Aplicar hoy un plan de ajuste es un remedio peor que la enfermedad

Opiniones

Reproducir un programa de austeridad con recorte del gasto, hoy no es una opción. La sociedad argentina no soporta más ajustes. El mayor desafío es la renegociación de la deuda.

El coronavirus va a afectar negativamente a la economía global. Este año se registrará la mayor recesión mundial en varias décadas. En Argentina también incidirá fuerte. La decisión responsable de decretar el aislamiento preventivo obligatorio va a salvar vidas, pero a costar en términos de PBI. Sin dudas, preferimos las vidas.

El shock económico en el corto plazo dependerá de la extensión de la crisis sanitaria. No obstante, la macroeconomía argentina puede procesarlo. Es difícil pensar que la posición de equilibrio de mediano y largo plazo se pueda ver afectada por este cimbronazo. Nuestro mayor desafío es la renegociación de la deuda, y ese sigue siendo el centro del programa estructural. Como paliativo, ya se sabe, un programa contracíclico llevará alivio a la totalidad de sectores afectados, con prioridad en los grupos más vulnerables. El impulso expansivo no es ni más ni menos que el abordaje del resto de los países para mitigar el shock externo. No hay equilibrios macroeconómicos posibles en una sociedad golpeada por una crisis sanitaria. Nunca puede ser más pertinente el concepto de “inversión social”.

La “coronacrisis” rompe al medio el cambio de paradigma que se estaba gestando. En estos tres meses, de manera paulatina, habían empezado a surgir los rasgos propios del nuevo programa de gobierno. La dinámica de precios se estaba desacelerando, a tono con una política monetaria prudente y una administración nacional muy activa atacando factores estructurales.

En el canal financiero, la decisión firme de ir a un esquema de tasas más bajas empezaba a aflojar la correa en el cuello del sector productivo, y también daba margen para recuperar consumos privados en cuotas.

Por su parte, el frente cambiario se estaba tranquilizando, gracias al acierto de administrar el mercado oficial de dólar y encapsular la volatilidad en los segmentos alternativos, de muy baja profundidad y escasa incidencia en otras variables macroeconómicas. Hoy sería arrojado arriesgar cuáles de estos hitos de estabilización se van a ver amenazados. Sin dudas en el corto plazo, la volatilidad será disruptiva.

Recientemente el Ministerio de Economía presentó la actualización de su informe de sustentabilidad de deuda. Entre los datos más relevantes, se destaca el número final de deuda bruta nacional, que en 2019 consolidó 88,8%, en relación al PBI (+36,2 puntos en cuatro años). La presentación muestra con claridad la dinámica asfixiante de las necesidades de financiamiento para este año, derivadas de un programa fiscal de naturaliza rígida, y con pagos de intereses crecientes. Cuando se discute la problemática del déficit en pesos hay que hablar con claridad y sin subterfugios: reproducir un programa de austeridad con recorte del gasto, hoy no es una opción. La sociedad argentina no soporta más ajustes.

Claro que la evaluación sobre la insostenibilidad de nuestra posición financiera no es unilateral. El FMI alineó su diagnóstico hace poco más de un mes cuando la misión técnica visitó nuestro país por primera vez en 2020. El pedido de una “contribución apreciable” a los acreedores privados tuvo una continuidad en estos días, cuando el organismo publicó una nota técnica proyectando una hipótesis de recorte de entre 5 y 6 puntos del PBI para volver a un sendero que nuestra economía pueda soportar.

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El impacto de la coronacrisis en el PBI de la Argentina será fuerte pero transitorio. El mayor problema a resolver es la sostenibilidad de la deuda.

El impacto de la coronacrisis en el PBI de la Argentina será fuerte pero transitorio. El mayor problema a resolver es la sostenibilidad de la deuda.

Sin eufemismos, cerrar esta “operación de deuda definitiva” implicará un recorte significativo en el valor presente neto de las acreencias privadas. En este punto no hay lugar para especulaciones o comportamientos “free rider”; todos los inversores conocían los riesgos asociados a títulos de deuda que prometían rendimientos siderales, a pesar de un manejo macroeconómico a todas luces errático.

Como una paradoja circular, la batalla económica contra el coronavirus también implica salir del laberinto de la deuda. Es condición necesaria. Un acuerdo insustentable que patee el problema para adelante, no haría más que incrementar la bola de nieve. Más allá de los imponderables que puedan tensar la negociación, la intención de avanzar en una solución terminante, es un imperativo para esta gestión. El impacto de la “coronacrisis” será fuerte pero transitorio. Si nuestro país logra volver a un camino de consistencia macroeconómica, las perspectivas de crecer a mediano y largo plazo, están garantizadas.

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