Inteligencia artificial, energía y robótica: las señales que anticipan la nueva economía global

En medio de guerras, inflación e incertidumbre global, la atención pública se concentra en el corto plazo. Pero mientras revisamos los sacos de paja, cambios profundos en inteligencia artificial, energía, ciencia y robótica ya están redefiniendo la economía del futuro.

Muchas veces los cambios que realmente transformarán a las organizaciones en los próximos años están ocurriendo en los márgenes.

Muchas veces los cambios que realmente transformarán a las organizaciones en los próximos años están ocurriendo en los márgenes.

En las últimas semanas los titulares del mundo se repiten: conflictos que escalan, economías bajo presión, mercados nerviosos y un clima general de incertidumbre global.

Es comprensible que ocurra. Cuando el contexto se vuelve inestable, personas, empresas y gobiernos tienden a concentrarse en el corto plazo. Primero hay que atravesar la crisis del presente antes de poder pensar en el futuro.

Pero muchas veces, mientras discutimos lo urgente, dejamos de ver lo verdaderamente importante.

Hay un viejo cuento de Medio Oriente que explica bien este fenómeno.

Cuenta que en un paso fronterizo un comerciante cruzaba todos los días con su burro cargado de sacos de paja. El comandante de la frontera sospechaba que algo no cerraba. Cada vez que el hombre llegaba lo detenía y revisaba minuciosamente los sacos: los abría, los pinchaba con una vara y volvía a cerrarlos.

Siempre con la misma frase:

“Estoy seguro de que llevas algo escondido ahí”.

El comerciante sonreía, dejaba que revisaran todo y seguía su camino.

Durante años la escena se repitió. El comandante inspeccionaba los sacos con obsesión y nunca encontraba nada.

Mucho tiempo después, ya retirado, el comandante se encontró con aquel hombre en el mercado y no pudo evitar preguntarle:

“Dime la verdad. Siempre supe que contrabandeabas algo. ¿Qué era?”

El comerciante respondió con tranquilidad:

“Burros”.

El comandante había revisado durante años cada saco de paja buscando algo oculto. Nunca se preguntó por aquello que tenía delante de los ojos.

Algo parecido ocurre hoy con el mundo.

Mientras las noticias se concentran en guerras, inflación, tensiones geopolíticas o crisis financieras, otras transformaciones más silenciosas empiezan a redefinir la economía global.

En un reciente encuentro organizado por el futurista Peter H. Diamandis, varias de estas señales quedaron sobre la mesa. La inteligencia artificial comienza a acelerar el descubrimiento científico, desde nuevas proteínas hasta potenciales medicamentos. Lo que antes llevaba años de laboratorio puede comprimirse en semanas de simulaciones computacionales.

Otra señal viene del mundo físico. La robótica avanza rápidamente en fábricas, depósitos, agricultura y logística. No se trata solo de robots humanoides, sino de sistemas autónomos que empiezan a transformar la producción en una economía donde muchos países enfrentan envejecimiento poblacional y escasez de mano de obra.

Pero quizá el punto más crítico no tenga que ver con software ni con robots.

Tiene que ver con energía.

El ex CEO de Google Eric Schmidt advirtió recientemente que el verdadero cuello de botella de la revolución de la inteligencia artificial podría ser la capacidad energética global. Los centros de datos que alimentan estos sistemas requieren enormes cantidades de electricidad y el mundo podría enfrentar una escasez significativa para sostener ese crecimiento.

Esa carrera energética ya está empezando a reorganizar la geopolítica tecnológica. China, por ejemplo, está invirtiendo masivamente en infraestructura energética, fabricación de chips y robótica industrial, entendiendo que la próxima etapa de la competencia global no se jugará solo en el terreno digital.

Para países como Argentina, esto no es un debate lejano: define el tipo de economía y de oportunidades que tendremos en las próximas décadas.

En mi trabajo con empresas y líderes vemos este mismo patrón con frecuencia. En contextos de incertidumbre la conversación suele concentrarse en la crisis inmediata: el trimestre, la inflación o la coyuntura política.

Pero muchas veces los cambios que realmente transformarán a las organizaciones en los próximos años están ocurriendo en los márgenes.

Son lo que en prospectiva se conocen como señales débiles: cambios pequeños que al principio parecen irrelevantes pero que con el tiempo terminan redefiniendo industrias enteras.

Como en la historia del comandante de la frontera, a veces lo que realmente está cambiando el juego no está escondido dentro del saco.

Está caminando delante de nosotros.

Y no lo estamos viendo.

Consultora en tecnologías emergentes y liderazgo. Cofundadora de NeXthumans.

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