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18 de septiembre 2007 - 00:00

El ajuste de ella

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Días atrás, el Presidente comentó que su consorte y heredera lo critica porque gasta demasiado y que ella «no va a bajar de 4% de superávit». Razones no le faltan a la dama: de no mediar ingresos extraordinarios, el resultado fiscal de junio y julio hubiera sido deficitario. Hacia adelante, el prometido reacomodamiento «gradual» de tarifas puede acarrear una nueva oleada de subsidios. Por otra parte, en un marco de severa iliquidez internacional -que comprende también a Venezuela, por lo que no se podrá contar con la asistencia chavista- se necesitará de al menos u$s 7.000 MM para hacer frente a los vencimientos de aquí hasta fin del año próximo. Imposible pensar en financiarse internamente: esas necesidades representan 28% de todo el crédito bancario.

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Recuperar superávit fiscal por al menos 2% del PBI requeriría de un fuerte ajuste o reforma estructural, pero éstas son palabras prohibidas en el diccionario del neoprogresismo vernáculo.

Entonces, ¿cuáles son las opciones disponibles para recuperar la deseada solidez fiscal? No podrá consistir en un simple y cosmético recorte de partidas, porque para asegurar la sucesión en octubre se ha recurrido a un aumento estructural del gasto. No se ha tratado solamente de los habituales emolumentos preelectorales; la campaña del FPV se ha cimentado sobre un salto irreversible en el gasto público. Los haberes previsionales a pagar a todos los que pasaron al sistema de reparto y el otorgamiento de 1,3 MM de nuevas jubilaciones a quienes no cumplieron requisitos de aporte incrementan en forma permanente y progresiva el gasto estatal.

Quizá es por ello que se ha revitalizado la demanda de dólares por parte del público mientras que las transacciones entre bancos se triplicaron. Si bien en el mercado libre oficial se produjo un descenso, en el mercado libre paralelo -sin cuotas ni registro de las operaciones- el dólar se mantenía al cierre de la semana pasada en $ 3,20. Las reservas, por su parte, perdieron ya u$s 1.237 MM, sin contar las ventas a futuro. Y los depósitos a plazo fijo del sector privado, al momento del mea culpa presidencial, caían $ 1.350 MM desde el inicio de la crisis de liquidez.

A la vista de la experiencia histórica, la gente percibe que, vedado el camino para un ajuste por derecha, éste sólo puede ser disimulado bajo la forma de una nueva devaluación que licue la formidable suba operada en el gasto. Devaluación, una palabra inadmisible para el socialismo de Juan B. Justo pero tan cara a la nueva seudoprogresía afín a la candidata de la Unión Industrial.

En un contexto ilíquido, y en el que los tenedores se desprenden de Lebac forzando al BCRA a reiterados rescates de esos papeles, la deuda cuasi fiscal debe incorporarse a la base monetaria ampliada, llevando el respaldo de las reservas a un dólar por cada $ 3,46. Si agregamos un margen adicional por riesgo, podemos apreciar un posible recorrido del tipo de cambio.

Por el lado de los ingresos públicos, la presión tributaria ha alcanzado niveles sin precedentes. Pero deslumbrados por la renovada suba de los commodities agropecuarios, e ignorantes del seguro impacto sobre los mismos de una retracción del comercio global, un aumento de las retenciones ocupa un lugar central en el recetario K.

Fideicomisos y organismos descentralizados son otros candidatos obligados a la hora de auxiliar la ortodoxia matrimonialista. En estas circunstancias, casi $ 14.000 MM de la ANSeS corren serio peligro de apropiación por parte del Tesoro.

No es ajena a estas necesidades la nueva ofensiva sobre el régimen de retiro de las Fuerzas Armadas y la Gendarmería. Más allá de arrasar con uno de los últimos bastiones castrenses, el revanchismo aportaría otros $ 2.600 MM sobre los cuales echar mano. No poca cosa si de despilfarrar se trata.

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