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10 de marzo 2004 - 00:00

Raíz de la decadencia: el poder sobre la ley

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La visión de los creyentes en la represión y control del precio del dólar es la de quienes piensan que una economía sana debe tener estabilidad en los precios y en el valor de las divisas y no vacilan en acudir a artificios -burdos o sofisticados- para obtener tal control de precios y divisas. Por ello son partidarios de los precios máximos, del dólar a precio fijo, del dólar con tablita, del desagio, la convertibilidad, etcétera. Creen que, con la estabilidad de precios y divisas, aunque sea obtenida por medios represivos, se generará un sano circuito de inversión y crecimiento.

La historia dice que estos controles tienen efectos más o menos prolongados, de acuerdo con su desarrollo técnico y con el poder político del gobierno. Pero al final, en todos los casos, las variables económicas literalmente vuelan por el aire, como sucedió con la inflación cero de Gelbard, la tablita de Martínez de Hoz, el dólar fijo de Grinspun, el Plan Austral de Sourrouille, la última fase de la convertibilidad de Cavallo, etcétera.

A su turno, los creyentes de las teorías devaluatorias son los que piensan que, con mantener un precio alto en el dólar, que permita exportar fácilmente y genere trabajo interno al sustituir importaciones, nace un circuito de inversión, porque hay buenos negocios en la exportación y en el mercado interno y equilibrio fiscal, producto de las retenciones e impuestos que tributan los buenos negocios. Esto, sin duda, lo creyeron Krieger Vassena, Rodrigo, Sigaut, Pugliese, Remes Lenicov y todos aquellos que devaluaron, después de un período de represión del tipo de cambio.





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