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21 de junio 2024 - 16:56

Una política exterior de espaldas al verdadero interés nacional

Un ejercicio de “diplomacia privada” tendiente a encontrar validación personal y autocelebrarse ha llevado a confundir las necesidades del país con los personales de Javier Milei.

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Javier Milei y Giorgia Meloni, primera ministra de Italia.

Reuters

Siempre hemos escuchado que la política exterior es el despliegue de la política en su más alta versión. Por, sobre todo, dos argumentos. El primero de ellos porque es un síntoma de los deseos de un gobierno. Es el trazo grueso que alcanza para definir hacia dónde quiere llevar quien conduce el Estado a esa nación. El segundo argumento, que se complementa con el primero, se refiere a la defensa del interés nacional. La pregunta que nos hacemos a seis meses de asumido el gobierno en base a esos dos elementos es: ¿Qué ocurre con la política exterior en el país de Milei?

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Vengo insistiendo en que la forma que tiene Argentina de relacionarse con el mundo no se puede explicar sin vincularlo con la personalidad de Milei. Sus maltratos y agresiones recurrentes a otros jefes de Estado o países ya han sido motivo de muchos análisis. La sucesión de viajes privados, sin agenda de Estado se ha transformado en una costumbre. Un ejercicio de “diplomacia privada” tendiente a encontrar validación personal y autocelebrarse ha llevado a confundir el interés de la República Argentina con el interés personal de Javier Milei. A tal punto que se cuestiona el financiamiento público de sus viajes. Esto generó que el gobierno tome la decisión de trasladar la Agencia de Inversiones (Fundación Exportar) al ámbito de la Secretaría General de la Presidencia para costear estos “tours” sin control.

Hoy se encuentra en España en plan “recibir premio al campeón de la derecha ultra” con el agregado de la negativa del rey Felipe a recibirlo, en otro traspié que denota capricho adolescente e ignorancia al pretender encontrarse con el monarca de un gobierno español que decidió cortar el vínculo diplomático.

Siguiendo con esos trazos gruesos, que en el caso Milei presenta una borrosa frontera entre lo público y lo privado, encontramos un inédito ultra-alineamiento (hiper-occidentalismo) con Estados Unidos e Israel que lo vinculamos a su dogmatismo religioso -llegó hacer flamear la bandera israelí-, o su fundamentalismo político contra un enemigo invisible (porque no existe): el comunismo. Eso lo hace involucrarse en conflictos extra regionales como en el caso de Ucrania o Gaza que terminan afectando el propio interés en otros campos y hasta la seguridad nacional. Todo suena bastante inverosímil pero es real.

Un dato que describe contundentemente el desvarío de la política exterior de Milei es la denuncia del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU que describe el riesgo de vulneración de derechos en Argentina con cierre de instituciones para proteger a las mujeres, para acceso a la justicia, o los ataques al derecho de reunión o libertad de expresión. A esto se suma la insólita retirada de Argentina en eventos de la Agenda 2030. Para quienes no saben, la Agenda 2030 es un programa de trabajo global aprobada por 193 jefes de Estado con 17 objetivos y 169 metas universales de temas económicos, sociales y ambientales. Va desde combatir la pobreza y el hambre, pasando por el acceso a la educación, salud, infraestructura, industria, reducción de desigualdades, hasta la paz y el cambio climático. Bueno, la orden de Mondino fue salir de ahí. Terraplanismo medieval en estado puro.

El bonus track es el cuestionamiento reciente a la Organización Mundial de la Salud y a la negativa a suscribir un tratado sobre pandemias, o la presentación ante el Comité de Descolonización de la ONU por Malvinas que se hace anualmente y es respaldada por los países que el gobierno se empecina en agredir como lo ocurrido con la liga de países árabes o los países de la región que nos patrocinan y son ninguneados permanentemente. Resulta paradójico que mientras pedíamos en Nueva York a la ONU que se convoque al Reino Unido al diálogo, al mismo tiempo en Ginebra la misma ONU nos retaba por el riesgo que corren los derechos humanos aquí y el retiro de la Agenda 2030. Párrafo aparte merece el error y el daño que causa la salida de los BRICS, no solamente en términos geopolíticos y comerciales sino también por su acompañamiento en la causa Malvinas.

Frente a la descripción de todos estos hechos, entonces definamos: ¿Qué es el interés nacional? Se trata, a grandes rasgos, de una combinación de valores con atributos –en este caso- de la Nación Argentina. Valores como la paz y la prosperidad; el orden, la concordia y la estabilidad regional; no involucrarse en conflictos fuera de la región, saber identificar los intereses en juego y que muchas veces una decisión en un ámbito impactan en otro: por ejemplo, un alineamiento o postura en un tema puede tener consecuencias en la causa Malvinas o en el comercio.

A esos valores Argentina también le agregó históricamente la defensa del multilateralismo, que es el respeto a las decisiones en el marco del concierto de naciones y la apuesta al vínculo político y comercial con el mundo; la importancia de la región para su desarrollo económico, político, social y cultural; la cuestión Malvinas como uno de los pilares, así como la defensa y promoción de los derechos humanos.

Luego de este breve análisis de la política exterior de Milei habrán concluido que los deseos del gobierno distan bastante de la defensa de un interés nacional permanente. Todo es espasmódico y con el objetivo de posicionar personalmente al presidente. Eso se logró. Hoy es un referente de la ultraderecha muy particular. El único antinacional y (neo)liberal ya que en ese “club” todos son proteccionistas y nacionalistas. Se ha destruido un camino en la materia que ha trascendido a gobiernos, se han dejado de lado prioridades estratégicas y se han tomado posturas que dejan a la Argentina en un lugar que va a costar un arduo trabajo revertir en el futuro. Hoy la política exterior le da la espalda al verdadero interés nacional.

Guillermo Justo Chaves fue Jefe de Gabinete de la Cancillería argentina.

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