Durante años, Greg Brockman tuvo un perfil mucho más bajo que otros nombres que influyeron en el boom de la inteligencia artificial. Mientras Sam Altman se convertía en la cara visible del negocio, él seguía enfocado en la infraestructura y el desarrollo de los sistemas detrás de ChatGPT.
Pero su lugar y perfil cambiaron durante 2026. El crecimiento de la compañía disparó el valor de su participación y le permitió entrar por primera vez al ranking de las 400 mayores fortunas de Estados Unidos, con un patrimonio muy superior a la de su propio jefe.
Su recorrido profesional empezó mucho antes del crecimiento de OpenAI.
Gentileza - Minh Connors
Más rico que Sam Altman: la millonaria fortuna de Greg Brockman
Forbes estima que Brockman tiene un patrimonio de u$s25.500 millones, lo que lo convirtió en el nuevo integrante más rico del Forbes 400 de este año. La cifra lo ubicó en el puesto 45 entre las personas más acaudaladas de Estados Unidos, apenas por debajo del cofundador de Nike Phil Knight y por encima de Rupert Murdoch.
Al compararlo con Sam Altman, se nota una diferencia importante. El CEO no tiene participación accionaria directa en OpenAI y Forbes calcula su patrimonio en u$s3.300 millones, por lo que quedó muy lejos de ingresar al listado de las 400 principales fortunas estadounidenses.
Brockman también supera ampliamente a otro de los cofundadores, Ilya Sutskever, quien declaró tener una participación valuada en unos u$s7.000 millones. Su camino dentro del rubro comenzó lejos de Silicon Valley. Creció en Thompson, Dakota del Norte y desde chico mostró interés por las matemáticas y las ciencias.
Después de dejar Harvard durante su primer año, pasó brevemente por el MIT y volvió a abandonar los estudios para convertirse en el cuarto empleado de una pequeña startup de pagos. Esa compañía terminó siendo Stripe, donde Brockman fue el director de tecnología y todavía conserva una participación valuada en u$s471 millones.
La participación que conserva en la empresa cambió su patrimonio.
Gentileza - GregBrockman.com
Cómo una participación clave en OpenAI superó los $25.000 millones de dólares
Brockman dejó Stripe en 2015 y fue uno de los fundadores de OpenAI. En los primeros años llegó a trabajar desde el living de su departamento en Mission District, San Francisco. Durante casi diez años mantuvo un perfil mucho menos público que Altman, mientras participaba de la construcción de la infraestructura que después sostendría el crecimiento de ChatGPT.
En cuanto a acciones, Forbes estima que Brockman controla algo menos del 3% de OpenAI. Durante un juicio de este año, él mismo declaró que su participación valía más de u$s20.000 millones y estaba más cerca de los u$s30.000 millones.
El salto coincidió con un fuerte crecimiento de la empresa. En los últimos 12 meses, tanto su valuación como sus ingresos se triplicaron, de hecho, Forbes ubica actualmente a OpenAI en unos u$s852.000 millones, con ingresos cercanos a u$s40.000 millones.
Además de esa participación y de las acciones de Stripe, Brockman declaró inversiones mucho más pequeñas en empresas como Cerebras, CoreWeave y Helion. En conjunto, esas posiciones serían inferiores a u$s5 millones. Dentro de OpenAI es uno de los pocos fundadores originales que continúa en la empresa y actualmente tiene a su cargo tanto la infraestructura informática como el negocio de productos.
Su nombre ganó protagonismo en medio del boom de la inteligencia artificial.
Gentileza - Bloomberg
De la disputa legal con Elon Musk al ranking de los más ricos de EE. UU
Parte de la información que permitió conocer el patrimonio de Brockman salió a la luz durante la disputa judicial entre Elon Musk y OpenAI. En agosto de 2017, cuando la organización todavía funcionaba como una entidad sin fines de lucro, Brockman escribió en su diario privado una pregunta sobre qué podía llevarlo personalmente a alcanzar los u$s1.000 millones.
Años después, esas anotaciones terminaron como una de las pruebas presentadas por los abogados de Musk en su demanda contra OpenAI y sus directivos. Brockman sostuvo ante el tribunal que aquella reflexión estaba relacionada con el deseo de que todo el trabajo, el esfuerzo y los años dedicados al proyecto tuvieran algún valor económico.
La disputa también permitió conocer el tamaño de su participación en la empresa, pero en mayo de 2026, el jurado rechazó la demanda de Musk al considerar que había esperado demasiado tiempo para iniciarla. El crecimiento que llegó después terminó superando ampliamente aquella pregunta escrita nueve años antes.
Brockman no solamente alcanzó el objetivo de convertirse en multimillonario, sino que su patrimonio estimado de u$s25.500 millones le permitió debutar directamente como el nuevo integrante más rico del Forbes 400 de 2026.