10 de enero 2003 - 00:00

Acosa a Kirchner fantasma del "abandono" duhaldista

No es antojadizo que Néstor Kirchner muestre todavía muchas más dudas de las que declara respecto de la posibilidad de convertirse en candidato oficial del duhaldismo a la presidencia: lo acecha el «fantasma» de José Manuel de la Sota, la última víctima -en una profusa lista-de las alquimias electorales de Eduardo Duhalde.

Está tibio todavía ese ensayo. Animado por el Presidente, el cordobés entró en la riña nacional el día después de que Carlos Reutemann decidió que su avión se rompería antes de partir al acto del 9 de Julio pasado en Tucumán. La noche anterior, la del 8, Duhalde durmió en la casa de De la Sota en Carlos Paz, quien ya sabía de la ausencia del santafesino del día siguiente y ofreció ocupar el espacio presidencial que, suponía, el designado presidente necesitaba. Pero al poco tiempo trastabilló con el vacío bonaerense, y pagó el costo adicional de poner en serio riesgo el dominio de Córdoba, algo que la misma noche de Carlos Paz sus más cercanos le habían advertido y él no quiso escuchar.

Por eso, no sólo duda Kirchner de la palabra de Duhalde -que horas atrás prometió elecciones en abril y que no será candidato con el mismo fervor que en 1999 juró abandonar la política y retornar a su inmobiliaria de Lomas de Zamora-, sino también teme terminar como De la Sota en su proyecto nacional.

• Sin alternativa

Sin embargo, en el entorno del santacruceño admiten que éste no tiene otra alternativa que pecar de crédulo. «En la política de hoy cualquier jugada es peligrosa y no nos queda otra que creer en la palabra del Presidente», se esperanzó Eduardo Sigal, del comando de campaña de Kirchner, en tono de poco convencido.

«Es hora de aventar los fantasmas», dijeron en el comando de Kirchner y repitieron el salmo que redactaron el martes en Olivos su jefe sureño con su nuevo jefe bonaerense, sobre la «renovación» del PJ y el armado de un sector transversal, ensayo inconcluso de otro peronista pasado de moda: Carlos Chacho Alvarez.

En rigor, más que por la flacidez de algunas promesas de Duhalde, el santacruceño se espanta cuando repasa el destino que tuvieron los artificios electorales que construyó el duhaldismo en el último tiempo, del cual De la Sota es una muestra cabal, pero no la única. En 1997, por ejemplo, el ahora Presidente sometió a su esposa al escarnio de las urnas para enfrentar a Graciela Fernández Meijide, para lo cual hasta lanzó el «evitismo» con el que pretendió equiparar a Chiche con Eva Perón. Su propia esposa perdió y Duhalde se declaró padre de la derrota.

Algo parecido ocurrió con
Carlos Federico Ruckauf. En ese caso, aunque logró el objetivo de mínima -ganar la elección y preservar la provincia para el peronismo-, no consiguió gobernarla: como se sabe, dos años después Ruckauf huyó y varios caciques duhaldistas lo festejaron sin esconder demasiado sus copas en el brindis. Sin embargo, ninguno de esos casos iguala el antecedente De la Sota para espantar a Kirchner. Toma en cuenta antecedentes fuertes: financió la campaña del cordobés por TV que diseñó «Duda» Mendonça -giró varios millones a Córdoba-, ordenó armarle actos en el conurbano y hasta mencionó para tranquilizar que podría jugar a su dama, Chiche, como candidata a vice.

De la Sota pidió licencia como gobernador -lo que desató una cruda batalla interna en su gabinete, aún irresueltapara salir de campaña. No logró despegar en las encuestas y jamás domó el estigma de ser el candidato oficial que, aun no sabe si fue una ayuda o una condena.

• Promesa

Lo recibieron en Olivos (igual que a Kirchner en los últimos días), le prometieron compañía, pero apenas tropezó con sondeos adversos el duhaldismo reanudó la opera-ción para convencer a Reute-mann y se desprendió del cordobés.

Los laderos del sureño arguyen que éste está mejor ubicado que el cordobés en las encuestas, que no depende de Duhalde y que, en todo caso, no se trata sólo del apoyo del Presidente, sino de un grupo de dirigentes, entre otros
Felipe Solá, el jujeño Eduardo Fellner y el formoseño Gildo Insfrán. Claro que no cuentan a cuántos espanta. «Hace un año y medio que estamos trabajando por la candidatura de Néstor y ahora suma el apoyo de Duhalde», argumentan, y además sostienen que hay dos únicas condiciones por ahora saldadas, al menos verbal-mente:

Que las elecciones se realicen el 27 de abril, como se estableció por ley del Congreso, aunque estuvo en seria duda en el último tiempo. Anteayer, públicamente Duhalde insistió con que los comicios deben efectuarse en esa fecha.

Que se utilice un sistema de pseudo-Lemas que permita a todos los candidatos del PJ competir por afuera del partido, pero llevando los símbolos partidarios. El Presidente también se mostró de acuerdo con esto porque, dijo, no están dadas las garantías para hacer una interna.

Faltan todavía algo más de 100 días para el domingo electoral que reclama el sureño y promete Duhalde. Igualmente, antes, Kirchner sabrá si su destino es copiar, o no, el derrotero adverso de José Manuel de la Sota.

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