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21 de diciembre 2005 - 00:00

Julián Marías, abogado del país por Malvinas

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Además, como su maestro José Ortega y Gasset, creyó también que la prensa podía constituirse en la «gran plazuela» donde dictar su magisterio, por lo que durante décadas ha escrito cientos y cientos de agudos artículos en diarios y revistas de su país y del mundo.

Pero a todo lo anterior hay además algo que los argentinos debemos sumar y recalcar cuando nos referimos a Julián Marías. Y es que quizá, y sin quizá, fue uno de los mejores amigos que tuvo el país en el mundo. En tiempos muy difíciles siempre lo vimos a nuestro lado.


Personalmente, fui un asiduo lector de sus libros -el primero de filosofía que, siendo adolescente, leí fue su «Bibliografía de la filosofía»- y entusiasta concurrente a sus charlas y conferencias. Pero en los años setenta, Jaime Perriaux -a quien Marías consideraba como «un hermano»- me lo presentó y desde entonces lo frecuenté, en sus visitas a Buenos Aires o en su departamento en Madrid, atestado de libros. Además, lo presenté en varias oportunidades en sus conferencias en esta Capital o en el interior. Lo hice, por ejemplo, cuando el 22 de noviembre de 1989, dio a conocer entre nosotros los tres tomos de sus memorias, con el expresivo título de «Una vida presente», en un tradicional hotel, y ante más de mil personas; muchas de ellas ubicadas en salones contiguos al principal, lo seguían a través de pantallas de televisión. Pero en cuanto a cantidad de público, creo que será muy difícil de superar una mesa redonda, donde sobre el tema «Meditación del pueblo joven» de Ortega, intervino con un pequeño grupo de argentinos en el teatro Avenida el 24 de agosto de 1994, frente a una sala colmada -1.050 butacas-, con gente de pie en los pasillos y centenares más que no pudieron ingresar y pugnaban por hacerlo, en la Avenida de Mayo.

En los últimos años, cuando pasaba por Madrid, lo visitaba. Lo hice hace poco -el 24 de octubre- luego de asistir, en la semana anterior a los actos con los que España recordaba el cincuentenario de la muerte de Ortega. Lo encontré físicamente disminuido, pero intelectualmente lúcido.

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