantiene una unidad dedicada a proveer talento especializado para proyectos específicos de otras compañías.
Para Azziani, sin embargo, el emprendimiento nunca desplazó sus otras pasiones. “Sigo escribiendo poesía porque necesito hacerlo”, dice.
Publicó varios libros y continúa asistiendo a talleres literarios convencido de que la escritura representa una forma distinta de pensar el mundo.
También mantiene una intensa actividad como divulgador tecnológico. Ofrece conferencias, participa en charlas TED, colabora en espacios radiales explicando conceptos de inteligencia artificial para el público general y disfruta especialmente de traducir cuestiones altamente técnicas a un lenguaje comprensible.
“Explicar tecnología es casi un ejercicio poético: se trata de encontrar las palabras justas para contar algo complejo de una manera simple”, sostiene.
Su vida cotidiana suma además otro desafío inesperado: el deporte. Corre triatlones y encuentra en los entrenamientos una disciplina que conecta con la paciencia aprendida durante años frente al tablero de ajedrez y los problemas matemáticos.
Quienes lo conocen describen una personalidad difícil de reducir a una sola etiqueta. Emprendedor, matemático, poeta, docente, divulgador, ajedrecista, conferencista y ejecutivo tecnológico conviven en una misma persona sin competir entre sí.
Quizá por eso nunca sintió que hubiera abandonado su antiguo sueño de trabajar por la cultura.
“Entendí que la cultura también puede construirse desde una empresa, desde la educación tecnológica o desde una conversación sobre inteligencia artificial que ayude a alguien a comprender mejor el mundo”, reflexiona.
Un camino lleno de casualidades
Mirando hacia atrás, el camino de Roda parece lleno de casualidades: conocer a dos compañeros en la universidad, aceptar colaborar con una cooperativa, cruzarse con un socio estadounidense, trabajar para gigantes globales, enfrentar un cierre abrupto y decidir empezar otra vez.
Pero para él existe un hilo conductor mucho más simple. “Las mejores oportunidades aparecieron cuando priorizamos construir relaciones antes que perseguir negocios”, asegura.
El joven que alguna vez imaginó un despacho en el Ministerio de Cultura terminó encontrando su escenario en una empresa de software que desarrolla soluciones con inteligencia artificial para organizaciones globales. Sin embargo, asegura que todavía conserva la mirada del poeta.
“Renacer no significa volver al punto de partida. Significa empezar otra vez, pero llevando con uno todo lo aprendido”, resume.