14 de marzo 2026 - 00:00

General Water acelera su expansión: nueva planta, exportaciones y un negocio que nació para eliminar el arsénico en el agua

La empresa creada por los primos Pablo y Juan Manuel Martelli ya instaló cerca de un millón de purificadores en el país y avanza con una inversión industrial en Cañuelas para escalar producción y crecer en América Latina.

Pablo y Juan Manuel Martelli, creadores de General Water, la compañía que nació en Carhué investigando cómo eliminar el arsénico del agua y hoy prepara una nueva planta industrial en Cañuelas.

Pablo y Juan Manuel Martelli, creadores de General Water, la compañía que nació en Carhué investigando cómo eliminar el arsénico del agua y hoy prepara una nueva planta industrial en Cañuelas.

La historia de General Water no empezó con un plan de negocios ni con inversores detrás. Empezó con una preocupación doméstica. A mediados de los 2000, en Carhué, un pequeño pueblo del oeste bonaerense, los primos Pablo y Juan Manuel Martelli comenzaron a preguntarse cómo resolver un problema que afectaba a gran parte de la región: el arsénico en el agua.

La inquietud surgió de una experiencia frustrante. “Fuimos a comprar un filtro que supuestamente sacaba arsénico y resultó que era muy caro y no lo eliminaba”, recuerda Pablo Martelli. El episodio terminó convirtiéndose en un desafío personal.

“Mi padre es médico y me dijo que era imposible que ese equipo funcionara. Yo le dije: ‘Voy a enmendar esto y te voy a hacer un filtro que saque el arsénico’”, cuenta.

En ese momento ninguno de los dos tenía experiencia en el rubro. Pablo es abogado y Juan Manuel estaba más vinculado al mundo industrial. Pero la curiosidad técnica, la inquietud científica y cierta obsesión por resolver el problema terminaron marcando el rumbo.

Entre 2005 y 2007 comenzaron a investigar distintas tecnologías hasta desarrollar un sistema capaz de reducir más del 99% del arsénico presente en el agua. El momento en que confirmaron que el desarrollo funcionaba quedó grabado como uno de los hitos fundacionales del proyecto.

“Mandamos las muestras a un laboratorio de Bahía Blanca y nos dijeron que el análisis estaba mal tomado porque no detectaban arsénico”, recuerda Martelli. “Lo repetimos y volvió a dar igual. Ahí entendimos que realmente funcionaba”.

Con ese desarrollo empezaron a fabricar los primeros equipos de manera casi artesanal y a instalarlos en casas de familiares y conocidos. Sin proponérselo, habían dado el primer paso de lo que terminaría convirtiéndose en una empresa tecnológica vinculada al tratamiento de agua.

Con el tiempo, esa inquietud inicial también se transformó en una convicción más profunda. “Resolver una necesidad real y silenciosa que hay en Argentina”, explica Martelli. “El arsénico está presente en gran parte de las napas freáticas del país y mucha gente convive con ese problema durante años sin saberlo”.

De hecho, durante la entrevista el propio emprendedor lo plantea con crudeza: “Es feo decirlo, pero hay mucha gente que muere en silencio por enfermedades asociadas al arsénico y es muy difícil probarlo”.

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De un emprendimiento familiar a una empresa de tecnología

Con el tiempo, aquel desarrollo inicial evolucionó hasta convertirse en General Water Company, una firma que hoy opera con tres líneas de negocio: purificadores para hogares, bajo la marca Hidrolit, soluciones para PyMEs y sistemas de tratamiento de agua para proyectos industriales.

El crecimiento fue gradual y muchas veces impulsado por los propios clientes. “Primero vendíamos purificadores para casas. Después un cliente te decía: ‘Tengo una fábrica, ¿me podés resolver el agua de la planta?’. Así empezamos con pequeñas empresas y después con proyectos más grandes”, explica Pablo Martelli.

Hoy el negocio doméstico sigue siendo el principal motor de la compañía. En Argentina ya hay cerca de un millón de equipos instalados, lo que generó un ecosistema de usuarios que también demandan mantenimiento y recambio de filtros. Pero el proyecto no se pensó solo como una empresa de purificadores. Los fundadores insisten en que su objetivo es más amplio: cambiar la forma en que se consume agua.

“Nosotros creemos que el paradigma del agua envasada tiene fecha de vencimiento”, afirma Martelli. “La idea es que cada familia pueda fabricar su propia agua en casa, de forma segura y a un costo mucho menor”.

Ese enfoque también tiene un fuerte componente ambiental. General Water obtuvo la certificación internacional como Empresa B, un estándar que reconoce a las compañías que combinan rentabilidad con impacto social y ambiental.

