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9 de diciembre 2021 - 23:51

Memoria activa 2001 (parte 16)

Muchas de las dinámicas de los cargos en el gabinete aliancista deben entenderse, a su vez, como consecuencia de los conflictos entre los grupos políticos, y entre políticos y tecnócratas, en la gestión de las carteras.

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Muchas de las dinámicas de los cargos en el gabinete aliancista deben entenderse, a su vez, como consecuencia de los conflictos entre los grupos políticos, y entre políticos y tecnócratas, en la gestión de las carteras. En el caso del Ministerio de Trabajo, como se mencionó en artículos anteriores, De la Rúa lo puso en manos del Frepaso. Concretamente, del mendocino bordonista Alberto Flamarique, hasta que el 6 de octubre de 2000 se debe alejar del cargo bajo sospechas de corrupción por la aprobación de la Ley de Reforma Laboral en el Senado de la Nación.

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Flamarique, que en ese momento es abandonado por Chacho Álvarez, siguió integrando el gobierno por un tiempo más, ocupando un cargo de Secretaría de la Presidencia. Pero había sido acusado por la justicia de “cohecho activo”: por el supuesto reparto de dinero entre los senadores opositores para que voten con el oficialismo.

Según la ya famosa acusación, el 26 de abril de 2000 un funcionario del Senado, Mario Pontaquarto, repartió 5 millones de pesos (dólares) entre diversos senadores del justicialismo para garantizar que se apruebe una polémica ley que eliminaba derechos laborales. Flamarique sería finalmente absuelto, y se dedicaría desde entonces a la producción frutícola en Maipú, Mendoza. En su reemplazo fue convocada la tecnócrata Patricia Bullrich. Quien provenía de diversas experiencias de participación política pero quien ya no estaba enrolada en ningún partido político de los integrantes de la Alianza. Y su incorporación tampoco implicó ampliar la base partidaria del gobierno: fue sumada a título individual, con lógicas de gestión.

Ya se venía desempeñando en la administración De la Rúa en otra área complicada: Política Criminal y Asuntos Penitenciarios. Y le tocó hacerse cargo de Trabajo en un momento serio, con una reforma laboral fracasada, la relación quebrada con las organizaciones sindicales, y un desempleo en alza (durante su gestión, la desocupación se elevó del 15 al 21%). Y luego, cuando la Alianza agonizaba, en septiembre de 2001 asumió el recientemente creado Ministerio de Seguridad Social, para instrumentar nuevas medidas dolorosas. Por ejemplo, en el marco de la denominada “Ley de déficit cero”, Patricia Bullrich impulsó y firmó el decreto que estableció la reducción del 13% de los haberes de los trabajadores estatales y de las jubilaciones con montos fueran mayores a los 500 pesos convertibles a dólares (además de otros recortes en salarios).

Bullrich se acercó al “Grupo Sushi” (Antonio De la Rúa, Darío Lopérfido, Hernán Lombardi, Cecilia Felgueras y otros que se acercaron como Lautaro García Batallán; Darío Richarte, Andrés Delich, Ramiro Agulla, y otro economista colaborador estrecho de Fernando de Santibañes). Patricia Bullrich también fue cercana contribuyente tanto de Cavallo como de López Murphy en sus fatídicas dos semanas.

La relación entre Bullrich y López Murphy en la gestión fue tan estrecha, que tras el colapso de De la Rúa se juntaron para impulsar una nueva alianza política. Bullrich había lanzado una fundación, Ahora Argentina, que fue el antecedente inmediato de su partido Unión por Todos. Y ese partido, creado en 2003, fue el instrumento que utilizó para aliarse con López Murphy para lanzar su candidatura a la Jefatura de Gobierno porteño de ese año, apoyada por el partido Recrear para el Crecimiento del ex ministro de Defensa y Economía. Enfrentó electoralmente a Ibarra y a Macri y quedó en tercer lugar.

La carrera de Bullrich, a diferencia de lo que ocurrió con los frepasistas y radicales que asumieron responsabilidad política por el fracaso gubernamental, prosiguió. Tras algún tiempo de lucha en soledad, en 2007, su partido se integró al frente Coalición Cívica que lideraba Elisa Carrió, y logra ser elegida diputada por dos períodos consecutivos. Desde su banca solitaria se acercó al bloque del macrismo-otrora enemigo acérrimo-, y en diciembre de 2015 fue designada Ministra de Seguridad de la Nación por el ex presidente Mauricio Macri. En los dos últimos meses de gestión delarruísta, cuando Bullrich fue desplazada del Ministerio de Trabajo y enviada a un ministerio creado ad hoc para conservarla, Fernando De la Rúa llama a José Dumón, radical bonaerense no alfonsinista. Según los diarios de la época, lo seleccionó para “contener al movimiento obrero” en un marco conflictivo. Dumón estuvo en el cargo hasta el estallido del 21 de diciembre de 2001.

Educación, al igual que Trabajo, fue otro caso conflictivo, ya que el movimiento universitario (Franja Morada) era importante en la gestión delarruísta, y los intentos de ajuste presupuestario despertaron resistencias abiertas. Si la sospecha de sobornos en el Senado terminó precipitadamente con la Vicepresidencia de Álvarez, podemos decir que los intentos de ajustar el sector de Educación Superior fueron claves para explicar la caída de López Murphy. El radicalismo universitario movilizado en su contra sintetizó las demandas del conjunto del partido.

