SpaceX, la compañía aeroespacial fundada por Elon Musk en 2002, presentó su prospecto ante la SEC y confirmó que saldrá a cotizar en el Nasdaq bajo el ticker $SPCX en lo que sería el mayor IPO de la historia. La empresa nació con la ambición de reducir el costo de los viajes espaciales para hacer posible la colonización de Marte. Veinticuatro años después, dejó de ser una apuesta de ciencia ficción para convertirse en uno de los conglomerados tecnológicos más valiosos del planeta.
SpaceX debuta en Wall Street: el IPO más grande de la historia y una apuesta récord por la IA
La compañía de Elon Musk busca una valuación de hasta u$s2 billones y podría ingresar a los principales índices bursátiles apenas cinco días después de comenzar a cotizar. El debut refleja cómo la inteligencia artificial y las expectativas de crecimiento están redefiniendo las reglas del mercado.
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La gran incógnita es si, durante los próximos años, los resultados de Spacex estarán a la altura de esas expectativas.
Sus líneas de negocio incluyen el lanzamiento de cohetes reutilizables (Falcon 9 y Starship), Starlink (el servicio de internet satelital con más de 10 millones de suscriptores que generó u$s11.400 millones en 2025, el 61% de los ingresos totales), contratos de defensa con el gobierno de Estados Unidos y, desde la fusión con xAI a fines de 2025, una división de inteligencia artificial que incluye centros de datos y la plataforma social X.
En el ejercicio 2025, la compañía reportó ingresos por u$s18.700 millones (+33% interanual), aunque registró una pérdida neta de u$s4.900 millones, explicada en gran medida por la absorción de xAI y el fuerte gasto de capital destinado a infraestructura de IA.
Una valuación que redefine el mercado
Los números de la oferta son de otra escala. SpaceX apunta a una valuación de entre u$s1,75 y u$s2 billones, lo que la ubicaría desde el primer día entre las diez compañías más valiosas del mundo, por encima de Tesla y apenas por debajo de Microsoft.
Para ponerlo en perspectiva, SpaceX entraría al mercado representando cerca del 2,5% del S&P 500, un índice con una capitalización bursátil cercana a u$s70 billones. Y lo haría sin historia bursátil.
Amazon tardó tres años en salir a bolsa, Apple cuatro, Google seis y Tesla siete. SpaceX lleva 24 años como empresa privada y llegaría al mercado público con un tamaño que le permitiría ingresar a los principales índices de manera casi inmediata, gracias a que Nasdaq y FTSE Russell modificaron recientemente sus reglas para facilitar la incorporación de compañías de gran tamaño tras apenas cinco días de cotización.
Este aspecto convierte al IPO en algo más que una simple operación financiera. SpaceX refleja un cambio profundo en la dinámica de los mercados. Históricamente, las empresas realizaban su oferta pública inicial en etapas tempranas, crecían durante años y recién entonces alcanzaban el tamaño suficiente para integrar índices de referencia. Ese período de maduración permitía un proceso genuino de formación de precios.
SpaceX se saltea esa etapa por completo. Entra al mercado con una escala que la califica para una inclusión casi inmediata, obligando a los fondos indexados —que administran más de u$s30 billones a nivel global— a comprar la acción independientemente de su valoración.
Los críticos sostienen que este mecanismo canaliza inversiones potencialmente sobrevaluadas hacia inversores que no necesariamente elegirían adquirir esos activos. Además, advierten que unos pocos días de cotización ofrecen escaso margen para un verdadero proceso de price discovery y que buena parte de las ganancias extraordinarias ya fueron capturadas en el mercado privado.
El poder de Musk y la gran apuesta a la IA
También es cierto que la dinámica del mercado cambió de forma significativa durante la última década. La relación entre el precio y los fundamentos de una empresa ya no resulta determinante en muchos casos, y las expectativas sobre el crecimiento futuro suelen pesar más que las métricas tradicionales de valuación.
Las valuaciones elevadas dejaron de ser un obstáculo para muchos inversores. Esto puede generar incomodidad porque contradice la lógica tradicional de que resulta difícil obtener grandes retornos comprando activos que ya parecen caros según sus ratios financieros. Sin embargo, la evolución reciente del mercado ha demostrado que, en determinados contextos, las expectativas pueden imponerse sobre los fundamentos durante períodos prolongados.
Otro aspecto relevante es que SpaceX llega a Wall Street con una estructura de control prácticamente inédita para una compañía de esta magnitud. Musk conserva cerca del 85% del poder de voto a través de acciones Clase B, que otorgan diez votos por papel, mientras que los inversores individuales solo podrán adquirir acciones Clase A con un voto cada una.
A esto se suma que la incorporación de la empresa en Texas le brinda una mayor protección frente a potenciales demandas de accionistas minoritarios.
Paradójicamente, y en una decisión deliberada, SpaceX reservó el 30% de la oferta para inversores minoristas, una proporción muy superior al 5% o 10% habitual en IPOs de gran escala. Plataformas como Robinhood, Fidelity y Schwab participarán de la distribución.
Musk quiere que el inversor retail forme parte de la historia desde el primer día. Sin embargo, la paradoja es evidente: ese inversor ingresa cuando la compañía ya vale varias veces más que cuando participaron los fondos privados.
La gran incógnita
Lo más llamativo es que una parte significativa de la valuación de SpaceX descansa sobre la promesa futura de la inteligencia artificial. En ese sentido, el IPO representa probablemente la expresión más pura del mercado actual: un escenario donde las expectativas sobre el potencial transformador de la IA justifican valuaciones extraordinarias en el presente.
La gran incógnita es si, durante los próximos años, los resultados estarán a la altura de esas expectativas. Porque más allá de los cohetes, los satélites y Marte, el verdadero combustible detrás de la valuación récord de SpaceX parece ser hoy la inteligencia artificial.
Analista de PPI
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