26 de febrero 2007 - 00:00

Alivio en mercados: acierto de Bernanke con rumbo de EE.UU.

Ben Bernanke
Ben Bernanke
Una semana después que Ben Bernanke -el titular de la Fed- aseguró ante el Congreso de los EE.UU. que la inflación minorista -en su tendencia central- experimentaba una promisoria moderación, la difusión de los números de enero pareció jugarle una mala pasada. Un aumento no previsto de 0,3% en la inflación sin energía -liderado por un salto de 0,8% en los gastos de salud- luce, a priori, como un contraejemplo flagrante. Súmese la brusca resurrección operada en los precios internacionales del crudo -un brinco de 10 dólares desde los fugaces mínimos de enero-, cuyos efectos (entre otros, un encarecimiento promedio de 8% de la nafta en lo que va del mes) serán escrupulosamente contabilizados en los registros de febrero y, a primera vista, el panorama no aclara, sino oscurece.

¿Se verá forzada la Fed, entonces, a revisar su posición? ¿Ha quedado desactualizado el mensaje balsámico de Bernanke, dos semanas después de su visita al Congreso? La respuesta es un no rotundo.

Punto uno: la inflación de enero no contradice la «modesta mejoría» que apuntó Bernanke y sí confirma la continuidad de un lento progreso.

Punto dos: la suba del petróleo revierte sólo en forma parcial (al menos, hasta el momento) la sustancial reducción de precios operada en el último tramo de 2006. El consumidor pagaba valores ligeramente más altos que los actuales cuando cargaba nafta en el surtidor en diciembre. Sirve recordar, además, que el galón que hoy cuesta 2,30 dólares supo rebasar los 3 dólares en agosto de 2006.

  • Conocimiento

  • Por último, aunque su impacto recién se reflejará en la próxima lectura de los índices, Bernanke estaba en pleno conocimiento del alza cuando se dirigió a los legisladores de ambas cámaras. Más aún, situándose en las antípodas de cantar victoria, el Comité de Política Monetaria ya había ratificado en su reunión del 30 y el 31 de enero que, más allá de la mejoría observada, la tendencia declinante de la inflación estaba lejos de haber quedado definitivamente instalada. La abrupta reverberación de las cotizaciones en febrero no hace sino confirmar ese aserto.

    ¿Cómo es posible reconciliar un salto de 0,3% en la inflación sin energía con la idea de que la mejoría no se interrumpió en enero? Un argumento válido sería citar que, en rigor, el aumento fue menor que lo anunciado (0,256%), y la diferencia es atribuible al mero redondeo.

    Alternativamente, si se toma el promedio de los últimos tres meses (anualizado) y se coteja con el promedio del último año, se advierte una menor velocidad de ascenso en los precios: 2% versus 2,7%. Si en vez de segregar discrecionalmente energía y alimentos se utiliza como referencia aquel valor central que segmenta la canasta minorista en dos partes iguales, se observa que en los últimos doce meses, la mitad de los componentes acusa aumentos de 3,6% (o más) mientras en el último trimestre el umbral que divide las aguas se reduce a 3% (y en enero no alcanzó a 2,5%).

    O sea, distintos procedimientos de análisis confirman una conclusión ya conocida -la inercia alcista que rigió hasta el tercer trimestre de 2006 ha dado paso a una dinámica de paulatina descompresión- que no se altera aun incorporando los controvertidos datos de enero.

    El perfil de esta descompresión refleja, en última instancia, el carácter dual que caracteriza la marcha actual de la actividad en los EE.UU. Y subraya dos realidades superpuestas: la naturaleza flexible (tanto al alza como a la baja) de los precios nominales y el importante cambio de precios relativos que opera en la trastienda.

    Como ya se apuntó en una columna anterior (el 11 de diciembre pasado), mientras la economía que produce bienes tangibles atraviesa serias dificultades, la esfera de los servicios se expande boyante. La economía de los bienes soporta una recesión inmobiliaria y una reconversión automotriz. La producción industrial en su conjunto denota un estancamiento en los últimos seis meses y, de hecho, su nivel en enero resultó inferior al de agosto último. La economía que produce bienes destruye empleos netos y no produce inflación.

    Los artículos que aporta a la canasta minorista, en los últimos tres meses, apenas han subido 1% (anualizado). Si se deja la energía a un lado, han caído de precio a un ritmo de 1,4% anual.

    Los servicios son otra historia. En enero, 60% del aumento del índice es atribuible al encarecimiento en salud. En los últimos tres meses, la inflación de los servicios (anualizada) se aceleró a 4% (aunque aquellos no vinculados con la energía participan de la tónica general y suavizaron, aunque menos que la media, su ritmo de avance).

  • Visión

    Una economía en fase de moderación -en la que la dicotomía anterior se resuelve con una merma de pujanza para el conjunto- es parte integral de la visión de la Fed. Y en ese sentido, la información macro recolectada a partir de fines de enero (de fuentes diversas: producción industrial, encuestas regionales, ventas minoristas, solicitudes de subsidios de desempleo, nuevas viviendas en construcción) ajustó la sintonía en línea con la proyección de un crecimiento, desplegándose a un paso de entre 2,5% y 3% a lo largo de 2007. Esta semana, la revisión a la baja de las cifras del PBI del cuarto trimestre de 2006 ya anticipará esa dirección.

    Queda, sin embargo, intacta, la amenaza de una nueva escalada del petróleo. De hecho, la sensibilidad de la Fed ha vuelto a erizarse en tándem con la suba reciente. Si bien Bernanke no ha dicho «esta boca es mía», obra ya un listado generoso de directivos de la institución ( presidentes distritales como Plosser, Pianalto y Fisher o el gobernador Poole) que, tras un largo paréntesis, volvieron a mentar el sogazo de un ajuste de tasas. Bastará agregar unos dólares más a la cotización del barril como para que esas voces sueltas se transformen en un coro dominante. Y si bien la política monetaria puede resultar impotente para contener el frenesí de un ítem en particular, es un andamiaje más que eficaz para sujetar el gasto y mantener a raya la inflación general.


  • Aun así, también el mercado global de la energía denota un cambio sustancial. Muy favorable. La suba reciente del petróleo ya no refleja el pulso de una demanda desbordante, sino un fuerte recorte en la producción. No es, por cierto, el resultado de los bríos de China y de la globalización rampante. Más bien obedece a los afanes de la OPEP por cerrar con rapidez las llaves de paso. El celo táctico de la OPEP ha quitado un millón de barriles diarios al volumen de sus despachos, cuando se lo compara con los niveles de agosto.

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