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9 de mayo 2008 - 00:00

La oposición vive, el campo dignifica

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Se confía en estas horas el gobierno en su estrategia de, callado, esperar al desgaste del frente del campo, al que adivina sin más recursos que molestar a los vecinos con interrupciones al tránsito y discursos cada vez más estridentes de Alfredo de Angeli. Imagina Olivos que el sector se queda sin recursos porque, además, son hombres de negocios que no pueden dedicarse toda la vida -como los funcionarios y los políticos- a combatir a sus adversarios.

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Pero lo que alimenta más su confianza es que conoce el estado de los partidos políticos de la oposición, que no pueden facturar en votos ni adhesiones la marea, también opositora, de la gente del campo.

El estado del oficialista PJ -una carpeta en un juzgado, sin actividad interna, debate, ni aun autoridades formalmente convalida- se replica en las formaciones de enfrente como la UCR, la Coalición Cívica; ni qué decir en los nonatos partidos de la nueva política, como PRO o Recrear, que no salen aún del estado gaseoso.

La presión de la sociedad sobre el gobierno en apoyo del campo es una tentación para los opositores, que dedicarán a recomponer fuerzas abriendo todas sus peñas. Desde anoche los radicales de Gerardo Morales discuten en Villa Carlos Paz qué pueden hacer para ponerse, no ya al frente, sino al lado o detrás de estos liderazgos nuevos que aparecen y que han refrescado el escenario (el ingenioso De Angeli; el caviloso Eduardo Buzzi). Creen que convertirse en cada ciudad, en cada pueblo, en receptores de las broncas del campo los pueden acercar otra vez a situaciones de poder que tuvieron antes en gobernaciones e intendencias.

En Mar del Plata reaparecerá Elisa Carrió para bautizar una ceremonia de llamado a los radicales de todo el país a sumarse a su Coalición Cívica. Esta ex diputada ha recopilado tantas frases de reivindicación de la gente de campo que se merece ya un recuerdo en los frontispicios venerables del predio de la Sociedad Rural. Ha identificado al sector con la Patria y repite que el resto de la sociedad, el gobierno a la cabeza, tiene deudas impagables con ellos.

  • Apuesta

    No se inmuta el gobierno ante estos movimientos opositores porque sigue apostando a que sin nadie adelante con más poder político puede hacer lo que quiera, hasta la jugada de más riesgo. Como llamarse a silencio en este debate después de patear la mesa y especular con el derrumbe de los ruralistas, paladeando también el vértigo de quien se arriesga a caer antes. Sin, claro, reparar en gastos -los paga, después de todo, el público-.

    Le preocupa antes que nada retener unida a la propia gente (funcionarios, punteros), no sea que algunos, como comienza a ocurrir, se sientan atraídos por la onda favorable que tiene la protesta y cambien de querencia. Los que quedan piden letra para responder en debates, eso que el gobierno -cada vez más callado- les niega también al público y a los ruralistas, ignorando que la dimensión del conflicto lo obliga a ser más transparente y explícito para achicar la incertidumbre que todo lo daña. Para eso Daniel Scioli manda hoy a Villa Gesell a su jefe de recaudadores a que les dé unas lecciones sobre retenciones móviles a intendentes y legisladores de la provincia de Buenos Aires. Una movida también con riesgo porque los alumnos de hoy pueden convertirse mañana en expertos demandantes de más reparto de impuestos. El pretexto es darles argumentos a esos funcionarios para que prediquen en favor de la posición del gobierno.

    En la Capital Federal también inició el jefe de Gabinete un maratón de reuniones con los kirchneristas del distrito. Primero, para reclamarles que no exploten en su favor -es un distrito en donde son tercera fuerza- esta crisis y se tienten de «borocotear» y pasarse al oficialismo. Alberto Fernández le tuvo que recomendar a algún quejoso del kirchnerismo no PJ del distrito que se dejen de protestar porque todos los militantes tienen ya cargos con sueldo, celular y auto pago.

    Notable esta reapertura de todas las peñas, una resurrección de la política, otra vez movida desde la sociedad que actuó, intemperante, porque los políticos estaban mirando hacia otro lado.
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