La pregunta del millón es quién va a presidir los Estados Unidos. Otra forma de abordarlo es tomar algún atajo, saber de antemano quién es quién.
La grieta elige presidente en Estados Unidos
Dos candidatos diametralmente distintos que representan intereses completamente diferentes. ¿Qué tipo de norteamericano ganará por mayoría? ¿El rural? ¿El urbano? ¿El xenófobo? ¿El amigo del establishment? ¿Qué lado de la grieta se quedara con la Casa Blanca?
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Tras el desastre de la presidencia de George Bush hijo, el partido republicano cayó en desgracia. Luego de la guerra contra Irak y sus múltiples consecuencias, no le costó mucho a los demócratas volver al poder y con una figura tan carismática como Barack Obama se fortalecieron.
Sin embargo, el primer presidente de raíces afroamericanas no cumplió las expectativas. En el 2009, Obama presentó una serie de atrevidas propuestas para acelerar la recuperación: grandes estímulos fiscales, el rescate automotriz y más. No funcionaron de la manera en que se vendieron. La economía estadounidense cojeaba débilmente hacia adelante, dejando a millones sin trabajo.
En 2010 agregó una medida más a la mixtura: una reducción parcial a los impuestos sobre la nómina incluido como parte del acuerdo que renovó las reducciones de impuestos de Bush. Esta medida fue bienvenida, incluso siendo tardía. Pero fue pequeña (dos puntos porcentuales de los 12.6% que pagan los trabajadores y empleadores) y fue contrarrestada casi inmediatamente por el alza en los precios del petróleo tras la denominada Primavera Árabe. El alza quitó a los trabajadores cada uno de los 110 mil millones de dólares que se había ahorrado con la reducción de los impuestos sobre la nómina.
La crisis inmobiliaria de 2008 seguía repercutiendo en la vida social y económica de los norteamericanos, quienes perdieron sus casas y sus trabajos. Fue una crisis que dejó afuera del poder a Obama y a los demócratas. De aquí viene Joe Biden.
En este contexto llega Donald Trump, la peor y mejor alternativa republicana para volver a la Casa Blanca. Trump no es un loco suelto. Surgió como un emergente semitardío del fenómeno antisistema y soberanista que se extendió por Europa desde el año 2008 con la anterior crisis. El magnate norteamericano fue uno más en la tendencia nacionalista global que respondió a aquel desastre económico, y particularmente a la exclusión social que potenció, por izquierda y en especial por derecha con multitud de líderes fanáticos y mesiánicos anti sistema.
Trump fue la imagen del sueño americano, rememoró las “buenas tradiciones” del pueblo de EE.UU. Por otro lado, Hillary Clinton. Aunque suene repetido no era una buena representante de los intereses del interior rural del país, quizás los más golpeados por la crisis inmobiliaria del 2008.
Durante su campaña, para millones de votantes enojados la demócrata se convirtió en el rostro de la política en crisis de EE.UU. Los estadounidenses dejaron de confiar en una candidata que pronunciaba discursos pagados por Goldman Sachs y que utilizaba su fundación para tejer una oscura red de contactos.
Esta situación dañó a los Clinton, no sólo porque la investigación del FBI tuvo lugar en el peor momento posible y finalmente llegó a un punto muerto, sino también porque reforzó la noción de que los Clinton creen que están por encima de la ley.
¿Qué ocurrió durante la presidencia de Donald Trump? La retirada del Acuerdo de París en sus primeros seis meses fue solo el preludio de la salida de otros acuerdos internacionales. Trump ha abandonado el acuerdo nuclear con Irán, la Organización Mundial de la Salud en plena pandemia del coronavirus, la UNESCO o el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y, en ocasiones, ha contradicho a sus aliados. Al mismo tiempo, ha apostado por la salida de las tropas de Afganistán e Irak, ha recurrido al diálogo con Corea del Norte y ha logrado restablecer las relaciones de Israel con países del Golfo Pérsico.
El balance económico de su gestión no es para desmerecer. Su recorte de impuestos y el programa de desregulación que puso en marcha han dispararon la confianza empresarial a su punto más alto en 40 años. La economía crece a buen ritmo y genera puestos de trabajo, lo que ha llevado la desocupación al mínimo de 3,7 por ciento.
Sin embargo, esta buena performance se fue destruyendo a medida que la pandemia del coronavirus avanzaba sobre EE.UU. El país ha perdido millones de puestos de trabajo y la crisis económica en la que está inmerso no tiene parangón desde la Gran Depresión.
Hay un detalle de su gestión que en una contienda electoral tan cerrada, puede ser el dato que diga quién será el futuro presidente 46 de los EE.UU. La nominación de tres jueces para el Tribunal Supremo. La elección de Amy Coney Barrett garantiza un TS mayoritariamente republicano, con un 6 contra 3, lo que a la postre podría poner en serias dificultades cualquier medida que tomen los demócratas en la Casa Blanca en relación, por ejemplo, el aborto, a la cobertura sanitaria, a una mayor regulación de las armas o a los derechos civiles.
Biden tiene una larga trayectoria haciendo campañas electorales. Su carrera en Washington empezó en el Senado en 1973 y su primer intento de llegar a la presidencia data de 1987. Como vicepresidente de Obama en 2009 causó alarma entre los ciudadanos al decir que había un "30% de probabilidades de error" en su gestión de la economía.
Y es que quizá Biden fue afortunado de haber sido escogido como el compañero de fórmula del primer presidente negro, tras describirlo como "el primer afroestadounidense corriente que sabe expresarse, es brillante, limpio y bien parecido". Sin embargo, una aparición reciente en un programa de radio conducido por el presentador negro Charlamagne Tha God rápidamente derivó en un desastre, tras decir: "Si tienes problemas para decidir si me apoyas a mí o a Trump, entonces no eres negro".
El año pasado, ocho mujeres acusaron a Biden por toques, abrazos y besos inapropiados, mientras que la televisión estadounidense mostraba videos en los que se le veía saludando a mujeres en eventos públicos con gestos de mucha proximidad física, lo que -en ocasiones- incluía oler sus cabellos. En respuesta, Biden se comprometió a "tener más cuidado" en sus interacciones.
No obstante, el pasado marzo, Tara Reade denunció que él la puso contra una pared y la agredió sexualmente hace 30 años, cuando ella trabajaba como asistente de su oficina en Washington.
El ciudadano norteamericano sigue atravesado por el recuerdo del “sueño americano”, es parte constitutiva del sujeto cultural sea cual sea su origen de nacimiento. Inconscientemente, es un aspiracional por alcanzar. La resignificación contemporánea de ese slogan estuvo atravesada por la versión más violenta y racista de la grieta.
Dos candidatos diametralmente distintos que representan intereses completamente diferentes. ¿Qué tipo de norteamericano ganará por mayoría? ¿El rural? ¿El urbano? ¿El xenófobo? ¿El amigo del establishment? ¿Qué lado de la grieta se quedara con la Casa Blanca?




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