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30 de octubre 2008 - 00:00

"Es acertada la reducción de tasas"

El especialista en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»- dijo que la decisión de la Fed de reducir la tasa de interés a 1% es acertada, como lo fue durante la gestión de Alan Greenspan. Consideró que el Banco Central Europeo debería copiar la medida y reducir las tasas un punto.

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PERIODISTA: Si todos los males que corporiza esta crisis tienen su raíz en la decisión de Alan Greenspan de llevar las tasas a 1%, ¿por qué habrá decidido Bernanke volver sobre esos pasos?

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Gordon Gekko: La historia no se repite con exactitud pero se comprueba que rima. No me sorprende que se apele a una receta parecida. La encrucijada es de la misma naturaleza.

P.: Sólo que la coyuntura actual es más grave.

G.G.: Tal cual. Aunque, en su origen, los problemas de 2000-2001 eran una amenaza de mayor envergadura que las hipotecas subprime.

P.: ¿Cree que es un error regresar al umbral de 1%?

G.G.: Pienso que no. Tampoco lo fue en su momento. Gracias a ello la recesión de 2001 fue sólo un percance suave.

P.: Pero nos compramos la gran recesión (¿o depresión?) de 2008.

G.G.: Eso no es cierto. Sí, es verdad que se alentó la efervescencia inmobiliaria.

P.: Y dado que los deudores hipotecarios de calidad refinanciaron sus préstamos, la industria se vio forzada a acudir a los de medio pelo y magros antecedentes.

G.G.: Nadie la forzó. No se le obligó.

P.: Fue una decisión voluntaria, desde ya. Pero así se montó el castillo de naipes de las hipotecas subprime.

G.G.: También hubo que flexibilizar las prácticas crediticias tradicionales. Crear productos que escalonaran el pago de intereses y otros que acumularon los riesgos de crédito peligrosamente hacia el futuro. Nada incontrolable para una buena supervisión.

P.: ¿No lo convence la historia de que los males se hubieran podido evitar si la Fed no hubiese manipulado las tasas de interés? Si no las hubiera empujado a 1%.

G.G.: Es una linda historia. Pero, si me pregunta, no fue así. Revise la cartera de hipotecas que le genera dolores de cabeza y verá que son préstamos posteriores a 2004. Cuando la Fed ya había retomado las subas de tasas. Ocurrió en los año del famoso «enigma» de las tasas largas de interés.

P.: Cuando la Fed elevó los tipos de corto, pero se mantuvieron los rendimientos de largo plazo.

G.G.: Correcto. Recuerde que no es la Fed la que dicta las tasas largas. Y, en forma independiente a la política monetaria, queda claro que hubo tiempo y herramientas específicas disponibles para atacar el problema.

P.: Cuando Alan Greenspan bajó las tasas a 1%, la razón oficial era el riesgo de caer en una deflación de precios. ¿No lo sorprende que, esta vez, no se cite el argumento en forma expresa?

G.G.: No se dice pero se piensa. Es incómodo para la Fed mudar su posición de un extremo a otro. Hasta un par de reuniones atrás lo que enarbolaba era la amenaza de inflación.

P.: La crisis giró en redondo. Hay un antes y un después de Lehman Brothers. Del barril de petróleo en 147 dólares no quedan rastros.

G.G.: La Fed también pegó el volantazo. Pero es más lenta para cambiar el lenguaje oficial. Sin embargo, Fred Mishkin, quien fue gobernador del banco central hasta hace un par de meses, lo reconoció. La inflación puede caer a un nivel muy bajo, dijo. Y aseguró que se combatirá a pleno un shock deflacionario que es «más omnipresente que en la Gran Depresión». No lo dudo.

P.: Corea del Sur comenzó la semana con un corte inesperado de tasas de interés. La Fed y el Banco de China las rebajaron hoy (por ayer). ¿Viene el turno del Banco Central Europeo?

G.G.: Todo el mundo lo sabe. Trichet ya les avisó. Y el Banco de Inglaterra también se anotó en la lista.

P.: ¿Medio punto?

G.G.:
Tienen margen para gatillar un punto completo. Deberían usarlo.

P.: ¿Cómo impactará en el mercado de monedas? Usted es de los que sostienen que allí se libra la batalla más importante.

G.G.: Me parece que hoy por hoy pesa más lograr la estabilidad cambiaria que la merma, coordinada o no, de las tasas de interés de referencia. Y se notan progresos desde que el G-7, este lunes, emitió su comunicado de emergencia.

P.: El objetivo era moderar el yen. Pero también el dólar juega un rol crucial.

G.G.: Seguro. Y se consiguió apaciguar ambos frentes. Lo que, a su vez, calma las aguas de los mercados de activos de riesgo. Frena las liquidaciones a mansalva.

P.: La Fed decidió extender los canjes de divisas a Corea del Sur, Singapur, México y Brasil. Les ofrecerá hasta 30 mil millones de dólares a cada uno de ellos.

G.G.: Es una muy buena noticia. Y hará otro tanto con Nueva Zelanda.

P.: Más allá de la herramienta, es una decisión política impactante. La Fed les prestará dólares a cambio, por ejemplo, de reales o pesos mexicanos.

G.G.: La crisis aprieta y obliga a tomar riesgos. Uno sabe que la Fed conoce los problemas, en su naturaleza técnica, e imagina soluciones, pero no todas son políticamente admisibles. Ya cuando la crisis estalló en agosto de 2007, la Fed apeló a los swaps para afrontar la demanda inusitada de cobertura cambiaria en los países del G-7. Esa demanda también existe en la periferia. La novedad es que se acepta que el dinero del contribuyente fluya a países como México y Brasil y corra el consecuente riesgo de crédito.

P.: ¿Es una manera de sortear la participación del FMI?

G.G.: El FMI no dará abasto. Queda reservado para los casos más críticos. Islandia, Ucrania, Hungría. Allí los problemas son mucho más profundos y difíciles de resolver. Europa Oriental y Asia proveerán otros pacientes. La asistencia estará ligada a la ejecución de un programa de ajuste; atada a la conocida condicionalidad.

P.: De alguna manera, acceder a los swaps cambiarios es un sello de calidad.

G.G.: Correcto. Es parte de la idea. Una forma de sustraer candidatos a ser atrapados por la crisis. Si EE.UU. presta dólares por reales, en una cantidad apreciable, que podría ser incrementada, entonces los fundamentos de Brasil podrán defenderse mejor de los embates. Quizás no haya razones, entonces, para abandonar el barco tan deprisa.

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