En el campo, las transformaciones se filtran en la rutina de a poco. Aparecen cuando alguien empieza a mirar el lote desde una pantalla, cuando una decisión se toma con un dato que antes no existía, o cuando una alarma avisa que algo cambió en el cultivo. Todo eso que llegó a ser novedoso, ahora forma parte del paisaje. Hoy, la inversión en AgTech avanza, pero la disponibilidad de talento para usar esas herramientas no siempre está emparejado con la demanda.
El futuro del agro: el campo se transforma, pero el talento define el resultado
Argentina tiene 431 startups AgTech activas y 18 millones de hectáreas monitoreadas en tiempo real. Pero la brecha de talento frena la adopción de tecnología en el campo.
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Hoy, la inversión en AgTech avanza, pero la disponibilidad de talento para usar esas herramientas no siempre está emparejado con la demanda.
El ecosistema AgTech de la región creció y eso se puede ver a través de la agricultura de precisión, la biotecnología aplicada, el monitoreo satelital, la inteligencia artificial para predicción de plagas y rendimientos y la gestión de datos en tiempo real, entre otros fenómenos. El informe AgTech 2025 confirma que el ecosistema de Argentina creció hasta reunir 431 startups activas. Es un salto enorme para un país que siempre fue fuerte en producción, pero que ahora también empieza a destacarse en innovación aplicada al agro. Además, unas 18 millones de hectáreas (aproximadamente 47% de la superficie sembrada) están bajo monitoreo en tiempo real, lo que indica una rápida expansión del uso de tecnología digital en el manejo de cultivos.
Por eso, las búsquedas de talentos en este rubro se están volviendo cada vez más específicas y más complejas. Eso se refleja en roles que hace apenas diez años ni siquiera existían en nuestro vocabulario: Agrónomo Digital, Especialistas en Agricultura de Precisión, Bioinformático Agrícola, Responsable de ESG Agro, Gerente de Datos Agroindustriales, Líder de Vinculación AgTech, Gerente de Transformación Digital Rural. La demanda en el sector es real y se necesita gente capacitada que pueda cubrirla.
A esta brecha técnica se suma un desafío silencioso, pero igual de importante: la adaptación cultural. Las tecnologías inteligentes están cambiando la forma de trabajar en el campo. En un estudio reciente publicado en Technological Forecasting & Social Change, investigadores observan que a medida que se comienzan a usar tecnologías de agricultura inteligente se automatizan tareas físicas y se transforma el trabajo en el campo, ya que se requieren más habilidades relacionadas al análisis de datos, configuración de sistemas y toma de decisiones basadas en información técnica. Este cambio redefine el perfil profesional del agricultor moderno.
Por eso, hablar de agro 4.0 no es hablar solo de innovación, es hablar de personas. No sirve tener maquinaria inteligente si nadie puede calibrarla. No sirve acumular datos si no hay profesionales que sepan convertirlos en decisiones agronómicamente válidas. La tecnología, sin talento capaz de sostenerla, se vuelve un gasto en vez de una inversión.
Sin embargo, la solución no es tan simple como “capacitar más”. La capacitación tiene que ser pertinente y realista. Existen programas que muestran la posibilidad de formar jóvenes en tecnologías aplicadas al agro pero también en sostenibilidad, buenas prácticas, manejo responsable de datos entre otros. Un ejemplo de ello es +Agro+Futuro 2025, impulsado por Bayer junto con universidades y organismos regionales.
A todo esto se suma el fenómeno de la cohesión generacional. Jóvenes talentos con habilidades digitales que no siempre encuentran condiciones laborales atractivas para quedarse en el campo. Técnicos experimentados que manejan la agronomía con gran intuición, pero que necesitan apoyo para incorporar herramientas nuevas. Entre ellos forman equipos que deben aprender a trabajar con lenguajes diferentes.
De esta manera, el campo está entrando en una nueva etapa. Una etapa donde la agronomía clásica convive con la ciencia de datos y el manejo por ambientes dialoga con la biotecnología. La planificación de campaña se apoya tanto en la experiencia como en los modelos predictivos. Las decisiones no solo se basan en productividad, sino también en trazabilidad, sustentabilidad y eficiencia del uso de recursos.
Esta transformación es inevitable. Pero para que sea positiva, hace falta una estrategia clara. Hace falta invertir más en formación e integrar mejor a productores, técnicos, universidades y empresas tecnológicas. Sobre todo hace falta reconocer que el verdadero cuello de botella no es la tecnología, sino el talento capaz de hacerla parte de la vida productiva.
Director asociado de Glue Executive Search
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