Hacia una operación de deuda definitiva

Opiniones

La única alternativa para salir del laberinto de la insustentabilidad es yendo responsablemente a una operación de deuda definitiva, es decir acuerdo con todas las partes.

La administración nacional actual de nuestro país, recibió un fuerte respaldo por parte del Fondo Monetario Internacional. Como se sabe, el equipo técnico del organismo multilateral manifestó que la deuda externa argentina “no es sostenible” e instó a los acreedores privados a mostrar buena voluntad para salir de este atolladero, aportando una “contribución apreciable”.

Este viraje no puede desligarse del contexto político y de la asimilación de que el recetario de políticas que el FMI convalidó para nuestro país, han fracaso. Sin ir más lejos, en el último análisis de sostenibilidad de la deuda en el marco de la cuarta revisión (julio de 2019), el mismo organismo había comunicado que la deuda pública era sostenible.

Está claro que la actual crisis económica que está sufriendo el país es consecuencia del acuerdo firmado por la gestión anterior y el FMI. El programa económico recomendado (impuesto) por el organismo multilateral constaba básicamente en reducir el déficit fiscal, eliminar subsidios y devaluar la moneda. A la luz de los acontecimientos, esta política económica fue un fracaso total.

La fuerte y continua devaluación del peso frente al dólar, no solo pulverizó el salario real generando una caída de la demanda agregada sino también hizo imposible controlar la inflación. Asimismo, elevó los costos de producción por dos vías, por un lado, el súbito aumento del precio del dólar y por otro, el incremento de las tarifas de los servicios públicos.

Por último, en pos de reducir el déficit fiscal el anterior gobierno paralizó la obra pública, lo que profundizó la crisis. A pesar de esto, el FMI en su último comunicado no se hace responsable del fallido acuerdo ni de la frágil situación actual de la economía argentina, que se encuentra con una deuda en moneda dura imposible de pagar, una pobreza cercana al 40%, un desempleo cercano al 10%, una informalidad de casi el 40%, un nivel recaudatorio insuficiente para afrontar la situación social acuciante y, la obtención de divisas para honrar sus deudas, un aparato productivo severamente dañado y una capacidad exportadora acotada.

Ajustar no es la solución en este escenario de crisis. Bregar por un acuerdo con los acreedores privados será esencial para comenzar a crecer, el apoyo del FMI no garantiza el éxito de la negociación con los tenedores privados, pero es buena señal. Los funcionarios argentinos buscan llegar al mejor acuerdo posible que les permita delinear un plan económico estabilizador sin condicionamientos, y de ese modo crear las condiciones para que la economía empiece a crecer.

Un buen resultado fiscal en ese contexto posibilitaría liberar la mayor cantidad de recursos para inyectarlos en una economía paralizada. Es decir, se podrá disponer de los pesos necesarios para ejecutar una política social que haga foco sobre las personas que están en una situación de extrema vulnerabilidad y reactivar la obra pública que es una fuente de empleos directos e indirectos en el corto plazo y no requiere de grandes cantidades de divisas. Así mismo, los dólares podrán ser utilizados en importaciones de insumos, bienes intermedios y de capital, tan necesarios para la industria nacional.

Por lo tanto, de la restructuración de la deuda externa dependerá el futuro del andar de la economía argentina. Es de suma importancia lograr un acuerdo que permita tener al gobierno mayor grados de libertad para ocuparse de los temas más urgentes, la pobreza, el desempleo y el aparato productivo, para empezar a reducir la creciente desigualdad social imperante en el país e ingresar en un sendero de crecimiento y desarrollo sostenido por los próximos años. No hay reformulación de la deuda externa sin viabilidad política y social.

La única alternativa para salir del laberinto de la insustentabilidad es yendo responsablemente a una operación de deuda definitiva, en acuerdo con todas las partes. Nada más ni nada menos que lo que hoy plantea el FMI, después de asimilar que el programa 2018 fue totalmente ruinoso.

(*) Economista del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda.

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