El temor a deflación es lo que tortura a mercados de crédito
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Así, en su frenesí tosco pero pertinaz, la crisis obliga a revisar en profundidad la arquitectura del crédito. El énfasis en estructuras esbeltas de gran altura y poca base de capital cede ante la fortaleza de los vientos que soplan a destajo. Las graves fallas de cálculo estructural que el estrés continuo deja al descubierto dictan una vuelta al pasado: contra el reloj de la historia, se viaja del gótico al románico. Las preferencias favorecen ahora construcciones más compactas. No todos, por supuesto, logran transformarse ni sobrevivirán al cambio. Pero el proceso de desendeudamiento forzado, de reduccióndel «leverage», avanza a paso redoblado. Y su dinámica realimenta las perturbaciones. Que Peloton desmontara de apuro, arruinó las condiciones -ya de por sí muy ajadas- del ilíquido mercado de estructuras subprime. La cesta de instrumentos AAA (emitidos en el primer semestre de 2007) da cabal testimonio. Es oportuno recordar que cotizó a 80% de la par luego del anuncio de la iniciativa de congelamiento de tasas de interés en las hipotecas ajustables en noviembre último y que supo defender un valor de 75% a mediados de enero (tras la batería de recortes de tasas de la Fed). Con fortuna hoy se cerraría una transacción a 58%. Los tramos AA -también presentes en el menú indigesto de Peloton- comenzaron febrero a 35% y se han hundido a 22%. Sobre llovido, mojado: el rumor insistente, en los últimos tres días, de que UBS, el coloso financiero suizo, habría convenido la venta de su cartera de hipotecas Alt-A (una categoría non prime, un escalón por encima del subprime) a la administradora de bonos Pimco con un descuento de 30% no calma los nervios. En sus resultados al cuarto trimestre, esa posición sumaba 26 mil millones de dólares. Si bien Pimco desmintió la especie como una «exageración», no borró su carácter verosímil.
Presionado por los activistas que rechazan la licuación por la vía de nuevas suscripciones de acciones, el banco suizo podría optar por un recorte abrupto de sus posiciones vulnerables, tomando las pérdidas de frente y fortaleciendo su dotación de cash. En definitiva, el tiempo dirá si la operación se realizó o no, o si se trata, más bien, de la liquidación de garantías de terceros (igualmente probable).
El principal interrogante es otro: dónde anida la demanda capaz de absorber los riesgos que hoy exceden a los intermediarios financieros. Demanda que se piensa más sólida ya que, al desembarcar en plena crisis, conocerá de antemano la crudeza de la situación. Aunque la experiencia Peloton recuerda que la historia no trata bien a los pioneros. Lo más notable es que la versión UBS/Pimco resulte creíble cuando, de hecho, una cartera Alt-A cotiza a 84% y no a 70%.
Ocurre que un descuento tan pronunciado rima con la convicción de que habrá que escarbar aun más en las cotizaciones para convencer a los jugadores con espaldas a entrar al ruedo. En definitiva, la inflación de las materias primas no penetra en los mercados de crédito. Aquí el efectivo es rey y son las presiones deflacionarias las que no dejan conciliar el sueño.



