El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»-, para quien no es pasajero el temblor en los mercados. Advierte, además, sobre la presión inflacionaria en ascenso y analiza las alternativas del Banco Central Europeo que el próximo jueves deberá decidir sobre las tasas.
PERIODISTA: La crisis se instaló de nuevo. A sus anchas. El Dow Jones se desmoronó 358 puntos. Nadie puede hacerse el distraído. Y no parece un temblor pasajero...
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P.: Parece que lo peor de la crisis no había pasado, sino que está por venir...
G.G.: Son dos planos vinculados, pero distintos. La recuperación de los mercados post-Bear Stearns se consumió. El impulso directo de la baja de tasas se agotó. El rally probó ser una trampa. Los bancos grandes no van a caer. Eso no se discute. Pero no es un sinónimo, como tal vez se pensó, de que las acciones no puedan caer. Y es lógico, el futuro luce amenazante. Sin embargo, la crisis inmobiliaria y crediticia, en sí misma, discurre en otro plano. No se arregló en marzo cuando repuntaron las Bolsas ni tampoco ahora se descompuso de golpe.
P.: Pero el deterioro subyacente avanza...
G.G.: No más a prisa que antes, en honor a la verdad. Si el índice Case-Shiller es un buen indicador, por ejemplo, la velocidad a la cual caen los precios de la vivienda en los EE.UU. disminuyó en las dos últimas lecturas. Durante cinco meses consecutivos excedió 2%. Pero en la versión más reciente, conocida el martes, el declive fue de 1,4%...
P.: La Fed fue previsible. El comunicado oficial después del cónclave fue contemporizador. No hubo suba de tasas de interés. Ni tampoco un amago apuntando a la reunión de agosto. ¿Por qué, entonces, el derrumbe estrepitoso de las Bolsas?
G.G.: Jean-Claude Trichet, el titular del Banco Central Europeo (BCE), martilló una vez más con la idea fija. Y además, a diferencia del consejero Stark, no les cerró la puerta a los aumentos posteriores. Fue muy agresivo.
P.: ¿Piensa que la corrosión viene por el lado del mensaje de mayor restricción monetaria?
G.G.: Es un resultado tradicional. Nos pusimos el casco cuando el discurso de los banqueros centrales se unificó. Vemos ahora caer los escombros.
P.: ¿No importa que la Fed no participe? ¿Tan importante es el rol del BCE? Es una novedad para mí.
G.G.: La amenaza de una política monetaria más dura involucra también a la Fed. Uno podría afirmar que la Fed no la va a ejecutar. Pero es un tema debatible. Está claro, empero, que hay un viraje motivado por la presión inflacionaria en ascenso. Transcurrieron tres semanas, si uno cuenta desde la aparición de Ben Bernanke ponderando, por primera vez, los riesgos de un dólar débil sobre la inflación, el 3 de junio, o desde la irrupción de Trichet anticipandola suba de tasas dos días después, y los daños en la fachada de los mercados de capitales están ya a la vista. Las grietas son preocupantes.
P.: Y eso que todavía, en concreto, las tasas cortas no subieron ni siquiera en Europa.
G.G.: Los mercados descuentan que Trichet cumplirá su promesa. Lo afirmó tres veces sin ahorrar énfasis. No lo dudo: en su agenda personal, el próximo jueves, figura la tarea pendiente de ajustar un cuarto de punto la tasa refi y llevarla a 4,25%.
P.: Falta una semana. Y a este ritmo, si el curso de los acontecimientos no se corrige, el BCE podría cambiar de opinión.
G.G.: Por eso la Fed arriesga menos con sus afirmaciones. No toma un compromiso firme. Pero el BCE sí lo hizo y retraerlo no estará exento de costos de credibilidad.
P.: No lo dudo. Pero no compro la tesis de que la decisión está tomada y escrita en piedra. No sería razonable si los mercados se derrumban. ¿O me equivoco?
G.G.: Razón no le niego. Pero pienso que hará falta mucho más que lo que vimos hasta ahora para torcer el rumbo anunciado.
P.: No es una situación sencilla. Pero, ¿qué otra alternativa cabe?
G.G.: Los bancos centrales volvieron a quedar encerradosen un dilema. El discurso áspero apunta a cerrarle el paso a la suba sin freno de la energía. Ejecutarlo, llevarlo a la práctica, requiere un sistema financiero y una economía medianamente estabilizadas.
P.: Esa solidez está de nuevoen la picota.
G.G.: La paradoja es que los cañones apuntan al petróleo y las materias primas...
P.: Y el petróleo es el único activo que emerge indemne. Volvió hoy (por ayer) a establecer nuevos máximos. La pulseada contra la inflación no se está ganando. Y tal vez se pierda lo trabajosamente conseguido en el frente de las condiciones financieras y económicas.
G.G.: Si el BCE se retracta, ¿qué pasaría con la marcha de la energía? Tendría vía libre. No es un tema fácil. A esta altura, hay que sacrificar algún objetivo en el altar. Fíjese que el Dow Jones alcanzó los valores mínimos del año, pero las tasas largas se ubican tres cuartos de punto por encima de sus niveles de marzo.
P.: No parece que la suerte de la inflación pueda, como se hizo de agosto a marzo, quedar otra vez librada a la buena de Dios.
G.G.: Comparto. Habrá que aceptar más debilidad económica. O, lógicamente, pagar el precio de una recesión. Está claro que la operación política para conseguir flexibilidad del cartel petrolero -la OPEP- falló. Se consiguió una promesa de Arabia Saudita de mayor oferta, pero nada más. Y (hoy) Libia contraatacó con la mención a un recorte de la producción. En el corto plazo, el cartel puede ejercer mayor influencia sobre el precio del petróleo que los discursos de suba de tasas (en un escenario donde todo cruje alrededor). Habrá pues que reducir el gasto y no solamente amagar con hacerlo.
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