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30 de marzo 2026 - 11:39

Drones, robots y algoritmos: así opera la nueva inteligencia empresarial

La inteligencia artificial dejó de ser una herramienta de análisis para convertirse en el nuevo “cerebro operativo” de las organizaciones. En sectores como energía, banca y retail —donde se toman miles de decisiones por día— ya no solo procesa datos: robots cuadrúpedos y drones autónomos recorren subestaciones eléctricas, redes de agua y operaciones mineras detectando fallas antes de que ocurran.

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El impacto económico global de la inteligencia artificial se proyecta en más de 22 billones de dólares hacia 2030, equivalente al 3,7% del PIB mundial. 

Durante los últimos años, muchas empresas en Argentina y América Latina han experimentado con inteligencia artificial a través de pilotos, chatbots o proyectos aislados. Hoy, esa etapa comienza a quedar atrás porque una nueva fase está tomando forma: integrar la inteligencia artificial directamente en la operación diaria de las organizaciones.

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En industrias como energía, banca o retail -donde miles de decisiones operativas se toman cada día- la IA ya no se limita a analizar información. Comienza a anticipar eventos, apoyar decisiones críticas e incluso ejecutar acciones dentro de los procesos de negocio, de manera controlada, segura y trazable.

Ese es el principio detrás del modelo AI First, una arquitectura tecnológica que conecta inteligencia artificial, analítica avanzada y automatización para que la tecnología no solo genere información, sino que también apoye decisiones y habilite nuevas formas de ejecutar procesos.

“La mayoría de las empresas hoy han interactuado con la IA a través de herramientas como chatbots. Eso es útil, pero limitado. Un enfoque AI First implica convertir la inteligencia artificial en una capacidad operativa, conectada a datos, sistemas y procesos, para pasar de responder preguntas a apoyar decisiones y ejecutar acciones dentro de la operación.

De pilotos aislados a operación inteligente

El impacto económico global de la inteligencia artificial se proyecta en más de 22 billones de dólares hacia 2030, equivalente al 3,7% del PIB mundial. Sin embargo, América Latina representa hoy apenas una fracción de esa inversión, lo que revela tanto una brecha como una oportunidad estratégica para acelerar su adopción de forma efectiva.

Para cerrar esa brecha, el modelo AI First propone dejar atrás la experimentación fragmentada y avanzar hacia plataformas operativas de IA, diseñadas para escalar, integrarse y generar impacto real en productividad, continuidad y eficiencia.

Inteligencia artificial integrada a la operación

El enfoque AI First se apoya en tres capacidades tecnológicas y complementarias, que permiten incorporar la inteligencia artificial en distintos niveles de la operación empresarial:

AgentIA decide, Analytics aporta inteligencia y RobOps ejecuta en el mundo físico. Juntas, estas capacidades permiten que la inteligencia artificial deje de ser solo una herramienta de análisis y se convierta en parte activa de la operación.

Uno de los casos más visibles de esta convergencia se observa en operaciones industriales y de servicios básicos, donde robots cuadrúpedos y drones autónomos realizan inspecciones en subestaciones eléctricas, redes de agua o instalaciones mineras.

Equipados con sensores térmicos, cámaras de alta resolución y sistemas de navegación autónoma, estos dispositivos detectan anomalías como sobrecalentamientos, fugas o vibraciones fuera de rango, generando alertas con evidencia para los equipos humanos.

“El robot no ‘adivina’. Detecta anomalías a partir de sensores y modelos analíticos que clasifican la severidad de un evento y entregan información confiable para la toma de decisiones”, puntualiza el ejecutivo.

El rol de las personas en la operación con IA

La adopción de inteligencia artificial también está transformando la forma en que trabajan los equipos dentro de las organizaciones. La automatización de tareas repetitivas reduce reprocesos y carga operativa, permitiendo que las personas se concentren en actividades de mayor valor, como análisis, supervisión, gestión de riesgos y mejora continua.

La inteligencia artificial no reemplaza al experto. Lo que hace es liberar tiempo para que el criterio humano se aplique donde realmente marca la diferencia.

En países como Argentina, uno de los desafíos para desplegar este tipo de soluciones es la conectividad, especialmente en entornos industriales o zonas remotas. Por ello, muchas de estas arquitecturas combinan nube, edge computing y procesamiento local, permitiendo que los sistemas de IA sigan operando incluso con conectividad intermitente.

Para las empresas, el desafío ya no es experimentar con inteligencia artificial, sino integrarla estratégicamente en su operación, de forma segura, escalable y con impacto directo en la productividad y los resultados del negocio.

Director Regional de Tecnologías Disruptivas & AI de SONDA

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