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18 de agosto 2026 - 13:35

Enseñanzas de La Odisea: Ninguna estrategia sobrevive intacta al viaje

Más allá del estreno de la nueva adaptación cinematográfica de Christopher Nolan, el relato de Homero sigue ofreciendo una de las mejores metáforas sobre cómo se construye una estrategia en escenarios inciertos.

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La estrategia consiste en aceptar que el viaje nunca será como fue planeado.

Toda estrategia comienza con un destino claro, pero a medida que vamos avanzando es muy complejo sostenerlo si el camino cambia una y otra vez. En la práctica, las organizaciones descubren que planificar es relativamente sencillo en comparación con la capacidad de adaptarse sin perder el rumbo.

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Eso es lo que vuelve tan vigente a La Odisea. Más allá del estreno de la nueva adaptación cinematográfica de Christopher Nolan, el relato de Homero sigue ofreciendo una de las mejores metáforas sobre cómo se construye una estrategia en escenarios inciertos.

Odiseo parte con una única misión: regresar a Ítaca. Sin embargo, nada de lo que ocurre durante el viaje responde al plan original. Tormentas, naufragios, enemigos inesperados, decisiones equivocadas y pérdidas constantes transforman una travesía que debía durar semanas en un recorrido de veinte años.

En los negocios sucede algo parecido. Las empresas diseñan planes y fijan metas a tres o cinco años. No obstante, basta una crisis económica, una innovación tecnológica, un cambio regulatorio o un nuevo competidor para que ese plan deje de parecerse a la realidad. La estrategia, entonces, deja de ser un documento fijo para convertirse en una serie de ajustes permanentes.

Cabe destacar que existe una diferencia fundamental entre cambiar de estrategia y abandonar el propósito. El objetivo de Odiseo nunca se modifica. Lo que cambia, una y otra vez, es la manera de alcanzarlo. La flexibilidad es una condición necesaria para seguir avanzando sin perder la dirección original. Las organizaciones más resilientes entienden esa diferencia. Conservan una dirección clara, pero aceptan que los detalles deberán revisarse tantas veces como el contexto lo exija.

A su vez, Odiseo fue un estratega extraordinario, pero eso no significa que haya sido siempre un gran líder. La distancia entre ambas cosas es más importante de lo que suele reconocerse en el mundo corporativo.

A medida que el viaje avanza, sus hombres comienzan a agotarse. El miedo y la frustración se acumulan después de años sin regresar a casa. En más de una ocasión desobedecen órdenes y simplemente dejan de confiar. Solemos interpretar esos episodios como errores de la tripulación, pero también vale la pena preguntarse cuánto tuvieron que ver con un liderazgo incapaz de leer el estado emocional de su propio equipo. Sería ideal que toda estrategia pudiera cumplirse sin perder a nadie en el camino, pero la realidad muestra que los resultados suelen tener un costo humano que no siempre se mide con la misma precisión que los indicadores financieros.

Hace casi treinta años, el psicólogo estadounidense Daniel Goleman llegó a la conclusión de que los líderes más efectivos comparten un alto grado de inteligencia emocional. No se trata únicamente de tomar buenas decisiones, sino de comprender cómo esas decisiones impactan sobre quienes deben ejecutarlas y sostenerlas en el tiempo.

Quizás ese fue el punto ciego de Odiseo. Su inteligencia estratégica era excepcional. Sabía anticipar movimientos, resolver problemas imposibles y redefinir el rumbo cuando las circunstancias cambiaban. Sin embargo, en varios momentos del viaje, pareció no advertir que sus hombres ya no podían sostener el mismo ritmo.

Las empresas enfrentan hoy un desafío similar. Durante años se premió al líder que tenía todas las respuestas. Hoy empieza a valorarse a quien sabe formular las preguntas correctas, reconocer cuándo una decisión dejó de funcionar y modificar el rumbo antes de que el costo humano sea irreversible.

Tal vez esa sea la verdadera enseñanza que “La Odisea” tiene para el mundo de los negocios. La estrategia consiste en aceptar que el viaje nunca será como fue planeado. El liderazgo, en cambio, consiste en lograr que las personas quieran seguir navegando aun cuando el mapa haya dejado de servir. Llegar al destino es importante, pero la forma en que se llega, y con quiénes se llega, termina definiendo el éxito.

Managing Director de Stanton Chase

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