El autor estadounidense Adam Przeworski nos recuerda que un elemento basal de la democracia está dado por la “épica de los perdedores”: esto supone la aceptación, por razones de índole normativa o estratégica, de los resultados electorales adversos. Sin embargo. en los últimos años se ha advertido un creciente nivel de desconocimiento de los resultados electorales que ha tenido traducción en la erosión de ese acuerdo básico sobre la democracia; vamos a definir esta fenómeno como el “Síndrome del Mal Perdedor”.
¿Cómo podríamos caracterizar este síndrome?
En primer lugar, quien lo sufre no acepta (o rechaza de manera explícita) los resultados electorales; en segundo término, tiende a la manipulación de las instituciones como expresión del desconocimiento del resultado electoral desfavorable y tercer lugar incumple de los ritos y protocolos resultantes: Hugo Chávez Frías en 2007, Nicolás Maduro y Cristina Fernández de Kirchner en 2015, Evo Morales en 2016, Donald Trump y Keiko Fujimori en 2021 y Jair Bolsonaro en 2022 han incurrido en todas o en alguna de las prácticas descriptas.
En el año 2007 se produjo en Venezuela un referéndum sobre la posibilidad de introducir, entre más de 60 reformas propuestas a la constitución de 1999, la reelección indefinida. El resultado fue la primera y única derrota de Hugo Chávez: la reacción del mismo no solo consistió en una despectiva consideración del mismo sino en una nueva convocatoria llevada a cabo el año 2009 que permitió introducir finalmente la cláusula de la reelección indefinida. Su sucesor Nicolás Maduro no solo describió la victoria de la oposición en las elecciones legislativas de 2015 como una “victoria de la oligarquía” sino además procedió a desplegar toda una serie de políticas tendientes a neutralizar el funcionamiento de la electa Asamblea Nacional.
En Argentina, la entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner no asistió a la entrega de los atributos de mando a su sucesor Mauricio Macri el 10 de diciembre de 2015 con el controversial argumento, expuesto años después en su libro Sinceramente, de no asistir a un “Acto de capitulación” ante un exponente de la “derecha neoliberal”: Sinceramente, sincericidio.
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Mauricio Macri el día que asumió como Presidente de la Nación.
NA
Al año siguiente y luego de una ajustada derrota en un plebiscito convocado por el oficialismo, el entonces Jefe de Estado de Bolivia Evo Morales desconoció el resultado y decidió apelar ante el máximo tribunal del estado que respaldo el reclamo del ex presidente, invocando el argumento del derecho a la reelección indefinida como un “derecho humano”. El huevo de la serpiente, que culminó con la crisis y renuncia de Evo Morales en 2019 en polémicas circunstancias, ya estaba incubado en 2016.
El síndrome, por cierto, no solo afectó a jefes de estado de democracias emergentes: el comienzo del año 2021 sorprendió al mundo con el intento de autogolpe por parte del ex presidente Donald Trump en los Estados Unidos bajo la premisa de que las elecciones presidenciales habían sido de carácter fraudulento; el episodio incluyó la frustrada toma del capitolio con el propósito de intentar evitar el proceso de consagración de Joseph Biden como nuevo presidente de las EUA.
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Gentileza: Sydney Morning Herald
En el mismo año 2021 la candidata Keiko Fujimori formuló severas impugnaciones al proceso electoral que consagró a un desconocido Pedro Castillo como presidente de Perú.
El presidente de Brasil Jair Bolsonaro, si bien inicialmente manifestó su compromiso de iniciar el proceso de transición constitucional, no reconoció de inmediato su derrota a la fecha y ha impulsado una serie de denuncias sobre el funcionamiento de las urnas en particular durante el ballotage contra Lula Da Silva, quien finalmente se impuso en las urnas.
El mal perdedor y quienes sufren este síndrome parecen ser ideológicamente imparciales en nuestra región.
Politólogo. Profesor Asociado Regular en Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad de Belgrano (UB). Director del proyecto de investigación-Coordinación académica- Elaboración presupuestaria-Gestión editorial.
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