Llach cuestionó la política de subsidios que lleva adelante
el gobierno.
«Según la carta orgánica del Banco Central, su función principal es mantener el valor de la moneda. Cuando (Martín) Redrado llegó había 6% de inflación. Ahora es cuatro veces mayor.» Así lo afirmó el economista Lucas Llach en la entrevista mantenida con Ambito Financiero en las oficinas del CIPPEC ( Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), de donde es investigador. Además se desempeña como profesor en la Universidad Torcuato Di Tella.
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Según este economista (hijo de Juan José Llach, ministro de Educación durante la gestión de Fernando de la Rúa), para controlar el incremento de precios habría que implementar tanto políticas heterodoxas -por ejemplo, el Pacto Social que propone Cristina Kirchner-como ortodoxas. Dentro de las últimas ubica la importancia del Banco Central en fijar metas de inflación.
Llach se doctoró hace pocos meses en Harvard en historia. Además de haber escrito algunos libros de economía (el último, «Macroeconomía argentina», junto a Miguel Braun), mantiene con asiduidad casi diaria el blog «La ciencia maldita».
«El gobierno, como no utiliza herramientas normales para combatir la inflación, implementa otras, como los subsidios, que son las que tiene a mano. No saben realmente cómo frenar el incremento de precios», afirmó.
Periodista: ¿Cuál considera como el primordial problema a resolver en los primeros días del próximo gobierno?
Lucas Llach: Un tema excluyente es la inflación. Y no como problema económico, sino como principal preocupación a secas. En la Argentina, además del ajuste de costos relativos, importamos alrededor de 30% de incremento de precios, porque, entre otras cosas, el euro medido en pesos subió 35%. La decisión de neutralizar este efecto es voluntaria. Entonces, en vez de hacer lo lógico, que sería apreciar la moneda cuando hay inflación internacional en dólares, nosotros nos depreciamos. Por lo tanto se volvió un cóctel peligroso. El umbral de incremento de precios para el año sería 20%.
P.: ¿Ya no estaríamos por encima de 20%?
L.Ll.: Sí, con la inflación mensual actual, si se la anualiza, puede llegar a 30%. Para el año que viene se plantea la pregunta de cuánto van a negociar los gremios. El número psicológico de este año fue 19%, pero no creo que sea posible ese porcentaje para 2008. A principios de 2007 se creía que la inflación iba a ser de 10% o 12%, por lo que con los incrementos remunerativos, el salario real iba a mejorar 7%. Pero en verdad, hoy se está, al menos, 8% abajo. Es así que, si se quiere recuperar el poder de compra y se suma lo que se espera que suban los precios, seguramente se va a negociar por arriba de 20%, quizás 30%.
P.: ¿Por qué el gobierno no adopta medidas más efectivas para morigerar la inflación?
L.Ll.: No sé si hay conciencia en el gobierno sobre cómo encararla, más allá del tema INDEC, que todo el mundo sabe que es un error. No saben realmente cómo pararla en serio.
P.: ¿Cree que pueda funcionar el Pacto Social que propone Cristina Kirchner?
L.Ll.: Así como los acuerdos de precios no funcionaron, ninguna medida que se ponga en práctica de manera aislada va a ser suficiente. Hace falta implementar de manera conjunta políticas heterodoxas, como el acuerdo que propone Cristina, y ortodoxas. Lo fundamental es transmitir que el Banco Central se va a ocupar fijando metas de inflación. Es decir, significa que la entidad monetaria determine el tipo de cambio nominal, dejándolo flotar e interviniendo en algunos casos, en un nivel tal que no sea alto y genere inflación, ni tampoco tan bajo, como para que cree desempleo. Y debe poder convencer a la gente de que se va a manejar así; es necesario cambiarlas expectativas.
P.: Pero cuando dice « interviniendo en algunos casos», ¿no sería similar a lo que existe hoy?
L.Ll.: No es lo mismo porque, a diferencia de lo actual, se centraría en la inflación y no en el valor del dólar. Hoy existe un tipo de cambio fijo con tendencia creciente, es decir, que si sube, se sabe que mucho no va a bajar. Cristina está convencida de la parte heterodoxa, pero no de la ortodoxa.
P.: Y dentro del cambio de expectativas, ¿tendría que estar otra persona al frente del Banco Central?
