Primavera, amor y pandemia: vuelven los rituales de seducción

Opiniones

Muchas prácticas sociales volvieron a ser refundadas. La COVID-19 reforzará las desconfianzas y temores, pero no podrá eliminar la insistencia del deseo.

La pandemia en la actual ola de COVID-19 nos desafía en un momento emocional difícil para enfrentarla, en que este factor, el emocional, se encuentra particularmente afectado por más de un año y medio de cambios abruptos en nuestra vida cotidiana, en nuestros modos de vida, aquí y en el mundo.

Los amores y los nuevos encuentros amorosos no dejan de quedar impactados por esta situación global que va teniendo a lo largo de casi un año y medio fuertes impactos en todas las relaciones humanas, el lazo social y el amor. No sólo es nuestro sistema inmunológico quien intenta defendernos de los virus sino que también está en juego nuestro aparato psíquico, con su protección anti-estímulos, como capa protectora a una invasión irrefrenable de informaciones, situaciones de la realidad y de la confrontación con la realidad restrictiva, así como los riesgos del contacto con los otros.

En las diversas expresiones de los rituales de seducción, rituales amorosos, se pone en juego la aproximación a partir de la atracción con el otro, en que se juegan puntos de parecidos y de diferencias. En medio del clima de peligrosidad respecto de lo que puede provenir de los otros, como elementos de contagios, virus, estornudos, descuidos en el uso del barbijo, y otras restricciones, en el juego amoroso, hay que descubrir, sacar los barbijos, iniciar contactos estrechos y lograr cierto lazo de una ansiada intimidad.

Abrazos Besos pandemia.jpg

Difícil no pensar en aquél tema cantado por Ana Belén “Contamíname”… En el amor se trata del encuentro desprolijo con el otro, el encuentro que supone una entrega a una dimensión del otro que está por conocerse. Y ese aspecto se avizora en nuestro tiempo como un aspecto temible, cuya contaminación podría acercar más a la muerte que al erotismo y la vida. Cada quien contará con sus propios elementos para incrementar las defensas o para bajarlas, para aislarse o ponerse en riesgo y, a la vez, nuevas prácticas que hoy las tecnologías nos ofrecen, permiten acercarnos de un modo diverso y con potencialidades a descubrir. Pasa a ser una nueva complejidad “administrar el contacto con los otros”.

Muchas prácticas sociales volvieron a ser refundadas. En tiempos de COVID-19, con diversidad de restricciones a lo largo de los meses, en el aislamiento social preventivo, ha cambiado el uso del espacio público, tanto como como el privado: desde las reuniones en “burbujas familiares”, hasta los llamados “zoompleaños”, de tiempos más restrictivos, entre otros encuentros sostenidos de manera virtual. Buscar pareja, con todos sus rituales de acercamiento, intercambios previos y aproximaciones diversas, no deja de ser una actividad particularmente afectada. ¿Hará falta un testeo previo al primer beso en breve? Veremos veremos… Las variaciones subjetivas, producen desde encuentros desenfrenados, signados por la negación más absoluta de la realidad actual, hasta el callejón sin salida del aislamiento y lejanía, poniendo en dudas reiteradamente algún posible encuentro.

Zoom

Encontrarse con los otros, nunca ha sido una tarea sencilla. Aún antes de todo virus. El otro es vivido muchas veces como un virus peligroso. La batería de recursos mentales con que cada sujeto cuenta, para enfrentar los propios miedos, las dificultades ante la diferencia, la capacidad para administrar el conflicto y la empatía identificatoria para comprender el sentir de los demás, se ponen en juego con creces en el curioso tiempo que le toca vivir a la humanidad toda.

El incremento de frustraciones ante los proyectos, las expectativas y los deseos, producen efectos varios de cansancio y agotamiento en los sujetos. Este estado va mostrando el reflejo de cierta confusión de nuestro aparato psíquico, que confunde esa monotonía con cansancio, cierto tedio con tristeza, que van remitiendo al anhelo por una vida que ya no tenemos y que ya no disfrutamos.

Todas las expectativas de “conocer gente” -léase buscar pareja- se ven atravesadas hoy por la duda acerca de cuál es el acercamiento posible y de qué modo. El encuentro con el otro implica siempre una doble dimensión, tanto del otro “semejante”, en quien confiar por algunos lazos identificatorios de proximidad y parecidos, como el “prójimo”, aquél que es potencialmente un enemigo, alguien de quien puede surgir lo repudiado, aquello que más se rechaza.

En ese interjuego constitutivo del ser humano se juegan las bases del amor y el odio, la entrega y la desconfianza en el lazo social, lazo fundante, en que se constituye el sujeto. La COVID-19 reforzará seguramente las desconfianzas y temores, la peligrosidad del prójimo y el riesgo, sin embargo no podrá eliminar la insistencia del deseo y el renovado intento de la pulsión de vida por seguir ligando y demorando esa situación irrepresentable de la propia muerte.

Psicoanalista Titular en Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), miembro de la Federación Psicoanalítica de América Latina y la International Psychoanalytical Association. Profesor e Investigador de la Universidad de Buenos Aires.

Dejá tu comentario