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29 de septiembre 2026 - 12:22

El dilema de los tokens: la factura pendiente de la IA

Hoy las suscripciones de IA están subsidiadas. Cualquiera que pague u$s20, u$s100 u$s200 por mes recibe bastante más procesamiento del que podría comprar por API con esa misma plata.

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De momento, la tarifa plana compra hábito e información sobre cómo se usa realmente la tecnología, y las dos cosas hoy valen más que el margen. 

El pasado lunes 14 de septiembre, miles de personas que pagan u$s100 o u$s200 por mes por una herramienta de inteligencia artificial descubrieron que su cuota semanal rendía menos que la semana anterior.

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Nadie anunció un aumento. Anthropic dio de baja un refuerzo temporal del 50% sobre los límites de uso de Claude Code y lo reemplazó por un aumento permanente del 25% sobre la base original.

Hoy las suscripciones de IA están subsidiadas. Cualquiera que pague u$s20, u$s100 u$s200 por mes recibe bastante más procesamiento del que podría comprar por API con esa misma plata.

Esa diferencia no es un error de cálculo sino una decisión comercial donde se van moviendo los ratios tokens por suscripción buscando mantener la adherencia de usuarios dando lo menos posible.

De momento, la tarifa plana compra hábito e información sobre cómo se usa realmente la tecnología, y las dos cosas hoy valen más que el margen. Mientras dure la carrera por instalarse, conviene perder plata con los usuarios intensivos.

Nuestra parte del subsidio

Lo que casi nunca aparece en el debate local es si Argentina va a ser o no el tercer hub del planeta en inteligencia artificial. Nunca hubo una transferencia de capacidad tecnológica hacia países como el nuestro tan grande, tan rápida ni tan barata. Beneficio inconmensurable de la globalización.

Un estudio contable que clasifica comprobantes sin que nadie los toque, una distribuidora que ordena automáticamente los pedidos que le entran por WhatsApp, o una firma de creativos de 2 años de vida que factura en el exterior son casos concretos. Ninguno de estos casos tiene un contrato empresarial, ni equipo de datos, ni alguien que les negocie condiciones. Tienen una o dos suscripciones personales y una solución chica hecha a medida que funciona.

Eso es exactamente el segundo y tercer eslabón de la cadena de valor que describe Juan O'Farrell en el dossier de IA y trabajo que publicó recientemente: no entrenar modelos de base, sino adaptarlos e integrarlos en productos concretos. Es, con distancia, donde la Argentina tiene más para capturar.

El problema es que ese eslabón se está construyendo sobre una tarifa que no controlamos y que puede cambiar cualquier lunes a la mañana, sin aviso y sin contrato de por medio.

En este contexto, hay preguntas que conviene hacerse ahora: ¿va a seguir bajando el precio por API? Sí, casi con seguridad. El costo de procesar un token cayó de manera brutal en 3 años, y la competencia asiática y los modelos abiertos le pusieron un techo. Pero eso responde poco, porque el precio publicado nunca fue el problema.

¿Van a achicar lo que dan por suscripción? Ya lo hicieron, en las dos direcciones, varias veces en menos de un año. Pero, cabe destacar, nadie publica cuántos tokens entran en un plan. Se venden multiplicadores, "cinco veces", "veinte veces", sin ninguna unidad de medida detrás.

Es un servicio facturado por consumo donde el proveedor fabrica el medidor, define cuánto consume cada tarea y decide cuándo cambia la escala. En junio, esa opacidad ya derivó en una demanda judicial en Estados Unidos por los límites de uso del plan Max. La luz, el gas y el agua tienen un ente que controla el medidor. Esto, no.

Y la tercera pregunta, que es la más preocupante, ¿y si después no nos queda otra que pagar? Cuando el ajuste llegue del todo va a venir por 3 vías, y 2 ya empezaron. Publicidad para los planes gratuitos y baratos, que ChatGPT incorporó en enero. Cuotas más chicas por el mismo precio. Y precios segmentados, con el uso profesional empujado hacia el medidor. Quien haya montado el corazón de su operación sobre una tarifa plana va a enterarse de golpe del costo real de su propia automatización. Y en dólares.

Desafíos de cara al futuro

Para una empresa local que ya construyó algo que funciona hay 3 cosas razonables para hacer este trimestre, y ninguna es dejar de usar la inteligencia artificial. La primera es medir, calcular cuánto costaría hoy, a precio de API, lo que se está pagando con una suscripción de u$s20. Ese número es el costo real de la operación y no lo va a calcular nadie por nosotros.

La segunda es diseñar para poder mudarse. Que el proveedor sea una pieza reemplazable y no el cimiento. Hay modelos abiertos que corren por centavos y alcanzan de sobra para clasificar, ordenar y extraer información, que es buena parte de lo que una pyme necesita.

La tercera es la más difícil de aceptar: no construir el negocio entero dentro de la interfaz de otro. Cualquiera que trabaje en esto ya vio la película. Una función que hoy es un producto vendible, en 3 meses viene incluida de fábrica en la herramienta del proveedor, gratis y para todos.

Empezamos a medir trabajo, costos y productividad en una unidad cuyo precio no fijamos y cuyo consumo no podemos auditar. Esto no se arregla mirando la lista de precios, que además va a seguir bajando. Se arregla sabiendo, antes de que llegue la factura completa, qué quedó construido de este lado.

Cofundador y Director de Renaiss

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