Hacia dónde va la educación en el Primer Mundo
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Confirmado esto por datos oficiales que extienden a 40% de habitantes australianos de ese origen. Este proceso general que se verificó en el país también tuvo lugar en las universidades. Allí, acotados los presupuestos del Estado, los Centros de Educación Superior Australianos no tuvieron más remedio que salir a los países asiáticos en busca de alumnos que aumentaran sus matrículas. Ello coincidió con el acceso de buena parte de la población china al mercado de consumo y por lo tanto en la incorporación de nuevas masas de habitantes que pretendían educarse en sistemas occidentales. Esta incorporación de chinos, vietnamitas, coreanos y distintos habitantes del Asia Pacífico al modo de vida occidental, hizo que muchos estudiantes universitarios quisieran cursar sus estudios en Australia. La cercanía geográfica fue la primera atracción. El idioma inglés, la segunda lengua, ya que dominarla les da acceso al resto del mundo. Recorriendo los campus de las universidades australianas es normal observar una enorme cantidad de estudiantes con rasgos orientales. Más de 50% de los estudiantes hablan mandarín u otra lengua china como primer idioma.
Esta captura de estudiantes en Asia y sobre todo en China fue llevada adelante en forma agresiva por las universidades «aussies». En cada viaje de promoción que realizaban sus directores de relaciones internacionales se suscribían convenios que representaban el ingreso de cuanto menos 3.000 estudiantes orientales. Y esto lo hacían impulsados por la creciente restricción presupuestaria que impone el Estado australiano a sus universidades y por la amenaza de fusión y cierre de las mismas. De este modo las universidades australianas fueron internacionalizándose de modo creciente, aunque esta ampliación exponencial de sus matriculados hizo que fueran perdiendo prestigio. Debe destacarse que estos centros educativos cuentan en general con campus de enormes extensiones, edificios góticos que semejan las universidades británicas más prestigiosas y el idioma de enseñanza es el inglés.
Todo ello hace que estén en general bien en los rankings internacionales de las universidades, apareciendo algunas de ellas entre el puesto 57 y 67. Esto sumado a que muchas cuentan con más de 150 años de existencia, conforman un cuadro atractivo pero que este proceso lo va desgastando. Se suma a ello que para perfeccionar el negocio, muchas universidades australianas hicieron convenios con socias chinas para impartir clases directamente en territorio chino. Y luego, para completar el círculo, como si fueran multinacionales que exportan productos transables, abrieron campus en distintos países del Asia Pacífico.
Todavía la educación universitaria no es un commodity, pero se comercializa de modo cada vez más agresivo.
Actualmente los australianos están revisando estas políticas, pero también se ve que universidades norteamericanas y europeas, algunas de gran prestigio, comienzan a recorrer un camino parecido. Por ese lado se vislumbra que los títulos de grado tendrán cada vez menos valor en el mundo pues serán «piezas intercambiables».
Ese camino se ve muy lejano en nuestro país, porque las universidades privadas no están buscando alumnos afuera de nuestras fronteras y las públicas están saturadas con lo que tienen y apenas pueden atender a sus masivos estudiantes. Pero los centros de enseñanza de idiomas han comenzado a captar este negocio y se muestran muy dinámicos en su crecimiento, mirando estos mercados y aprovechando la coyuntura de una Argentina barata para los extranjeros y una China con una nueva clase consumidora y ávida de colocar estudiantes en otros países.




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