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Una mirada abarcativa debería comparar nuestra evolución con la de otras naciones, en igual período. El cuadro compara la evolución del ingreso por habitante de la Argentina con las naciones vecinas, Colombia y México, en dólares corrientes. Las cifras contrarían a la opinión generalizada: la Argentina fue la nación de Sudamérica que salió mejor parada durante 1998-2001, el lapso de la crisis de la convertibilidad.
Entonces, sólo México, en América del Norte, amparado por las instituciones del NAFTA, pudo seguir avanzando y hoy los ingresos de sus habitantes lideran la región. Ninguno de los otros países sufrió «el cepo» de la degradada convertibilidad.
Con presidentes tan prestigiosos como Fernando Henrique Cardoso, en Brasil; Julio Sanguinetti y Jorge Batlle, en Uruguay; Andrés Pastrana y Alvaro Uribe, en Colombia, aguantaron recesiones todavía más severas que la Argentina, en el mismo lapso. Incluso Chile, conducido por Eduardo Frei y Ricardo Lagos y respaldado por superávit fiscales de larga data y reformas notables de su estructura económica, no pudo substraerse de una caída aún mayor a la Argentina.
Los datos presentados apuntan que, relativamente, no nos perjudicamos por la convertibilidad ni malos manejos, en 1998-2001. Pues las otras naciones sufrieron peor suerte. En realidad, nuestras naciones soportaron el doble castigo de una reducción extraordinaria de los precios de las commodities de exportación. De un índice de 107, en 1996, cayeron a 69,3, en febrero de 1999, según el FMI.Y, luego del default ruso, un terrible salto de las tasas de interés que, para las naciones emergentes, se elevaron de 17%, a principios de 1998, a más de 42%, en abril 1999.
No obstante, los comentaristas nos inculcan que nuestra caída fue consecuencia ineludible de la convertibilidad, malos manejos de la cosa pública y otros desórdenes propios. Su error es no indagar lo sucedido con nuestros vecinos que aplicaban políticas distintas. Claramente, si su devenir fue aún peor que el nuestro, la convertibilidad y las políticas nacionales no causaron la pérdida de ingresos.
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