Juan José Llach, sociólogo y economista, fue el primer ministro designado por el presidente, terminó alejándose por desacuerdos con la línea política del Presidente. En su reemplazo convocó a Hugo Juri, un médico cirujano que había sido Decano de la Facultad de Ciencias Médicas y luego Rector de la UNC. Fue un gesto hacia la comunidad universitaria, aunque duró pocos meses en el cargo, ya que tras los anuncios de recortes a la educación pública, la inestabilidad y la posibilidad de que De la Rúa presente un proyecto de arancelamiento de las carreras de grado en las universidades nacionales, el ministro Juri presentó su renuncia. Juri volvió a la vida universitaria y es rector de la UNC para el período 2016-2019.

En ese contexto ingresó Andrés Delich, un sociólogo de la Universidad de Buenos Aires que había sido Secretario General de la Franja Morada y Presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Además de haber sido, durante la gestión de Juri, su segundo en el Ministerio, Delich era una figura identificada con el radicalismo universitario. A diferencia de Juri, un técnico más identificado con la élite de gestión de las universidades nacionales. Delich asumió el cargo hasta el 21 de diciembre de 2001.

Con su llegada a la titularidad del Ministerio de Educación, Delich debió enfrentar la crisis política que se provocó el recorte anunciado por su gobierno, que derivó en un paro docente total y universidades tomadas. Finalmente, logró mediar con docentes y alumnos, y llegar a un acuerdo, como así también dejar sin vigencia los recortes, y desactivar el proyecto de arancelamiento que había generado la crisis.

Por último, hay que mencionar el caso de la cartera de Economía. En la historia argentina, tal como se vio en artículos anteriores, el Ministerio de Economía fue el centro de la gestión tecnocrática. En ese sentido, hay que analizar la forma en que el presidente De la Rúa, a medida que la situación económica se deterioraba, y su propia situación política se debilitaba, transfería cada vez más poder a un Ministerio de Economía administrado por technopols. Concretándose la dominancia económico-financiera de la política, por vía tecnocrática. ¿Esto era inevitable, desde el punto de vista de la gestión? No, fue una opción elegida por el presidente, en un marco de clima de época internacional que favorecía el empoderamiento de estos perfiles políticos.

Durante el gobierno de De la Rúa hubo tres titulares de la cartera económica: José Luis Machinea, Ricardo López Murphy y Domingo Cavallo. Machinea, políticamente respaldado, fue el titular durante los Gabinetes 1 y 2, mientras que López Murphy y Cavallo se desempeñaron en el Gabinete 3. Machinea, con algún paso como técnico por el Banco Central de la dictadura militar, era recordado por su desempeño durante el gobierno de Raúl Alfonsín. En esa gestión había ocupado los cargos de Subsecretario de Programación del Desarrollo de la Secretaría de Planificación, luego Subsecretario de Política Económica del Ministerio de Economía y, finalmente, Presidencia del BCRA entre agosto de 1986 y la dramática finalización del ciclo alfonsinista en 1989. En abril de 1988, mientras Machinea era el titular del Banco Central, el país había entrado en moratoria del pago de su deuda externa.

El final de Machinea no había sido exitoso: Alfonsín renuncia anticipadamente como consecuencia del proceso hiperinflacionario, y tanto Sourrouille como Machinea habían quedado asociados a ese momento crítico. En 1989, en el mes de febrero, se recordaba la decisión tomada por el tándem Sourrouille-Machinea de aplicar un feriado bancario por 48 horas, que terminó en una corrida masiva hacia el dólar. Y la inflación que en el mes de mayo alcanzó 78,4%.

Sin embargo, la presencia de Machinea en el gabinete de De la Rúa tenía un sentido político. Asociado a un enfoque “heterodoxo moderado”, con antecedentes en el alfonsinismo gubernamental, era una figura de un consenso que abarcaba a la UCR referenciada en Raúl Alfonsín, al Frepaso referenciado en Álvarez, y tenía el visto bueno del primer Jefe de Gabinete e integrante del Gabinete 1, Rodolfo Terragno. Machinea era el cerebro económico de la Alianza y formaba parte de la mesa fundacional de la coalición que había llevado a De la Rúa al poder. Machinea sabía que en las presidenciales de 1995, que permitieron la reelección de Menem, la defensa de la estabilidad económica había sido fundamental para el electorado. Y por esas razones, a pesar de la disidencia de Terragno, decidió no cuestionar ninguno de los pilares de la política económica argentina: convertibilidad monetaria, privatizaciones y apertura comercial. No puso reparos a la continuidad de Pedro Pou al frente del Banco Central.

Notoriamente, a pesar de las continuidades, el nombre de Machinea se vio como garante de un mayor énfasis en cuestiones de tipo “social moral” en la gestión de las finanzas públicas (Godio, 1998). La Alianza entre la UCR y el Frepaso había encontrado en él un “perfil ideológico progresista para ocupar el complejo rol de Ministro de Economía y Producción. Sin embargo, ya antes de que la Alianza ganara las elecciones, el futuro ministro insinuaba a los líderes de opinión del mercado que sus medidas no serían tan progresistas como las prometidas en campaña: venía hablando de ajuste fiscal, de rebajas de los aportes patronales y de ciertas medidas de flexibilización laboral (extensión de los plazos de los contratos de trabajo a prueba, negociaciones salariales a nivel empresa, minimizando el poder de los sindicatos. Su objetivo principal era reducir el déficit fiscal, tema recurrente en el discurso presidencial delarruísta. Desde su designación, Machinea intentó la reorganización de las sillas del Titanic.

Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani

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