L.Ll.: Si se va a cambiar de políticas es más creíble si se cambia también el nombre. La carta orgánica del Banco Central dice que la función principal es mantener el valor de la moneda y que si el presidente no cumple con este objetivo, puede ser reemplazado. Cuando (Martín) Redrado llegó había 6% de inflación y ahora es cuatro veces mayor. No faltan candidatos. Alfonso Prat-Gay quiso implementar lo de metas de inflación en su momento y sería un buen candidato, aunque no podría por razones políticas.
P.: ¿Hacen falta políticas graduales o de shock para combatirla?
L.Ll.: De algún modo la inflación sorprendió a todos, por lo que lo gradual no sería suficiente. Tampoco se necesita un plan austral, pero sí un conjunto de medidas. No creo que lo que la origine venga por lo fiscal, pero más gasto empuja los precios. Las políticas son ahora un poco más expansivas que seis meses atrás.
P.: ¿Cree que realmente sorprendió la inflación?
L.Ll.: Mucha gente creyó que, aun con las políticas vigentes, hubiéramos tenido entre 10% y 15%; ésa era la expectativa. Se subestimó el efecto en el mercado de trabajo. O sea, partiendo de un desempleo tan bajo, fue bueno que se redujera pero ayuda a la presión inflacionaria.
P.: ¿Cuándo considera que se va a poder frenarla?
L.Ll.: No hay que sembrar expectativas irrealizables. Hoy, un sinceramiento y un plan de estabilización serían buenos, fijando la verdadera inflación para el próximo año en 12%, por ejemplo. Y en 2009 se va a poder alcanzar un dígito.
P.: Pero todavía seguiría siendo un problema...
L.Ll.: En la Argentina, quizás un incremento de precios anual de entre 5% y 8% ayude. En países como en los nuestros sirve para, llegado el caso de ser necesario, hacer descender los salarios reales sin modificar los nominales y sin pasar por desempleo. Así, 6% por ejemplo no es una cifra que se acelere. Por lo tanto, una vez vencido el problema actual, estaría a favor de un país con una inflación comparativamente alta.
P.: Hasta ahora señaló a la inflación como el problema principal, ¿qué otros forman parte de la lista?
L.Ll.: La inversión está a la par de la inflación como prioridad. No considero tan obvio que si aumenta la capacidad productiva, bajen los precios. Sí creo que ayuda a que se sostenga un crecimiento alto. En esto último las expectativas también son importantes, porque si las empresas esperan mayor demanda, también invierten más.
Tarifas
P.: ¿Y el ajuste de tarifas?
L.Ll.: Si no aumentan las tarifas, existe siempre la posibilidad latente de que suban, lo que juega en contra de las expectativas de inflación. Quizás el costo de incrementarlas sea menor. Por otro lado, influye sobre la inversión. Es otra de las cosas que Kirchner no resolvió. Si no se hace nada, se complica por otros lados, como con los subsidios. Se entiende que el gobierno, como no utiliza herramientas normales para combatir el incremento de precios, usa estas otras, como los subsidios, que son las que tiene a mano. Es así porque no hay una concepción general sobre cómo atacar la inflación.
P.: ¿Cree que la economía esté recalentada?
L.Ll.: Sí, en el sentido de que la demanda está creciendo más que la producción propia. Y eso se ve en el deterioro del superávit comercial. No es un gran problemaen sí, pero puede convertirse al convivir con un momento inflacionario. En la Argentina tuvimos siempre políticas muy procíclicas, al revés de lo que se deberían dar, es un clásico. Justo cuando nos acercamos al pleno empleo, bajamos el superávit fiscal. Y en esto coinciden ortodoxos y heterodoxos: para el desempleo alto, es necesario déficit o poco superávit. Acá hicimos al revés. Es una economía complicada la de Cristina Kirchner que requiere decisiones más difíciles.
P.: ¿Cuál cree que es el objetivo principal en la manipulación de los datos del INDEC?
L.Ll.: Creían que las dimensiones del problema eran otras, cuestiones de 2 o 3 puntitos, que quizás bajaban un poco las expectativas.
Empezaron con una desprolijidad y terminaron con una grosería, en parte porque la inflación se aceleró. No sirve para nada en la lucha contra el incremento de precios y hace mal a la república. Por lo tanto sería un logro que Cristina podría mostrar sin mayores costos, evidenciando una diferenciación con la actual.
P.: ¿Lo cual podría significar un divorcio en los Kirchner?
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