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17 de diciembre 2022 - 00:00

El fútbol y el poder de unir corazones

Los argentinos siendo tan talentosos en tantas áreas, ojalá funcionáramos como esta Selección Nacional que además de darnos alegría, fue un modelo de trabajo en equipo.

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Télam

Ya no sé si espero que ganemos el mundial, llegando a su fin, comienza a pesar más lo que voy a extrañar todo este tiempo de nutrirnos de fútbol: las carreras de salir del trabajo para ver los partidos, la gente con camisetas desbordando orgullo y argentinidad, el mejor humor de todos, las calles principales de todo el país al grito vivo y pelado de Argentina, incluso desde aquellos remotos lugares donde ni señal tenían, con el tema común que nos unía: el fútbol.

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Cuando fue la final con Alemania en el 2014 vi llorar desconsoladamente a mi hijo menor de 8 años en ese momento, al día de hoy no puedo olvidar esa carita de sueño roto, al que mamá, ni con el mejor bizcochuelo de chocolate, podía consolar. Me quedó la pregunta si un nuevo mundial daría revancha, reparando esa tristeza infinita que reflejaba la mirada de mi hijo.

Hoy, diciembre del 2022, quiero que este mundial se quede para prolongar la alegría de todos: en la escuela, el trabajo, la familia, entre amigos; que el obelisco sea renombrado como el lugar de la alegría, donde vamos todos a levantar con orgullo nuestra amada bandera, a cantar, a volver a ilusionarse y a proyectarse campeones. Los argentinos siendo tan talentosos en tantas áreas, ojalá funcionáramos como esta Selección Nacional que además de darnos alegría, fue un modelo de trabajo en equipo.

Resilientes, cuando el comienzo parecía incierto, nos dieron lección de fortaleza, unión y paciencia. Nos pidieron que creyéramos, lo hicimos, y acá estamos hoy, con una emoción que desborda el corazón. Pero primero y lo más importante, ellos creyeron en el equipo que formaron.

Nos mostraron que cada uno supo ocupar bien su rol, fundamental para que el trabajo en equipo sea exitoso, los egos quedaron a un lado pensando en un objetivo en común, el abrazo de Lautaro Martínez cuando Julián Alvarez sale de la cancha en el último partido es ejemplo de ello. Todos importantes, nadie imprescindible, donde las distintas formaciones que tuvo el equipo fueron asumidas pensando en lo que requerían las distintas circunstancias. El objetivo primero y todos alineados detrás de él, el mismo compromiso colectivo, el equipo primero.

Fueron de menos a más, con coraje, humildad y bravura, un conductor que no deja dudas que hizo las cosas bien, porque los buenos resultados dependen en su mayor medida de un buen liderazgo.

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Un técnico que no acumulaba títulos, desconocido por muchos, que llega a esta final, ya es un campeón. Objetivos claros, sintiendo la camiseta desde fuera del campo de juego con lágrimas en los ojos, nos obliga a repensar los liderazgos y cuánto hay que trabajar sobre la inteligencia emocional para entender que, saber de relaciones interpersonales y tener la capacidad de gestionarlas, es lo que hace la diferencia para llegar a buenos resultados y que “mandar con el corazón” es una competencia determinante para llegar a ser un mejor líder. Se puede acertar en aspectos técnico tácticos pero si se fracasa en la tarea esencial de orientar las emociones en la dirección adecuada, nada de lo que se haga funcionará tan bien como podría o debería.

Si de líderes se trata, el Messi maduro, más allá de su incuestionable destreza deportiva de siempre, nos demostró que además de generar jugadas colectivas, supo estar atento a las necesidades del equipo, que comunicó, trasmitió tranquilidad y orden, siendo una razón más para volver a ilusionarnos y, como siempre comento en las clases que doy a los técnicos, saber que el liderazgo se desarrolla y mejora, líder no siempre se nace, pero sí se puede llegar a serlo.

El deporte necesita de distintos enfoques teóricos para que se convierta en un buen deporte, que los discursos de las distintas especialidades que lo abordan, se materialicen en una labor interdisciplinaria concreta. El alto rendimiento con lo que implica en su esfuerzo y exigencias cotidianas en el tiempo, está muchas veces, lejos de ser saludable, por lo que es imprescindible la observación y cuidado atento de distintos profesionales de la salud. Como psicóloga del deporte fue una satisfacción grande escuchar al Dibu mencionar la necesidad de hablar con su psicólogo en situaciones que lo requerían. El aspecto psicológico, en estos últimos tiempos, es considerado cada vez más, como un factor de lo más importante en la performance y bienestar de los deportistas. Prevenir riesgos y promocionar salud, eso también es éxito.

El apoyo social, desde la hinchada de un país a un mayor respeto que se notó desde los medios, le generó más confianza a un equipo que se dispuso a ir por todo, desde su mayor rendimiento a lo que nos trasmitieron desde la identidad que construyeron como equipo, jugando con entusiasmo, solidaridad, empuje, empatía y humildad.

El fútbol es de todos y para todos, hasta para el que no le gusta, cuando la celeste y blanca sale a la cancha enamora a todos, enamorar queda corto, nos apasiona, da la sensación que nos vuelve más argentinos.

Ya no me importa el resultado del domingo, la gratitud mayor es por devolvernos la alegría de unirnos como argentinos, la gratitud al fútbol y a ese poder de la albiceleste de unir corazones.

Vamos Argentina!

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