El periodista dialoga con el especialista en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street». Asegura que si el sector privado en Estados Unidos persiste en la destrucción de empleo y cae la inversión no residencial, la recesión es inexorable, aunque sea suave. Pero explica que si cede la crisis y la Fed cancela la baja de tasas, todos los mercados -desde los commodities hasta los bonos de los gobiernos- que gozaron de un estupendo recreo hasta marzo, vuelven a tener cotizaciones mucho más modestas.
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La Fed no quiso enfundarse en el traje de villano. Acomodó las expectativas más benignas. Redujo sus tipos de interés en un cuarto de punto y evitó pronunciarse sobre el final del ciclo bajista. Quizás 2% no sea el piso de las tasas cortas.
Gordon Gekko: Pienso que sí lo es. Pero usted tiene razón: la Fed no lo dice en forma expresa. Está sugerido cuando se coteja el comunicado flamante con el texto de mediados de marzo. Sin embargo, se prefirió no hacer olas todavía y dejar el interrogante abierto.
P.: Hasta la próxima reunión.
G.G.: Si los vientos que soplan de los mercados de capitales persisten favorables no me sorprendería que el discurso de la Fed anticipe el cambio de postura -un paso al costado- antes del cónclave de fines de junio.
P.: Una curiosidad -en clarocontraste con los usos y costumbres de los tiempos de Greenspan- es que una vez más, la decisión no fue unánime.
G.G.: Ya diría que forma parte del estilo Bernanke de conducción. El antipersonalismo. No creo que las discrepancias sean mayores ahora que lo que fueron antes, en momentos de río revuelto. La diferencia es que no se intenta soterrarlas a toda costa y se permite su registro público.
P.: Todo bien mientras el disenso sea una minoría y no eche a pique la posición sustentada por Bernanke.
G.G.: Hay antecedentes en el Banco de Inglaterra de decisiones tomadas en votaciones cerradas (5 a 4) en las que su titular resultó perdidoso. Y no fue el fin del mundo.
P.: Ya que cita al Banco de Inglaterra. Su aporte más reciente es una declaración contundente en el sentido de que lo peor de la crisis ya pasó. Es la primera afirmación oficial de tamaña confianza en mucho tiempo.
G.G.: El sendero más probable, dice el banco, es que la confianza y el apetito por la toma de riesgo aumenten en forma gradual en la medida que se reconozca que muchos activos, en términos de sus fundamentos, son baratos.
P.: Diez días atrás el Banco de Inglaterra consideró necesario lanzar un régimen especial de liquidez que puede alcanzar los 100 mil millones de dólares. Se avino a proveer el financiamiento que el mercado monetario les retaceaba a los activos hipotecarios, inmovilizados en la cartera de las entidades financieras. ¿No es un giro que llama la atención?
G.G.: Contiene, si así lo quiere ver, un componente de autoelogio. Lo interesante es que el Banco de Inglaterra se atreve a cuestionar el monto de las pérdidas probables vinculadas a la crisis del subprime. Sabrá que existe una brecha notable entre los quebrantos efectivamente realizados (todavía limitados) y los registrados como fruto de la caída de las cotizaciones. La valuación de instrumentos subprime se destruyó, en parte, como reflejo de la iliquidez e incertidumbre, y no necesariamente de su verdadero deterioro crediticio en el futuro.
P.: El Banco de Inglaterra pone el acento en la posibilidad de una exageración. Así, como primero se calculó que la crisis costaría 50 o 100 mil millones de dólares y luego se llegó a un billón. Ahora, convendría volver a afilar el lápiz.
G.G.: Esto es válido para determinados activos (o familias de activos) más que para la estimación general de la factura que dejará la crisis. El FMI suma un billón considerando otros renglones, no sólo el subprime. Dicho esto, la objeción a usar las cotizacionesde los índices ABX como sustitutos del verdadero riesgo de incumplimiento de la deuda hipotecaria subprime es muy correcta. Si usted mantiene un tramo AAA a vencimiento, debería cobrar mucho más que lo que sugieren los precios de un mercado sensibilizado e ilíquido al extremo.
P.: Después de Bear Stearns, los mercados financieros recuperaron su habitual recorrido de doble mano. De ida y vuelta. Pero, en las últimas dos semanas se tornaron, otra vez, monotemáticos. La obsesión, esta vez, es no perderse el tren de la suba.
G.G.: Los bancos centrales han dado una mano. Es evidente. Pero, la capacidad de los propios bancos de hacerse de nuevo capital también juega a favor.
P.: Los indicadores económicos no fueron todo lo crudos que se temía. La economía de los EE.UU. se las arregló para crecer en los tres primeros meses del año.
G.G.: La economía se estancó. La demanda interna final se contrajo. La acumulación de inventarios (en parte no deseados que habrá que reducir más adelante) y las exportaciones netas salvaron la ropa. Aun así si el sector privado persiste en la destrucción de empleo, si ahora se añade la caída de la inversión no residencial, la recesión es inexorable. Aunque sea suave.
P.: ¿Dimos vuelta la página? ¿Cede la crisis, la Fed cancela la baja de tasas, y todos los mercados -desde los commodities hasta las monedas o los bonos de los gobiernos- que gozaron de un estupendo recreo desde setiembre hasta marzo, vuelven al rigor de cotizaciones mucho más modestas?
G.G.: Esa es la idea a grandes rasgos. Es el trazo que despunta en los mercados financieros y, en la medida que las carteras deban reorientarse, el empuje original se potencia solo. Pero, para enterrar los problemas en forma convincente, todavía falta terminar los deberes. Si los precios de las viviendas caen 2,6% por mes -como recoge el índice Case-Shiller para las 20 principales ciudades de los EE.UU. en febrero - la crisis asomará de nuevo, tarde o temprano, su rostro más desagradable. La tormenta de los bienes raíces en Europa, entretanto, avanza rampante. Los precios cayeron en Gran Bretaña por primera vez en 12 años. Todo el boom de Irlanda, a esta altura, ya se frenó por culpa del malestar inmobiliario. El Club Med -en especial, Portugal, España e Italiano luce nada bien.
P.: Estados Unidos saca la cabeza fuera del agua mientras Europa se sumerge.
G.G.: No se sorprenda si se repite la historia de 2001. Nuevamente, la Fed respondió primero. No tuvo pruritos en arrojar las tasas de interés, el dólar, lo que hizo falta, inclusive sus credenciales, por la ventana. Europa fue muy elegante. La mesura personificada. Pero, si la crisis real cruza el Atlántico no será tan fácil remar las dificultades y, a la par, conservar los modales impecables.
Quizás ya hace un tiempo que la actitud más apropiada sea arremangarse.
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