Bernanke ya tomó medidas. ¿Y Europa?
-
Crecer en Argentina no significa cerrar empresas ¿Quién paga el costo de la transición? Cerrar empresas no es sanear la economía
-
Seguridad: las razones por las que la Argentina de Milei podría convertirse en refugio para el capital criminal
Ben Bernanke
En ese marco, en dos semanas, la Fed enfrentará su última reunión del año. Todos los mensajes oficiales se ocupan de desterrar la idea de otro recorte de tasas de interés. Thomas Hoening, presidente de la Fed de Kansas City, ya votó en contra de la iniciativa en el cónclave del 30 y 31 de octubre. Sólo la mitad de los 12 gobernadores de distrito, en tal ocasión, solicitó una disminución en la tasa de descuento en clara señal de un quórum menguante para proseguir con el sendero de relajación. Pero la decisión de ayer revela que la Fed no tiene una opinión escrita en piedra. Si las inyecciones de liquidez extra no bastan para apuntalar una mejoría, a regañadientes, los «fed funds» descenderán otro peldaño.
Más interesante es el debate sordo que, con seguridad, atraviesa al BCE y al Banco de Inglaterra. En Londres, el último encuentro se saldó con una votación 7 a 2 por dejar las cosas como están. Pero Sir John Gieve, el hombre encargado de la estabilidad financiera, dio la nota. Fue uno de los que abogaron por inaugurar el camino de una rebaja. El informe de inflación del Banco de Inglaterra, a su vez, ventiló un escenario futuro caracterizado por dos recortes de tasas en 2008.
En el continente, por su parte, se adivina una pugna que separa posiciones. En forma tácita, la bonanza inmobiliaria es una divisoria de aguas. Los que no la vivieron -como Alemania- encarnan la línea dura. Los que hoy padecen su enfriamiento -como España- están dispuestos a suavizar las posturas.
Jean-Claude Trichet, el titular del BCE, bracea en el medio, haciendo malabares. No tocar nada le ha permitido conservar el equilibrio pero no remontar la cuesta de las penurias bancarias. Y la semana pasada las tribulaciones sacudieron las aguas de los mercados de bonos soberanos. Los diferenciales de tasas de largo plazo se encresparon. Los países endeudados -la vieja periferia mediterránea-asistieron a un salto nervioso de sus rendimientos. Los títulos italianos abrieron una brecha de 40 puntos base con sus pares germanos, mostrando una nueva bifurcación de la crisis de desconfianza.
Dejar que la Fed intervenga, para los fines del BCE y del Banco de Inglaterra, fue un buen sustituto de la propia acción. Pero no alcanzó. Peor aun, aceleró el drástico hundimiento del dólar. Y eso no resulta gratis (mucho menos para el euro que para la libra). Si la depreciación del dólar, como dijo Trichet, ejerce una presión «brutal», entonces habrá llegado la hora de abandonar la estrategia de omisión. A esta altura, en verdad, la respuesta del BCE y del Banco de Inglaterra importa más que una rebaja solitaria de la Fed, arrancada por el tirabuzón de la fuerza mayor y dejando al dólar librado a su suerte y a la intemperie.



