4 de noviembre 2008 - 00:00

"La elección en EEUU no basta para calmar la crisis"

El periodista dialoga con el especialista en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», para quien la elección de un nuevo presidente en Estados Unidos no bastará para cambiar las expectativas y lograr así una resolución de la crisis. «Necesitará mucha gestión. El deterioro es demasiado importante», aseguró. Además, indicó que no se descarta que se geste un nuevo paquete fiscal antes del 20 de enero, fecha en que asume el nuevo mandatario norteamericano.

La elección en EEUU no basta para calmar la crisis
PERIODISTA: ¿Obama o McCain?

Gordon Gekko: Las últimas 111 encuestas que recopiló la cadena NBC (y que considera confiables) ubicaron a Barack Obama, invariablemente, en la delantera. En las compulsas más recientes, como sabe, el liderazgo se amplió. Ahora más que duplica el error de medición. Obama debería imponerse en la votación general y en el Colegio Electoral.

P.: Y emerger pertrechado con un claro mandato.

G.G.: Un escrutinio veloz y contundente sería ideal.

P.: ¿Piensa que la elección de un nuevo presidente favorecerá la resolución de la crisis?

G.G.: Difícilmente perjudique. Pero no bastará con un mero cambio de expectativas para enderezar la situación. Necesitará mucha gestión. El deterioro es demasiado importante.

P.: Un tema crucial es cómo se manejará la transición. Esperar hasta el 20 de enero es una eternidad.

G.G.: Bush prefería dejarle las decisiones heroicas a su sucesor, pero la virulencia de los acontecimientos no se lo permitió. Tampoco podrá el presidente electo desligarse de su responsabilidad. Recuerde que cuando hubo que empujar el plan Paulson en el Congreso, tanto Obama como McCain lo respaldaron públicamente. Tuvieron que tomar partido. Y fueron derrotados, junto con Bush, en la primera votación en la Cámara de Diputados.

P.: No parece un antecedente muy alentador.

G.G.: Mientras no se dome la crisis será imposible no despeinarse. Pero ¿cuál es la alternativa disponible? No hacer nada hasta la asunción luce mucho peor.

P.: Siempre conviene influir sobre la herencia que se va a recibir.

G.G.: Tal cual. El presidenteelecto puede anticipar su agenda. Y diluir los costos políticos en la zona de nadie de la transición.

P.: ¿Hasta dónde sobrevivirán las promesas de campaña a los rigores que impone la crisis?

G.G.: La realidad tendrá derecho de paso. La prioridad es poner la crisis bajo llave y mitigar sus efectos sobre la economía real. Nadie se quejará si se logran avances en ambos terrenos aunque, en el camino, se incumplan los dichos a la tribuna.

P.: ¿Mantiene la idea de que se gestará un segundo paquete fiscal antes del 20 de enero?

G.G.: No hay quien se oponga. Ben Bernanke le dio la bendición por adelantado. Los medios no lo critican. Hasta en la tierra del celo fiscal a ultranza, Mario Draghi, miembro del consejo monetario del Banco Central Europeo, acaba de abogar por una política más estimulante. Dejó a un lado los desvíos con respecto a las metas de Maastricht. En los EE.UU., en concreto, cada candidato, no sólo se abrazó a la idea, sino que esbozó sus preferencias personales.

P.: Ni Obama ni McCain descuellan por su experiencia ejecutiva. ¿Impondrán el boceto «idealizado» de campaña o aceptarán la versión más ajustada a la realidad que les pueda acercar el secretario Paulson?

G.G.: Será importante conocer quién ocupará la Secretaría del Tesoro. El llevará la voz cantante. Por eso mismo, el anuncio no debería demorarse mucho tiempo después de los comicios.

P.: ¿Podría quedarse Paulson? Warren Buffet, el legendario inversor, sugirió que convendría que permaneciera el primer año del próximo mandato.

G.G.: No lo creo. Menos si triunfa Obama.

P.: La lista de nombres que resuena del lado de Obama es muy interesante. Incluye a Jamie Dimon, el titular de JP Morgan Chase, a Larry Summers, quien cumpliera ese rol en tiempos de Bill Clinton, y también a Paul Volcker, a cargo de las riendas de la Fed antes de Greenspan.

G.G.: No se olvide de Tim Geithner.

P.: El actual responsable de la Fed de Nueva York.

G.G.: Cualquiera de ellos provocaría un fuerte golpe de efecto. Mostrar a Volcker entre los asesores de Obama ya lo produjo. Fue un gesto deliberado del comando de campaña para afianzar su imagen como un político razonable, alejado de las corrientes extremas.

P.: Neutraliza la aureola de «progresista» en exceso (en inglés, «liberal») que rodea a Obama.

G.G.: El carrusel de nombres es una respuesta a la acusación de «socialista» que le endilgó McCain. Muestra a un Obama flexible y pragmático.

P.: En otras palabras, un oportunista. Capaz, si hace falta, de tomar distancia de su propio discurso. Como ocurrió con Bill Clinton.

G.G.: Quizás con una dosis de fortuna que lo dejará mejor parado. Nadie puede negar que Obama era un partidario de la regulación desde mucho antes que la crisis popularizara ese reclamo. Y ahora hemos pasado, sin prevavisos, de ponderar la era de Greenspan a añorar la más austera y desconfiada de Volcker. Me parece que la agenda de Obama es más fácil de acomodar que la de Clinton que tuvo que abandonar todos sus caballitos de batalla. Empezando por su megaplán de obras públicas.

P.: Los mercados repuntaron con fuerza la última semana. No es común, en estos tiempos turbulentos, una suba de más de 10% en las Bolsas. ¿Se recupera la estabilidad?

G.G.: Así parece. Le diría que era hora que el trabajo a destajo de las autoridades rindiera frutos. Aunque fueran módicos.

P.: ¿Será la elección una buena excusa para gatillar mayores avances?

G.G.: Todo mercado bajista, por severo que sea, intercala, de tanto en tanto, algún rally. Un movimiento fuerte que va contra la tendencia de fondo. Hasta el peor mercado de la historia, el derrumbe del Dow Jones entre 1929 y 1932, desplegó 7 u 8 avances potentes (alguno superior a 50%). Y le recuerdo que entre puntas, destruyó las cotizaciones, medidas desde sus máximos, en 90%. Una recuperación no tiene por qué llamar la atención.

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