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Las declaraciones del vicepresidente electo y la llegada de Morales son, en realidad, el segundo acto de un cambio percibido hace 8 meses y escrito en esta columna de Informate más
«Bolivia no quiere jugar a los mercados energéticos con precios que le vienen determinados a partir de mercados distorsionados (como los de la Argentina) o donde existe poder de compra para bajar el precio (como los de Brasil) y que no reflejen el verdadero costo de escasez o de oportunidad del gas que posee. Así, aspira a precios en boca de pozo que triplican o cuadruplicanlos valores que hoy recibedel gas que vende a la Argentina (1 dólar por MM BTU). Otra vez espejitos de colores no, dice Bolivia. Si el gas en los mercados del Norte (sea en EE.UU. en el Mar del Norte) vale entre 7 y 8 dólares, el precio del gas boliviano argumentan que debería valer al menos la mitad. El defecto de este razonamiento es evidente: la comparación es totalmente artificial porque ignora que el gas no es perfectamente transable y que los mercados del Norte están integrados en transporte y más pegados a valores de sustitución de otros hidrocarburos. Explicar esto no es fácil y es probable que Bolivia se suicide jugando esta estrategia, si bien hay que trabajar para revertir la situación negociando. Porque el peligro es que si Bolivia se suicida, nosotros también si no tenemos una salida o solución alternativa».
El argumento de la nota era que iba a llegar el momento de que la Argentina empiece a reconocer la necesidad de sincerar sus precios y comenzar a trabajar sobre la demanda de gas con señales de precios realistas. El momento ha llegado, hace rato, para la Argentina. Hoy vienen a golpearnos la puerta para decirlo (en realidad, se lo habían dicho al gobierno argentino directa o indirectamente varias veces el año pasado).
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