China y las otras tres pestes que trajo el coronavirus

Opiniones

A raíz de esta crisis mundial, la ciudadanía global advirtió con crudeza sobre la desesperante carencia de líderes y aparatos estatales que estén a la altura de las circunstancias.

La pandemia de coronavirus ya es la peor crisis mundial en varias generaciones. El planeta está paralizado, en medio de un clima desolador que combina muerte, recesión económica y mucha incertidumbre de cara al futuro. Quizás uno de los datos más llamativos de lo que está sucediendo es que la crisis agarró por sorpresa a los principales países de Occidente. Con matices, reaccionaron tarde y mal. Inexplicablemente, improvisaron frente a la rápida propagación del virus, subestimando lo que venía sucediendo en China, desde fines de diciembre. Lo mismo puede decirse de los principales organismos internacionales, incluida la OMS.

A raíz de esta crisis mundial, la ciudadanía global advirtió con crudeza sobre la desesperante carencia de líderes y aparatos estatales que estén a la altura de las circunstancias, junto con la incapacidad de las organizaciones internacionales para dar respuestas en tiempo y forma. Pero lo más grave es que el coronavirus no sólo nos trajo recesión y muertes, sino que también vino de la mano de otras tres pestes que están azotando el planeta: hipocresía, desinformación y xenofobia. Lógicamente, el principal afectado ha sido China, país donde comenzó a propagarse el virus.

En primer lugar, ha sido impactante la hipocresía por parte de algunos gobernantes occidentales para exculparse de los desastres sanitarios generados por su improvisación. El caso más elocuente es el estadounidense Donald Trump, quien desoyó los tempranos consejos de sus expertos y se burló del virus, comparándolo con la gripe común. Luego, cuando la crisis lo sobrepasó, acuñó la denigrante expresión de “virus chino” para referirse al Covid-19. Paradojalmente, mientras Trump se expresaba en esos términos, la empresa china Alibaba donaba 1.000 respiradores y otros insumos críticos, vitales para atender a los infectados en EE.UU.

Por otra parte, el mundo ha asistido a una impresionante ola de desinformación. El desasosiego y la creciente ansiedad generada por esta pandemia han sido un caldo de cultivo ideal para la circulación de noticias falsas y teorías conspirativas de lo más absurdas. El blanco principal de esta peste subsidiaria también ha sido China. Una de las teorías conspirativas más populares, que se han difundido masivamente en las redes sociales, es que los chinos crearon el virus y lo diseminaron para destruir la economía de Occidente y avanzar con sus oscuros proyectos de dominación global.

Con total impunidad, medios de comunicación internacionales y locales han dado cabida a estas elucubraciones malintencionadas, potenciando la desinformación. Cabe destacar que, en menor medida, también se han difundido teorías conspirativas favorables a China. Agravando el cuadro, algunos políticos y diplomáticos de ambos países las han avalado. Está claro que el conflicto geoestratégico entre las dos mayores potencias también se libra en el plano de la comunicación.

Por último, y quizás lo más grave, la pandemia ha desatado la terrible peste de la xenofobia. Los chinos han sido ridiculizados, perseguidos y humillados en todo el mundo, como si un virus pudiese tener nacionalidad. La impotencia, la ignorancia y los prejuicios previos sobre los chinos quedaron violentamente expuestos en las calles. Lamentablemente, Argentina no estuvo exenta de este brote racista. En las redes sociales más populares del país se viralizaron memes, videos y comentarios discriminatorios para con los chinos. Algo muy positivo es que este brote xenófobo fue condenado por el Gobierno argentino, a través de un comunicado del INADI.

Para concluir, no caben dudas que la superación de la pandemia y sus tremendas consecuencias sanitarias y económicas será algo muy difícil para todos los países del mundo, sin excepción. Pero no perdamos de vista que estas otras tres pestes que avanzan junto al coronavirus también dejarán huellas muy profundas en la comunidad global. ¿Alguna vez vamos a hacernos cargos de nuestras miserias y errores sin culpar a otro? ¿Vale todo en función de defender cierto interés o posicionamiento ideológico/político? ¿Qué valores y principios queremos representar como país? Es un buen momento para que todos hagamos una profunda reflexión al respecto.

(*) Director del Observatorio Sino-Argentino. Docente universitario en Historia Contemporánea y Política Exterior China (UCA y Universidad de Zhejiang).

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