La pelea por el Artico alerta sobre Antártida
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Desde el siglo XIX, estos países cuentan con estaciones científicas en la región, pero hasta ahora ninguno había reclamado la soberanía.
En cambio, ahora Dinamarca sostiene que la cordillera Lomosonov es continuación de la plataforma de Groenlandia y que, en consecuencia, le pertenece. Canadá, a su vez, anunció la construcción de un puerto de aguas profundas en el extremo norte del país y la inversión de hasta 6.700 millones de dólares en 8 patrulleros con capacidad de rompehielos, proyectando construir en la próxima década una ruta navegable Atlántico-Pacífico a través del Polo Norte. Dicha ruta reduciría en 5.000 millas o en 5 días la navegación entre los dos océanos.
Las fuerzas armadas canadienses han realizado ejercicios militares en la zona y han establecido un centro de adiestramiento militar permanente. Este país reclama desde 1973 la soberanía sobre este estrecho entre los dos océanos y el primer ministro canadiense, Stephen Harper, realizó una visita de tres días al Ártico, como respuesta a la acción de Rusia.
Como ha dicho el futurólogo americano Jeremy Rifkin, «la búsqueda de gas y petróleo en el Artico es posible hoy en razón del cambio climático», ya que el derretimiento del hielo más el incremento de los precios de la energía han tornado viable su explotación.
Dice que la paradoja es «que el mismo proceso de quema de combustibles fósiles libera cantidades masivas de dióxido de carbono y provoca un aumento de la temperatura terrestre, la que a su vez derrite el hielo del Ártico, volviendo disponibles más petróleo y gas para la energía».
La cuestión es si este proceso que se ha desatado en el Ártico puede darse en el futuro en la Antártida, donde la Argentina reivindica históricos derechos de soberanía territorial, aunque discutidos por su internacionalización.
En el caso de la Antártida, está regida por el Tratado Antártico, firmado por 46 países, y que tiene una secretaría permanente establecida en Buenos Aires desde 2004. Cabe señalar que este instrumento tiene fecha de vencimiento, en la cual los países podrían decidir no renovarlo.
Para su secretario, Johannes Huber, es poco probable que en la Antártida pueda desatarse una pugna territorial por el valor de la energía. Sus razones son que el Artico no tiene un Tratado de la entidad que rige en la Antártida y argumenta que es mucho más costoso extraer energía a través de una capa de cuatro kilómetros de hielo como existe en la región del Polo Sur.
Sin embargo, hasta hace poco tiempo parecía imposible extraer energía en el Artico y ahora lo es, y si la combinación del cambio climático con el aumento de los precios de la energía continúa, podría en algún momento ser rentable lo que ahora no lo es. La denuncia de ecologistas acerca de que el calentamiento está extinguiendo especies antárticas, como salpas y krill, confirma que la posibilidad de explotación económica de la Antártida puede estar empezando a cambiar.
Ello lleva a contemplar que la política antártica en el futuro puede ser mucho más relevante de lo que parece hoy habiéndose constatado en la Antártida importantes cantidades de petróleo, gas, carbón, oro, plata, cromo, uranio, cobalto, zinc y manganeso, aunque en condiciones de explotación no económica por el momento.
Fue el presidente Roca en 1903, en su segunda presidencia, hace más de un siglo, quien estableció el primer asentamiento permanente de la Argentina en la Antártida, siendo el primero de estas características en el mundo. Desde entonces, la Argentina ha sido uno de los países con mayor presencia en la zona.
Pero en los últimos meses, hemos visto señales muy claras de que el país está sufriendo una crisis en su política antártica. El accidente del rompehielos fue seguramente fortuito, pero que privó a las bases antárticas argentinas de su cadena logística. El alquiler de un rompehielos ruso para sustituirlo se sigue demorando. A ello se sumó un incendio en la escuela argentina en la Antártida, donde estudian los niños de las familias que viven en las bases, y un accidente en uno de los aviones que realizan el abastecimiento aéreo.
Como los medios de la política antártica son los militares, en parte, la desatención hacia las Fuerzas Armadas está produciendo esta crisis.
Quizá sea el momento de reflexionar si la faltade prioridad que hoy el país da a la Antártida, en el futuro no será juzgada severamente, si llegase a suceder con ella lo que hoy está sucediendo con el Artico y este es el contexto para interpretar el pedido del Reino Unido a la UN, para extenderse en la plataforma submarina alrededor de las islas Malvinas.



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