Opiniones

No es equilibrio, es empate

El clarísimo mensaje económico del electorado entre las PASO y la general. Nuevas y viejas argentinadas que genera el miedo a soltar el dólar.

Equilibrio significa búsqueda de consensos, acuerdos y, en última instancia, un proyecto que -aunque se demore en ser elaborado porque no puede ser impuesto por uno de los bandos- sea avalado por una mayoría más amplia.

Empate no es eso. Empate es primero que nada detener el plan del otro, palos en la rueda, colgarse del arco, evitar cualquier costo político no importa cuán loable sea su razón. Empate es el aquí y el ahora, resolver la cosa inmediata y hacer los negocios con activos del Estado rápido, antes que -otra vez- todo vuele por el aire. La táctica de la pequeña política, no la estrategia de país.

No es cierto que al gobierno entrante se le votan las leyes que pide. ¿O acaso Raúl Alfonsín logró la ley de democracia sindical? ¿O Mauricio Macri la de reforma laboral? Se votan algunas leyes al principio y que no son el núcleo del plan del gobierno de turno para no ser acusado de obstruccionista, el mínimo posible para ese fin. Después casi nada, a menos que se esté dispuesto a profundizar el déficit para contentar a algún grupo de presión -como los gobernadores- lo que justamente contradice uno de los fines últimos de las reformas: cerrar la brecha fiscal.

El mensaje entre las PASO y la general es alto y claro: para mejorar en una elección y calmar a Comodoro Py hay que quemar los dólares del Estado. En este caso, 22.000 millones de dólares. El cepo de 2011 se demoró, desde la elección, cinco días en implementarse, el cepo de 2019 cinco horas. Las medidas electorales e insostenibles de congelamiento de precios por dos meses funcionaron perfectamente. Nuestro cortoplacismo se vuelve cada vez más corto.

El gobierno de Mauricio Macri se despide por haber contradicho una regla de manual: el mal se hace al principio, rápido y todo junto. Maquiavelo uno. Y si no les gustaba Nicolás Maquiavelo, podrían haber escuchado a un buen politólogo de sus propias filas: “el password para gobernar la Argentina es ´Crisis´” afirma siempre Luis Tonelli. No quisieron causar la crisis en diciembre 2015, se dio el gusto JP Morgan de detonarla en abril 2018. Las excusas para no haberlo hecho son del estilo “pero así Macri no iba a durar nada en el gobierno”. Es interesante este punto porque demuestra lo poco que esperamos de nuestros dirigentes. Quién no está dispuesto a correr grandes riesgos es mejor se quede en el country, no que aspire a Balcarce 50. En 1989, ni bien ganó, a Carlos Menem se le preguntó sobre le legado de Raúl Alfonsín, el periodista esperaba una fuerte crítica, pero el presidente electo se limitó a decir: “el país tendrá una gran deuda con el presidente Alfonsín, pero le faltó audacia”.

Ahora elegimos a los audaces, los peronistas

La primera víctima del empate argentino es el futuro. Todo proyecto en nuestro país -sea aperturista o industrialista- toma una forma irreconocible. La idea central de los diez mandamientos liberales del Consenso de Washington era evitar nuevas crisis de deuda. Específicamente mencionaba no caer en sobrevaluaciones de la moneda. Tanto los economistas liberales del CEMA con el PJ como los de la Universidad di Tella con el no-PJ optaron por el camino de tomar deuda y dólar barato ¿Por qué? Había que resolver el aquí y el ahora. El aquí y ahora más importante es la reelección -y se tira la casa por la ventana para lograrlo-, pero de no ser posible, será evitar Comodoro Py convirtiéndose en el jefe de la oposición (siempre es complejo que quien ocupa ese lugar termine en una celda).

Los proyectos industrialistas son claros: dólar recontra alto. Así se verbaliza -con mucha densidad intelectual y profesional- hasta que llega el año electoral ¿Y qué pasa en el año electoral? Se revalúa la moneda para ganar. Este proceder viene desde el plan austral en 1985. Y si no se revalúa la moneda lo que sucede es simple: se pierde la elección.

El desafío a reglas básicas hace que aparezcan planes extravagantes en el ministerio de Economía. Donde más vemos este espectáculo es en los proyectos para que los dólares que se fueron vuelvan. Del estilo de los CEDINES o el blanqueo.

La historia muestra que los dólares vuelven después de una gran licuación y con oportunidades de negocios -que también son generadas por la misma licuación-: 1990-93 con las privatizaciones, 2003-2007 pos megadevaluación y boom de los commodities. Toda otra medida va al museo de la argentinadas.

La última experiencia de liberación total del dólar en 2002 (que aconteció porque no había alternativa) mostró que este no llega a su precio máximo rápidamente, en ese año demoró seis meses para pasar de $1 hasta su techo en $4,40 entre mayo y junio. Después comenzó a bajar lentamente hasta $2,90. Pero esos cinco meses de devaluación fueron Argentitanic, de enorme destrucción: se dispararon la pobreza e indigencia y se detonó una ola de inseguridad con miles de secuestros express. Por eso hoy no se quiere hacer. El problema es creer que es evitable.

Cuando Marcelo Diamand insistió en el desdoblamiento cambiario hace cuarenta años, lo hizo en un mundo donde era más difícil eludirlo -sólo había que controlar los fraudes con el comercio exterior-, hoy –internet, turismo, tarjetas de crédito y Amazon mediante- no lo es. Ese desdoblamiento hoy debería significar un sistema más sofisticado de penalización mediante impuestos y burocracia al acceso a la moneda extranjera, no esperar que los exportadores liquiden alegremente -o no alegremente- al cambio oficial.

Como lo explicó el sociólogo Juan Carlos Portantiero, el empate no significa que estamos siempre en el mismo lugar, sino que su no resolución nos empuja un escalón más abajo cada vez.

Por eso, en Argentina casi todo gobierno anterior puede afirmar sin equivocarse que durante su gestión se vivía mejor.

Así veremos al ex presidente Mauricio Macri rodeado de micrófonos en las escalinatas de Comodoro Py diciendo “durante mis cuatro años de gestión la inflación mensual nunca superó un dígito”. Oh, los buenos tiempos.

(*) Analista político

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