“Siempre fuimos una Empresa B antes de saber que existía el concepto”, señala Juan Manuel Martelli. “Nuestro objetivo era resolver un problema real de salud, pero también reducir el uso de plástico de un solo uso”.

En esa línea desarrollaron además una línea de botellas reutilizables de acero inoxidable para transportar agua filtrada y evitar el consumo de agua embotellada. “La gente baja al supermercado y compra bidones, pero si lo mirás a escala el impacto ambiental es enorme: transporte, plástico, energía”, explica Pablo Martelli. “Nosotros queremos que el agua se produzca en cada casa”.

Durante la entrevista también aparece un interrogante central: por qué un problema que afecta a amplias zonas del país tiene tan poca visibilidad pública. Martelli sostiene que en muchos casos la explicación está en la estructura del servicio de agua en el interior. “En muchas localidades depende de cooperativas pequeñas y remover el arsénico requiere inversiones importantes. Muchas veces no es mala voluntad, sino falta de recursos o de conocimiento técnico. Sacar el arsénico es costoso y la curva de aprendizaje no es simple”.

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Nueva planta, exportaciones y una empresa que sigue creciendo

Después de casi dos décadas de desarrollo, la compañía se prepara ahora para dar un salto industrial con la construcción de una nueva planta en Cañuelas, que demandará una inversión cercana a u$s3,5 millones. El proyecto contempla un predio de 5.000 metros cuadrados y alrededor de 3.600 metros cubiertos entre áreas productivas, oficinas y depósitos. La fábrica incorporará maquinaria mecatrónica e inyectoras plásticas para producir localmente componentes que hoy todavía se importan.

“La idea es avanzar hacia un producto cada vez más nacional y poder escalar el negocio”, explica Pablo Martelli. “Hoy ya tenemos muchísima integración local, pero el objetivo es que sea prácticamente 100% industria argentina”.

La empresa cuenta actualmente con unos 50 empleados y viene creciendo a un ritmo de entre 25% y 30% anual, lo que obligó a ampliar equipos en distintas áreas. “El crecimiento es tan fuerte que, incluso optimizando procesos con tecnología, tenemos que seguir incorporando gente”, señala. Uno de los desafíos más grandes para la expansión, admiten, es encontrar talento.

“Lo más difícil muchas veces es el recruiting”, dice Juan Manuel Martelli. “Encontrar a la persona indicada para cada rol es casi un acto artístico”.

En paralelo, el grupo avanza con una estrategia de expansión internacional. Paraguay, Uruguay, Chile y Perú aparecen como mercados naturales para la tecnología desarrollada en Argentina, mientras que también analizan desembarcar en mercados más grandes como Brasil, Estados Unidos y Europa.

“La idea es crecer en toda América Latina”, explica Juan Manuel. “Estamos armando una estructura para poder trabajar en simultáneo en distintos países y con un producto 100% argentino ”.

Uno de los puntos que los fundadores remarcan es la ventaja tecnológica frente a la competencia. La compañía utiliza una media filtrante patentada desarrollada por una empresa alemana, de la cual tienen exclusividad. “Es la mejor media filtrante del mundo para eliminar arsénico”, explica Pablo Martelli. “En ciencias duras como la física y la química, la performance que tiene esa media filtrante está siempre por encima de la competencia”.

Ese desarrollo tecnológico fue clave para consolidar el posicionamiento de la empresa en el mercado. El crecimiento también empezó a despertar el interés de inversores. De hecho, la empresa atravesó procesos de due diligence con fondos de inversión que valuaron la compañía en torno a u$s100 millones.

Sin embargo, los fundadores aseguran que no están desesperados por vender. “No perseguimos el dinero por el dinero mismo”, dice Pablo Martelli. “Lo máximo que estaríamos dispuestos a ceder es el 49% de la empresa”. La prioridad sigue siendo otra: seguir construyendo una compañía tecnológica desde Argentina.

La historia de General Water también está atravesada por una fuerte dosis de convicción personal. Los propios fundadores reconocen que hubo momentos críticos en el camino, especialmente durante los primeros años.

“Nos llevó casi nueve años consolidar la empresa”, recuerda Pablo Martelli. “Pero siempre sentimos que lo que estábamos haciendo tenía sentido”. Esa convicción sigue siendo el motor del proyecto. “A veces en mi familia me preguntan cuándo voy a trabajar menos y empezar a disfrutar la vida”, cuenta el emprendedor. “La verdad es que nosotros empezamos a disfrutar hace 18 años, cuando arrancamos con esto”. Y agrega una frase que resume el espíritu con el que los primos construyeron la compañía: “Para nosotros esto no es solo un negocio. Es una pasión”.

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