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18 de diciembre 2007 - 00:00

"La baja de las tasas no se interrumpirá"

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko -de la película «Wall Street»-, quien coincide con Alan Greenspan en el uso de la política fiscal para frenar la crisis hipotecaria. Pero la baja de las tasas no se interrumpirá.

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PERIODISTA: El espíritu colectivo se torna cada vez más sombrío.

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Gordon Gekko: La semana pasada abortó el rally navideño en pleno vuelo. Todo el avance que habían conquistado las Bolsas en diciembre se perdió en un santiamén con la novela de enredos que se montó alrededor de la Fed.

P.: Y hoy (por ayer) la hemorragia continúa, sin visos de que la herida abierta cauterice. ¿Cuál es el detonante? ¿A qué se teme? ¿A la recesión? ¿A la inflación? ¿O, como mencionó Alan Greenspan, a la combinación letal de ambas: la estanflación?

G.G.: Usted puede elegir. Lo que asusta es el menú variado a disposición. Ni la inflación ni la recesión dictaron los pasos de la Fed (y de otros bancos centrales) desde principios de agosto. Y no fue poca actividad. Estabilizar las condiciones financieras ha sido la premisa.

P.: Y pese a los esfuerzos tampoco se consigue del todo.

G.G.: Es verdad. Hoy tenemos una crisis de envergadura instalada en pleno corazón de la banca.

P.: De una crisis bancaria a una recesión media un paso.

G.G.: Sobre todo, si los mercados de capitales -que pueden proveer una válvula de escape-también están revueltos.

P.: Condición que se verifica.

G.G.: La mesa está servida para una recesión. Pero el comensal todavía no acudió a la cita. Una economía del tamaño de los EE.UU., si crea 100 mil nuevos empleos netos por mes no está en recesión.

P.: ¿Será cuestión de tiempo?

G.G.: Correcto. A menos que se logre salvar la contracción de crédito en ciernes. Las empresas todavía no se quejan de las restricciones. Después de la recesión de 2001, redujeron su endeudamiento y, gracias a las bajas tasas de largo plazo, extendieron la duración de sus obligaciones. Si desaceleran el ritmo de la recompra de sus propias acciones, la principal aplicación de sus programas financieros en los últimos años, el perfil de su deuda les concede un colchón para sobrellevar un chubasco que todavía se prolongue un tiempo más.

P.: La recesión es una amenaza que respira en la nuca. Pero la inflación también. La mera debilidad de la economía no aventa las presiones alcistas en la energía, alimentos y otros insumos. Y, a juzgar por las lecturas recientes de precios mayoristas y minoristas, el contagio procede. La inflación núcleo está afectada.

G.G.: En un mundo desacoplado, la debilidad económica reside en EE.UU. pero no se percibe todavía en la antigua periferia. Lo que antes eran los suburbios del mundo, donde primero se apagaban las luces cuando sobrevenía una tormenta, hoy son los que más empujan del carro. En consecuencia, el crecimiento mundial sigue siendo notable. Mire la demanda de energía proveniente de la OCDE (los países desarrollados): está estancada o en leve disminución desde 2005. Todos los bríos de la demanda que -junto con una oferta morosa - han catapultado el precio del petróleo surgen de las economías emergentes.

P.: La impresión es que la conducción de la política monetaria en EE.UU. se complica. Si cuando se apaga la luz en EE.UU. ya no hay garantías -como antes-de que ocurra lo mismo en el resto del mundo, ¿por qué va a bajar el precio de la luz? Es posible enfrentar una recesión interna y una inflación alimentada por la efervescencia internacional.

G.G.: En los hechos, la fortaleza internacional ha sido útil para evitar una recesión. El producto bruto se desaceleró mucho menos que la demanda interna. Las exportaciones, en el tercer trimestre, contribuyeron con dos puntos completos al crecimiento en los EE.UU. Yo diría que una decisión de política norteamericana -la promoción agresiva del uso de etanol como sustituto del petróleo-es un ingrediente de peso en el recrudecimiento de la inflación en alimentos. No es sólo la consecuencia de una demanda mundial robusta. Hay, como ve, muchos cruces.

P.: No lo discuto. Pero voy a que la Fed no cuenta con la seguridad de que una recesión doméstica vaya a apaciguar las presiones inflacionarias. De ahí el riesgo de estanflación.

G.G.: Las presiones subsisten porque el mundo no entró en recesión. Si EE.UU. cayera en la trampa, y en el margen comenzara a gravitar una caída concreta de su demanda, otro sería el cantar. Es cierto que su aporte no es tan decisivo como en el pasado, pero aun así no se lo puede despreciar. Es la economía individual más importante y si derrapa arrastrará consigo una buena parte de la bonanza que se ve en el mundo emergente.

P.: No milita entre los partidarios de la tesis de la estanflación. Se pierde ilustres compañías.

G.G.: No descarte nada. Pero mi impresión es que los riesgos de un fenómeno puro -en especial, la recesión- son mucho más altos que los de la variante combinada. Quizá debería hacerle una salvedad. La oferta de energía está cartelizada. La producción fuera de la OPEP no crece. Y la OPEP podría pretender defender los precios del barril recortando el suministro ante una merma de la demanda internacional. No es un escenario imposible de prever. Y nos arrinconaría en territoriode estanflación.

P.: ¿Qué papel avizora para la Fed? El dólar, por ejemplo, repuntó con fuerza después de los informes de inflación. Se argumenta que no hay mucho margen de maniobra para seguir bajando las tasas. Con una recesión a la vuelta de la esquina, ¿será verdad?

G.G.: Si usted lo escuchó a Greenspan, habrá prestado atención a su recomendación de usar la política fiscal para estabilizar la crisis hipotecaria. Habló, lisa y llanamente, de transferirles recursos públicos a los deudores para evitar que pierdan sus casas. En ese esquema, la política monetaria cede la primacía. No desaparece, no hiberna, la baja de tasas no se interrumpe, pero requiere de otros apoyos excepcionales. Pienso que vamos ya en esa dirección.

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