17 de febrero 2006 - 00:00

FMI desorientado por los déficits

FMI, a través de su director gerente, Rodrigo de Rato, expresa recientemente su visión acerca de lo que muchos denominan «los desequilibrios globales»; en términos estrictos, los déficits de cuenta corriente del balance de pagos de los Estados Unidos. En su mirada, la posibilidad de abruptos ajustes de ese «desequilibrio» representa una amenaza al funcionamiento de la economía mundial. Para concretar, diseñamos el cuadro que sigue con las cifras en cuestión, según datos extraídos del informe «Panorama económico mundial», elaborado por el organismo. Corregimos el déficit fiscal de EE.UU. porque el FMI lo exagera en unos 140 billones de dólares. El organismo no presenta datos de situación fiscal para los países en desarrollo en ese informe.

El cuadro está dividido en dos partes. En la superior, están los países de cuenta corriente deficitaria, donde los EE.UU. exhiben la mayor cifra en términos absolutos. En la parte inferior, los países de cuenta corriente superavitaria. El conjunto debería sumar cero, pues no hay comercio fuera del planeta. Por ello, ningún déficit externo es aislado sino el espejo de las decisiones de todos los agentes. En este caso, la suma no es cero pues sólo incluimos los casos más significativos (los déficits suman $ 867 billones y los superávit $ 919). Aunque existe una identidad contable entre la cuenta corriente del balance de pagos, el resultado fiscal y las consideraciones de los agentes privados, éstas suelen prevalecer. El país de mayor déficit fiscal, Japón, es el de mayor superávit de cuenta corriente. Alemania presenta también superávitexterno y déficit fiscal considerables. Nueva Zelanda, con el mayor superávit fiscal, tiene el mayor déficit de cuenta corriente, relativos al PBI.

El FMI, a través de su director gerente, expresa su gran temor a que los agentes económicos resuelvan dejar de financiar el déficit externo norteamericano y que ello tenga consecuencias negativas sobre la marcha de la economía global. Entonces propone una serie de intervenciones para anticipar esa reversión, que estima inevitable. La propuesta es que los países superavitarios gasten más. Y que EE.UU. disminuya su gasto, aumentando su ahorro.

Parece aventurado que el FMI haga recomendaciones a países tan exitosos como los EE.UU. o China y al resto del mundo sin tener un análisis profundo de las causas y consecuencias de la situación que plantea enderezar. Llama la atención el planteo de solucionar lo que percibe un problema, forzando un ajuste que no sería deseado por los actores económicos. Elocuentemente, no plantea ajustes a Japón y Alemania, que muestran gran superávit externo y enorme déficit fiscal. Elípticamente desliza recomendaciones generales sobre paridad cambiaria.

El planteo del FMI contrasta con la profundidad del análisis de la Reserva Federal, trasuntado en los discursos de su ex presidente Greenspan; se pueden consultar en el sitio web de la Fed. La falla principal del enfoque del FMI, compartido por muchos comentaristas, es no comprender que los denominados «desequilibrios globales» responden a decisiones voluntarias y entrelazadas de miles de millones de agentes y sus gobiernos.

Si los EE.UU. mantienen déficits externos desde 1982 es porque a todos les conviene. Es más, el mundo no sólo financia las compras de las empresas y consumidores radicados en EE.UU., sino también sus adquisiciones de activos en el exterior. Porque además del déficit de cuenta corriente, el resto del mundo hace posibles compras norteamericanas de activos externos por unos 800 billones de dólares. Por otro lado, el déficit externo es un concepto geográfico; no comprende las decisiones de los norteamericanos fuera de su país y, en cambio, incluye las que los extranjeros hacen en EE.UU. Así, las importaciones y los financiamientos de EE.UU. contienen los que hacen empresas extranjeras, radicadas en ese país, y los envíos de filiales estadounidenses desde Europa, Asia y el resto del mundo.

• Error de planteo

Cuando el mundo encuentre mejores opciones de inversión, y financie menores déficits norteamericanos, los residentes en EE.UU. achicarán gastos y la economía global podrá seguir su avance, propulsada por la fuente más importante del progreso: el fortalecimiento de los derechos individuales, según explico en el libro «La riqueza de los países y su gente». El error de planteo de los que temen la reversión de los déficit es no valorar las decisiones interconectadas y voluntarias de la humanidad. Un caso similar es el miedo al alza del precio internacional del petróleo. La experiencia muestra que ahora los países petroleros son superavitarios en sus cuentas externas, financiando las compras del resto del mundo. Si no se entorpecen los derechos y propiedades individuales, como sucedió en la crisis petrolera de los 70, el mismo sistema provee los medios para financiar la demanda global. Los que reciben mayores ingresos o bien los gastan o los invierten en papeles. El FMI debe ser más cuidadoso al exponer sus ideas. Más importante. A mi juicio, el verdadero gran desequilibrio global son las tremendas asimetrías de los ingresos personales, la extrema pobreza de personas y países, en un planeta interconectado.

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