31 de agosto 2020 - 18:38

"Tapaboca" Guzmán: punto final a la renegociación de la deuda

Luego de siete meses de negociación, el ministro de Economía, Martín Guzmán, logró una renegociación de la deuda exitosa, "tapandole la boca" a todos.

El tema de la deuda no se resuelve con este acuerdo, destacó el director del Banco Nación, Claudio Lozano

"El tema de la deuda no se resuelve con este acuerdo", destacó el director del Banco Nación, Claudio Lozano

Captura de TV

Hace justo siete meses (29-01-2020) desde la ciudad de New York, titulamos esta columna, “Martin Guzmán le va a tapar la boca a todos”. Una renegociación de u$s 65.000 millones lleva tiempo, por eso fuimos ilustrando el paso a paso, y como ha sido digna y exitosa, más de lo que cualquier antagonista patrocinado puede soportar. El canje tuvo una adhesión del 93.5%, lo cual activa la cláusula colectiva y reestructura el 99% de la deuda. La renegociación permitirá un ahorro de u$s 37.700 millones y la tasa de interés baja del 7% al 3.07%.

El cardumen

Entonces, antes de ahora ese cardumen, ahora emponzoñado por la masiva aceptación de la oferta, hablaba y escribía como si la Argentina entre 2015 y 2019 hubiera sido un portento que vino a destruir el nuevo gobierno. -¿Como lo hacía?- Comparaba mes contra mes o trimestre contra trimestre un año sin pandemia (lo cual estaríamos entendiendo) pero sin mencionar los efectos de la pandemia a nivel local e internacional.

Aun, hacen caso omiso de la pandemia como si el único lugar donde hubiera problemas económicos fuera la Argentina. Inclusive he escuchado prescribir “que no se hable más de la administración anterior”, “que el ex presidente tuvo mala suerte…”, “que el presidente actual después de nueve meses debería dejar de lado” el cataclismo y ocultar la desidia. Poco juicioso. Por momentos muchos profesionales tienen las mismas frases, los mismos discursos desde la dictadura cívico-militar. Mientras tanto, la economía estadounidense sigue transitando la peor recesión de su historia, los primeros datos sugieren que la recuperación parcial no se ha desacelerado, si no estancado, y pronto exteriorizará la impaciencia popular a medida que se agoten las prestaciones por desempleo.

Es duro el padecimiento de quienes no le otorgan valor a las ideas y opiniones que no confirman las propias. Esa tergiversación intelectual es frecuente en el profesional promedio argentino. En muchos casos el sesgo de confirmación lleva a ignorar completamente las ideas contrarias, haciendo que sólo tengan un punto de vista. Aprendieron y siguen firmes con Milton Friedman como la única forma válida para teorizar en economía, quien establecía que los teóricos no debían preocuparse por el realismo de las hipótesis que emplearan, sino por su capacidad de predecir. Aun peor, si esto fuera real, porque no pegan una.

Nada nuevo bajo el sol

El ascenso de esa forma de teorización positiva desembocó casi de manera imperceptible en una deriva normativa, que se exportó a todo el mundo a través de la serie de TV “Free to chose”, producida por Anthony Jay y emitida por las televisiones públicas estadounidense (PBS) y Británica (BBC) en 1980. El mundo estaba entonces al corriente de un boom de neoliberalismo liderado por Margareth Thatcher y Ronald Reagan. En estas series se exponían las bondades del mercado y se advertía contra las injerencias del Estado. Consignas como: “Desregulación o miseria”. El Instituto de Economía de Mercado (IEM) de España, bajo la dirección de Pedro Schwartz, le compró a la BBC los derechos y los vendió a RTVE. La serie se emitió bajo el titulo “Encuentros de Libertad” en 1982, al tiempo que viajo a España Milton Friedman a misionar su doctrina, que ya tenía ensayada en Chile, Argentina y Uruguay.

Como aprendimos de Sampedro, no nos cansemos de recordar que la economía es una ciencia social. Que esta es una verdad antedicha, pero olvidada permanentemente con consecuencias catastróficas por los más enaltecidos exponentes del status quo. Los jóvenes profesionales y universitarios deben saber que todo conocimiento económico, ajeno a un enfoque social de reflexión, no pasa de ser un recurso instrumental, sin perjuicio de que como herramienta pueda ser muy valiosa. Una maquina no funciona como un animal, una planta, ni una sociedad. La economía no se puede pensar desde la ingeniería o la bilogía, como se intenta.

