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1 de abril 2008 - 00:00

''Brasil, sin un tipo de cambio artificial, es más productivo''

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Nicolás Magud, docente en EE.UU, pone en duda que la Argentina esté mejor preparada para afrontar una crisis internacional.
«El superávit comercial de Brasil se debe a la productividad, no a un tipo de cambio artificial», explicó Nicolás Magud, economista argentino que enseña desde 2004 en la Universidad de Oregon en Estados Unidos. Fue así que diferenció el resultado de la balanza comercial argentina del de la del gigante de la región.

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Desde enero de este año, Magud colabora en la página en Internet del ex consejero del Tesoro norteamericano Nouriel Roubini, RGE Monitor. Este economista, egresado de la UBA y con un doctorado en la Universidad de Maryland, fue también investigador del FMI. En suma, utilizado en la actual puja oficial con el agro.

«Esta administración pensó que se podría hacer un modelo a la China, con un tipo de cambio alto, pero los modelos asiáticos se hicieron con una enorme tasa de ahorro, bajo consumo y mucha educación», sostuvo Magud.

Periodista: Como dicen desde el gobierno, ¿está hoy la Argentina mejor preparada para afrontar la crisis internacional?

Nicolás Magud: No estoy seguro de que eso sea así. El gobierno afirma que está blindado, pero ellos miran sólo los flujos y no los stocks. Desde esta perspectiva, hay muchos pasivos. Además, gran parte de los superávits (fiscal y comercial) se debe al alto precio de los commodities.

P.: ¿Qué efectos podría tener una caída en los valores de los commodities?

N.M.: Por un lado, afectaría en la recaudación, por la caída en las retenciones. El otro efecto sería en los dos motores del crecimiento de los últimos años: el gasto público y el consumo, y si bien aumentó el sector privado en general, fue impulsado más que nada por los exportadores. Esta administración pensó que se podría hacer un modelo a la China, con un tipo de cambio artificialmente alto, pero los modelos asiáticos se hicieron con una enorme tasa de ahorro, bajo consumo y mucha educación, no como en la Argentina.

P.: ¿Podrán bajar tanto los precios de los commodities?

N.M.: Ya están bajando. Si bien existe un factor estructural que viene de la mano de China, la India y los países en desarrollo, todo el exceso de ahorro que había en el mercado internacional se explica por capitales especulativos que salieron de las Bolsas y se fueron a los mercados de futuros de los commodities. Y ahora de a poco están volviendo. Y en esto tiene que ver cómo se recupera la economía norteamericana.

P.: ¿Cómo va a evolucionar la economía de Estados Unidos?

N.M.: La recesión en ese país va a ser larga. Con un poco de suerte se recupera hacia fin de este año o principios del que viene, en el mejor de los escenarios. Es lo que se conoce como el «doble dip», que es cuando el Producto tiene dos caídas: una ahora, luego una leve recuperación hacia el tercero o cuarto trimestre, pero seguida de una nueva caída. Esto generaría más incertidumbre.

P.: El efecto se va a sentir en la Argentina, por lo que no se daría el «desacople»...

N.M.: No creo en esa teoría. En el mejor de los escenarios, el efecto no sería demasiado grande. Todos los países están encadenados; entonces, por un lado va a repercutir en la economía global. En la Argentina, si dejan de demandar commodities, se va a sentir.

P.: Luego de lo de Bear Stearns, ¿puede haber nuevas caídas de otros bancos?

N.M.: Las probabilidades son bajas, pero no nulas. La Fed actuó bien con el salvatajede este banco, porque eligió el mal menor, ya que si no lo hacía, el efecto multiplicador hubiese sido mucho mayor.

P.: ¿El dólar se va a seguir depreciando?

N.M.: Se va a recuperar. La moneda norteamericana está llegando al piso, si es que todavía no lo hizo, pero la recuperación tampoco va a ser abrupta. Por ahora, el Banco Central Europeo no bajó las tasas, pero en algún momento lo va a tener que hacer para que Europa siga viviendo de las exportaciones.

P.: ¿Cuánto del superávit comercial argentino se debe al alto precio de las materias primas?

N.M.: La mayor parte. Si se compara con Brasil o con otros países en desarrollo, el superávit de la Argentina no es tan importante. Además, Brasil no deprecia su tipo de cambio artificialmente, por lo que su resultado comercial es por productividad.

P.: ¿Puede ser mayor la inflación?

N.M.: La inflación internacional va a seguir subiendo, por lo que ahora es mayor la presión interna para la Argentina. De bolsillo, una inflación de 30% es muy alta, pero similar a la del año pasado.

P.: Sería peor aún con los capitales especulativos que ingresan al país...

N.M.: Si no se cambia de política sí, porque entran capitales especulativos, que están a la espera de que se recupere el dólar. El escenario que veo es que el año que viene, la Fed va a subir las tasas de interés, una vez que la inflación empiece a presionar, y ahí los capitales van a volver. Mientras tanto, sostener el tipo de cambio de manera artificial es inflacionario.

P.: ¿Habría que implementar políticas graduales o de shock para frenarla?

N.M.: Hoy es difícil decir. No sé si de shock, pero hay que dar señales fuertes. El gasto público tiene que bajar. Por otro lado, el Banco Central debería apreciar un poco el tipo de cambio. Por ahora no vi señales demasiado fuertes en este sentido. Cuanto más se demore para implementar ciertas políticas, peor.

P.: ¿Es acertada la política de acumulación de reservas?

N.M.: Tener reservas es muy bueno. Pero nuevamente en este caso, en todos los países en desarrollo crecieron, no es algo exclusivo de la Argentina. De hecho, aumentaron menos que en otros. Además, está la deuda de las Lebac y Nobac. Y otro aspecto más: el país tiene hoy muy limitado acceso a los mercados de capitales.

P.: ¿Es útil imponer control de capitales?

N.M.: No sirve imponerlos porque el sector privado financiero internacional siempre encuentra la forma de evadirlos y de manera legal. Hay pocos casos en los que hayan funcionado. Generalmente se toma como ejemplo a Chile en los 90. Pero en ese momento había todo un set de reformas donde el control de capitales era sólo una parte.

Entrevista de María Iglesia

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