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5 de enero 2006 - 00:00

La fiebre inflacionaria, ¿puede matar al paciente?

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Lamentablemente, a pesar del cambio ministerial, el gobierno mantiene su error de diagnóstico, lo que lo lleva a actuar sobre los efectos y no sobre las causas. Es como si a un paciente que tiene una infección que le causa fiebre lo intentamos curar bajándole la temperatura con compresas frías. No es cierto que hay un problema de oferta y que, por ello, ante el aumento de la demanda, los productores responden con incrementos de precios. De hecho, todos los bienes y servicios de la economía están subiendo.

Un detalle para tener en cuenta es que, en la medida en que se yerra en el diagnóstico, se buscan chivos expiatorios, como el castigo con aumento de retenciones, limitaciones de precios, eliminación de reintegros, amenazas y escraches. ¿Alguien cree que en un ambiente así los empresarios invertirán en el país? Tampoco es un problema de aumento de sueldos. Si uno compara la evolución del índicede precios al consumidor (acumulado anual) y el que muestra la evolución de los salarios registrados (que es el que más aumentó), verá que los incrementos del ingreso de los trabajadores no generan variaciones en el IPC. Si los aumentos de sueldos se negocian libremente entre empresarios y trabajadores, sólo implicará una redistribución del ingreso de la empresa entre los distintos factores productivos.



Otra aclaración: es cierto que la presión a la baja del tipo de cambio es porque hay gente que no quiere dólares, pero hoy tampoco quieren pesos, sino lo que con éstos pueden comprar: bienes, servicios, activos, etcétera.

Es cierto que es bueno que tengamos superávit fiscal. Eso evita que caigamos en default nuevamente y que tengamos que emitir pesos para financiar al Estado. Sin embargo, no evita que tengamos inflación y que igual se financie al gobierno desde el Banco Central. Bajar el gasto público tiene un impacto marginal sobre la demanda interna y, por ende, sobre la inflación. De todas formas, un incremento del superávit fiscal o del endeudamiento público doméstico para comprar divisas y sostener el tipo de cambio quita presión sobre la emisión del Banco Central con el mismo motivo y evita una mayor suba de precios.

¿Cuáles son los riesgos hacia adelante?: hoy la inflación está controlada, aunque en niveles muy altos, debido a que es un problema de oferta de dinero, por lo que, si se acelera más la suba de precios, bastaría que el Central disminuyera la emisión para bajarla. En tanto, si la gente empieza a preocuparse de que la moneda que tiene en el bolsillo pierda poder adquisitivo y lo vaya a seguir haciendo, reducirá su demanda. Esto también lleva a depreciar la unidad de cuenta y es más peligroso, porque es más difícil de solucionar reduciendo la oferta de pesos. Si la caída de la demanda de moneda nacional se desboca, su valor tiende a cero y la suba de precios se espiraliza. Hoy parece que estamos lejos de este escenario; ¿para qué jugar con fuego?

Entonces, ¿qué hay que hacer? El Banco Central debería fijarse una meta de inflación máxima de un dígito y cumplirla. Esto le permitirá emitir algunos pesos como para comprar reservas. Sin embargo, es posible que no sea suficiente para evitar una caída del tipo de cambio nominal. En este caso, el gobierno podría tomar más fondos en pesos del mercado doméstico para cubrir sus necesidades de financiamiento futuras.

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