Esa aspiración inconsciente de hospedar a la economía en la situación indolente que la surcan los físicos y cientistas naturales, desemboca en la omisión de los aspectos sociales y espirituales. Recuerde que Adam Smith era un teólogo moral relevante de Occidente.

Sin embargo a través de los medios se instalo ese deslumbramiento de sus cultivadores con metodologías inadecuadas y graves consecuencias como las que hemos visto. No es lo mismo lo mecánico, biológico o social. Si acepto esta proposición, tengo que ponerme a pensar acerca de lo que he aprendido en la universidad y, eso es lo que en muchos casos el sesgo de confirmación lleva a ignorar. Es grave darse cuenta que no se puede estudiar la realidad social con instrumentos conceptuales únicamente aptos para analizar sistemas mecánicos o cuestiones biológicas. Lo mecánico no se transforma con el transcurso del tiempo, los movimientos se repiten. Lo biológico, nace se desarrolla y muere. En cambio las sociedades varían en forma imprevisible, porque se auto transforman. Pensar el desarrollo social como el funcionamiento de una maquina o la trayectoria biológica es desatinada.

Las universidades y el poder constituido

¿Porque las universidades siguen enseñando lo mismo? En primer lugar por la atracción intelectual de los métodos matemáticos, que inspiran al científico a experimentar la confortable sensación de estar manejando verdades precisas y descubriendo nuevas invulnerables cadenas de razonamiento. Hay que reconocer que es una tentación grande. La matemática suele ser más divertida que la “playstation 5” para los que estudiamos ciencias económicas. En segundo término, la cuestión no es tan inocente como la primera, tiene que ver con la naturalización y legitimación de un sistema social de mercado, beneficioso para el establishment mundial. Se conduce automáticamente a que el mercado es el mejor asignador de recursos, lo cual no sería cierto ni siquiera en la hipótesis más difundida, “la competencia perfecta”-nunca verificada-, pues el ajuste de la oferta y la demanda puede dar lugar a que los ricos coman cinco bifes de lomo por día y los pobres no prueben un trozo de carne en un año.

Todo esto que es tan trivial, no se interprete como desdén, es mas; admiramos la eficacia expositiva y la capacidad de decorar con un gran aparato científico ciertas verdades parciales, en el fondo triviales. Pero es lamentable ver ese ingenio consagrado a esconder lo fundamental, a fuerza de enceguecer el sentido común con cuestiones accesorias y derivadas. Pues bien el dogma monetarista no solamente es un escandaloso ejemplo de ignorar que la ciencia económica es social, sino que llega a alcanzar extremos indignantes para cualquier cristiano. Tal es la colonización mental de la teoría económica anglosajona en la Argentina, que si no fuera así, alguien se preguntaría-antes de soltar una carcajada-la crueldad del sarcasmo que titula Friedman: “Libertad de elegir”. Una verdadera crueldad. Como si un habitante de la villa 31 pudiera, elegir vivir en el tugurio nada más que por su condición bohemia.

Sin dinero no hay elección posible. La libertad de elegir del pobre es entre algo poco valioso o nada. El mercado no es un desastre en absoluto, el problema es el anacronismo histórico y, por lo tanto un mal relativo de nuestra época y principalmente de nuestro país. Basta recordar que prevaleció ante el feudalismo, liberando creatividad pero legitimando el poder del dinero frente al poder feudal, apoyado en posesión de la tierra.

Fake Science

Los macroecolobbistas y perioecolobistas defienden la economía de mercado como un orden natural, permanente, propio de una sociedad optima, y eso es “fake science”. La falta de sentido histórico de la economía convencional es una idea presente de la necesidad de una visión histórica para interpretar correctamente la realidad social.

Pero no creemos necesario persuadir a nadie que la teoría económica convencional se encuentra en crisis, desconcertada desde la quiebra de Lehman Brothers y agravada por el Covid-19, acudiendo activamente a la solución keynesiana frente al desempleo y la recuperación de la economía.

Esto solo se resuelve con una nueva teoría que nos saque adelante del anacronismo ligado al sistema de mercado, hoy tan inaceptable como la reducción del hombre al “Homo eonomicus” y la creencia religiosa-contraria a Dios mismo-en una mano invisible que establece el orden permanente. Esa reflexión nos lleva a sospechar que son los intereses del establishment los que deciden que es lo que se estudia, y permiten la supervivencia de estas fundamentaciones gravitantes en el subconsciente del campo del pensamiento.

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