El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película "Wall Street", quien analiza el fuerte incremento, de más de 8%, que evidenciaron los precios del petróleo durante la semana pasada. "El mundo se las arregló -con el petróleo por encima de u$s 120- para convivir sin resbalar de la cornisa", asevera.
Periodista: El barril de crudo trepó más de 8% esta semana. Goldman Sachs, que tres años atrás predijo que alcanzaría los u$s 100, ahora redobla su apuesta. Desliza u$s 200 como blanco posible. ¿Adónde nos lleva este vértigo? ¿A la enésima burbuja? ¿O a reconocer una nueva realidad de escasez?
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Gordon Gekko: Mi impresión es que los dos caminos comparten el mismo trazo. En este tramo, al menos.
P.: Pero es la especulación la que tomó el mando. ¿O la falta de petróleo disponible?
G.G.: La especulación conduce. Nadie más puede pisar tan a fondo el acelerador. Pero no maneja a ciegas. Se monta sobre las limitaciones de la oferta, que son reales y perceptibles.
P.: Es muy arduo justificar un avance de 8,4% en una semana por razones de escasez cuando los inventarios comerciales de los EE.UU. están en los niveles de costumbre para esta época del año. Y esta semana, además, subieron.
G.G.: Piense que, desde agosto, cuando estalló la crisis financiera, y el barril declinó en forma fugaz, a u$s 70, los precios del petróleo aumentaron 80%.
P.: Con más razón todavía. ¿No es una efervescencia impresionante? ¿O me va a decir que es la demanda inagotable de China?
G.G.: Mire, el último año de consumo mundial desbordante fue 2004. Cuando su crecimiento traspasó 4%. Desde entonces, la evolución nunca superó 1,7% por año. La proyección para 2008 es 1,5%, con China incluida, cuya demanda, dicho sea de paso, ya no se expande a dos dígitos tampoco. Aumentará menos de 5% este año.
P.: Si la demanda mundial no deslumbra, será culpa de una oferta en franca caída.
G.G.: Los precios del crudo, en los últimos diez años, se multiplicaron por diez. Y el consumo no cede. Subieron 80% desde agosto y, sin embargo, descontamos que la demanda se las arreglará para crecer 1,5%. Es muy impresionante.
P.: ¿No responde a los precios?
G.G.: Es muy inelástica. La gente, el transporte, las industrias prefieren recortar otros gastos.
P.: Es totalmente inelástica. La demanda ni siquiera se frena.
G.G.: No tanto. Pero, como es sensible también al nivel de actividad y de ingresos, allí encuentra soporte.
P.: El estancamiento de los EE.UU. ni siquiera la rozó...
G.G.: Hay un mercado global, y el mundo, en su conjunto, no dejó de expandirse. En los EE.UU. la demanda caerá, probablemente, en medio millón de barriles diarios, 1,5%. En los países desarrollados -EE.UU., Europa y Japón-el consumo de petróleo ya es menor que en 2005 y retrocederá de nuevo durante el año en curso.
P.: Es el nuevo mundo el que empuja: China, India y las demás economías emergentes.
G.G.: Explican 112% del aumento esperado de la demanda global para 2008. Aquí la tesis del «desacople» es la que rige.
P.: Como sea, ¿basta un incremento pequeño de la demanda mundial para justificar el frenesí de los precios? Usted sugirió que, más bien, hay que hurgar en la oferta.
G.G.: La oferta tiene un papel más importante. En buena medida porque la respuesta de la demanda no se desvía tanto de lo que uno podía pensar a priori. Con tamaño salto de precios, con la permanencia de las altas cotizaciones, uno esperaría, a esta altura, tras varios años de vigencia, un torrente de nueva producción.
P.: Que no aparece. Por ningún lado. ¿O es el cartel petrolero el que le puso candado y lo retiene bajo llave?
G.G.: Fuera de la OPEP, seguro que no hay oferta neta adicional. La OPEP podría aumentar la producción en el margen. Pero, dicen los que saben, más como efecto por única vez que como resultado de una avalancha continua de nuevas fuentes de extracción. Sabíamos que oferta y demanda eran muy inelásticas en el corto plazo. Pero ya estamos en el mediano y la oferta no responde.
P.: Los nuevos descubrimientos -que los hay en abundancia desde el mar del Caribe hasta Brasil-suponen el uso de tecnologías mucho más onerosas.
G.G.: Aquí es donde la especulación puede pisar tierra firme. Bastaría una recesión mundial para arrasar con los altos precios, de un plumazo. Pero si usted no deja que los bancos quiebren, si baja las tasas de interés lo que haga falta para estabilizar las condiciones financieras y el nivel de actividad, quiérase o no, apuntala el escenario compacto de demanda sostenida de la energía y dificultades crecientes de la oferta para seguirle el paso. Si el costo marginal trepa en forma vertical, la brecha entre los precios sugeridos por los fundamentos y los anticipados por la especulación se acorta.
P.: ¿Esto pavimenta el camino para un barril de u$s 200? ¿O es sólo una plataforma de lanzamiento de una gigantesca burbuja?
G.G.: Si a uno le hubiesen dicho, seis o siete años atrás, que el barril de crudo iba a costar u$s 120, hubiera imaginado una tremenda recesión o una gran inflación. El mundo se las arregló para convivir con ambos riesgos, pero sin resbalar de la cornisa. Mientras ello sea así, las dos preguntas que me hace admiten respuesta afirmativa. Si esos riesgos potenciales se corporizan; cualquiera de ellos, una recesión de envergadura o una inflación que exija tomarla por las astas, ahí es dónde se acaba la película.