Los costos del transporte automotor de cargas registraron una marcada desaceleración durante junio. Sin embargo, esto no alcanzó para modificar el escenario complicado que atraviesa el sector.
Los costos crecieron 22,2% en el primer semestre. Y el combustible subió 34%. En paralelo, cayó la demanda de la industria y el comercio. Y la falta de inversión en vialidad genera otros sobrecostos.
El 80% de la producción nacional se mueve a través del transporte automotor de cargas, según datos de FADEEAC.
Los costos del transporte automotor de cargas registraron una marcada desaceleración durante junio. Sin embargo, esto no alcanzó para modificar el escenario complicado que atraviesa el sector.
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El Índice de Costos del Transporte (ICT) -elaborado por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC)- registró el mes pasado el menor aumento mensual de 2026, con un incremento de 1,81%.
Pero las empresas advierten que continúan enfrentando una combinación de factores que deterioran su rentabilidad: el fuerte incremento acumulado del combustible, la persistente suba de otros costos operativos, el deterioro de la infraestructura vial y una demanda debilitada y desigual, como consecuencia del menor nivel de actividad en sectores clave de la economía.
El alivio que representó la moderación de los costos durante junio llega después de un primer semestre particularmente exigente para el transporte. Entre enero y junio, el índice acumuló un incremento de 22,2%, muy por encima del 14% registrado durante el mismo período del año pasado.
En términos interanuales, la variación alcanza el 47%, reflejando que, pese a la desaceleración de los últimos meses, la presión sobre la estructura de costos continúa siendo elevada.
El principal elemento que explica la menor variación de junio fue el comportamiento del combustible, el componente de mayor incidencia dentro de los costos del transporte.
Durante el mes pasado, el rubro registró un incremento de apenas 0,55%, el más bajo del año. Pero esto no tuvo que ver con un descenso real de los precios. En realidad, fue consecuencia de la continuidad del denominado esquema de "buffer", el mecanismo mediante el cual el Gobierno mantiene congelado el precio de referencia de los combustibles y posterga parcialmente la actualización de los impuestos específicos que gravan al gasoil.
Sin embargo, ese alivio mensual no modifica el fuerte impacto que había provocado el incremento aplicado en marzo. Como resultado de aquella actualización, el gasoil acumula una suba del 34% en lo que va de 2026, una cifra que continúa condicionando los costos de operación de las empresas transportistas.
La política oficial de diferir la actualización plena de los impuestos a los combustibles, implementada desde mayo de 2024, volvió a extenderse mediante los decretos 405/26 y 562/26, evitando un traslado inmediato de mayores aumentos al surtidor.
No obstante, dentro del sector existe consenso en que esas actualizaciones pendientes continúan representando una presión latente para los próximos meses.
Aunque el combustible explica buena parte de la evolución del índice, no es el único factor que continúa impulsando los costos. Durante junio prácticamente todos los componentes que integran el ICT registraron aumentos.
El rubro Personal avanzó 2,61%, como consecuencia de la entrada en vigencia de una nueva etapa de la actualización salarial prevista en el Convenio Colectivo de Trabajo 40/89, que contempla incrementos mensuales entre marzo y agosto de este año junto con el pago de asignaciones no remunerativas.
Las mejoras salariales también impactaron sobre otros componentes vinculados directamente con la operación diaria. Reparaciones aumentó 3,02%, mientras que Gastos Generales registró una suba de 2,06%.
En el caso de las reparaciones, FADEEAC advirtió que el incremento no responde únicamente al costo de mano de obra y repuestos.
También influye el deterioro creciente de la infraestructura vial, que obliga a mayores tareas de mantenimiento sobre las unidades. Para una actividad cuya eficiencia depende directamente del estado de rutas y caminos, la falta de inversiones en la red vial se convirtió en un factor adicional de incremento de costos.
Otros rubros relevantes también mostraron variaciones superiores al promedio general. Los Peajes aumentaron 3,09%, los Neumáticos subieron 2,96%, el Material Rodante avanzó 1,69%, mientras que los Lubricantes registraron un incremento de 4%, el mayor entre los componentes del índice durante junio.
Los Seguros aumentaron 1%, el Costo Financiero avanzó 1,76%, mientras que Patentes y Tasas permanecieron sin cambios debido a que sus actualizaciones tienen carácter anual.
El índice elaborado por el Departamento de Estudios Económicos y Costos de FADEEAC, que además es auditado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, constituye uno de los principales indicadores utilizados por las empresas para negociar y actualizar tarifas dentro del mercado de transporte automotor de cargas.
Pero el problema, según las quejas de las empresas, no pasa exclusivamente por el aumento de los costos. El otro gran desafío proviene del nivel de actividad.
El movimiento de cargas continúa mostrando un comportamiento muy heterogéneo según el sector económico. Las cadenas vinculadas al agro, la energía y la minería mantienen un nivel de demanda relativamente sólido, impulsando la necesidad de servicios logísticos en distintas regiones del país.
La expansión de la producción energética, el desarrollo de proyectos mineros y el buen desempeño de algunas economías regionales sostienen parte del volumen transportado.
Sin embargo, ese dinamismo resulta insuficiente para compensar la caída que experimentan otros segmentos de la economía.
Concretamente, las empresas del transporte automotor de cargas se refieren al consumo masivo, que continúa mostrando debilidad. También apuntan a la actividad industrial, que todavía opera por debajo de sus niveles históricos.
Y por último mencionan a la reducción de la inversión en obra pública, que afecta directamente al transporte vinculado con la construcción y la obra de infraestructura.
Esos sectores representan tradicionalmente una parte importante del movimiento de cargas en el mercado interno y su menor actividad repercute de manera inmediata sobre el nivel de utilización de la flota.
El estado de las rutas aparece como una preocupación creciente dentro del sector. El mayor desgaste de las unidades incrementa los costos de mantenimiento, reduce la vida útil de los vehículos y aumenta los tiempos de viaje, afectando tanto la productividad como la seguridad vial.
La situación adquiere especial relevancia considerando que el transporte automotor continúa siendo el principal medio para el movimiento de mercaderías dentro de la Argentina.
Más del 80% de la producción agroindustrial, manufacturera y del comercio depende del camión para conectar centros productivos, puertos, centros logísticos y mercados de consumo, según cifras de la Federación.
En ese contexto, la evolución del índice de costos constituye un indicador seguido de cerca tanto por transportistas como por empresas cargadoras, ya que sirve como referencia para la actualización de contratos y tarifas.
Esto a su vez, tiene impacto posterior sobre los costos de otras actividades que utilizan los servicios del transporte, con una espiralización que finalmente se refleja en los índices de precios, tanto mayoristas como minoristas por su traslado a precios.