Una reflexión sobre la amistad en estos tiempos

Opiniones

La familia hoy se muestra más permeable al medio ambiente, por lo tanto existen múltiples vínculos en la vida de un niño o adolescente.

Se dice con frecuencia que los amigos son “hermanos elegidos”. Pongo énfasis en el “elegir”, porque también los hermanos deben elegirse como tales más allá de que formen parte de un grupo de hijos. Ambas clases de vínculos requieren de afinidad y trabajo permanente. Se sabe que la familia no es el único motor del armado de la personalidad.

La socialización cada vez más temprana muestra que la influencia familiar coexiste con la de instituciones como la escuela o el club, en las cuales el grupo de pares cobra cada vez más protagonismo. La familia hoy se muestra más permeable al medio ambiente, por lo tanto existen múltiples vínculos en la vida de un niño o adolescente que pueden aportarle su especificidad y novedad. Es decir que los pares se encuentran presentes en la vida de una persona casi desde sus inicios. Son además, quienes permiten experimentar en el campo extrafamiliar y “desasirse” –gradualmente- de la familia (proceso que los psicoanalistas denominamos “salida exogámica”).

Faltará un paso más para que un par pueda ser considerado “amigo”: amigo, entonces, será aquel con quien se pueda abandonar temporalmente la “máscara social” y mostrarse de “entre-casa”; o con quien se pueda establecer una situación de intimidad y compartir un mismo estado afectivo. La intimidad también se asocia al poder estar “a solas” en presencia de otro –sin que esto cause incomodidad- y a la vez estar emocionalmente disponible para éste.

Será también el que otorgue señas a través de las cuales podamos reconocernos, consolidando nuestro sentimiento de “mismidad”. La amistad requiere tiempo, afecto, historias compartidas, acuerdos -y también desacuerdos- y la libertad de volverse a elegir en cada encuentro.

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A propósito de los encuentros, hoy la tecnología permite estar acompañado en forma permanente a través de las redes sociales. Se han creado nuevos códigos, formas de compartir y expresar sentimientos con fotos, mensajes, videos, emojis, que contribuyen a consolidar el vínculo y son formas de hacer saber al otro que se lo tiene presente. Además hay muchísimas historias de personas que gracias a la comunicación virtual recuperaron relaciones del pasado, o se mantienen en contacto con quienes viven en otros países.

Estamos en un momento de cambio de paradigmas en el cual la categoría de “presencia-ausencia” está siendo reformulada, así como la de “distancia geográfica”. Existen muchas amistades que llevan el sello de un momento de inicio (o escena inaugural) no presencial. El “estar con” ya no depende únicamente de la presencia física. Como ejemplo citaré el caso de Ana, que tiene a su mamá internada con una enfermedad muy grave. Cuando la visita en el hospital, la mayor parte del tiempo está mirando su celular. A sus padres les cuesta entender que Ana “lleva a sus amigos dentro de su dispositivo” y esa es la forma en que la acompañan en la dura experiencia que debe afrontar.

La verdadera amistad es una experiencia de transformación mutua entre personas que forjan su pensamiento y sus emociones a partir de su relación. Somos a la vez cada uno solo y cada uno en permanente relación con aquellos que consideramos amigos, que nos enriquecen y nos devuelven una multiplicidad de versiones de nosotros mismos.

Lic. en Psicología. Psicoanalista. Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Especialista en parejas y familias. Autora del libro “La familia y la ley. Conflictos-Transformaciones”.

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