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24 de septiembre 2002 - 00:00

Afán de figurar opaca feliz idea

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Apalancándose unos sobre otros, el diario «La Nación» se asoció al cronista de «América» Luis Majul, a Horacio Rodríguez Larreta (h) y otros, además de varias corporaciones privadas, para presentar el proyecto y lanzar jóvenes a las calles en busca de suscripciones. Loable objetivo que también encierra motivos de figuración personal tan comunes a ciertos argentinos, ya que otros ayudan sin siquiera revelar su identidad. Ese tipo de protagonismo generó discusiones, deserciones y, tal vez, que otros posibles asistentes evitaran participar. Finalmente, el verdadero creador de la iniciativa (un hombre del mundo financiero que solventa con su madre comedores escolares) quedó postergado frente a tanto afán por aparecer.

Quien se apartó de la campaña fue Marcelo Tinelli, inicialmente incluido, ya que al parecer temió que se avizorara la iniciativa como una alternativa política (ya que también piden el fin de la lista sábana) y él no pretende usufructuar esa contingencia. Razonable actitud del que parecía, en el orden personal, como el más expuesto de los organizadores para beneficiarse. Y como del hambre no quiere beneficios, eligió el desvío, advirtiendo quizá que otros miembros sí pretendían ese privilegio.

Algunas asociaciones también se han visto opacadas por el estrellato de otros, debido a que el impulso mediático sólo parece recaer en el matutino organizador, en otros animadores de la TV y en dirigentes políticos de segundo nivel que alcanzarán otro conocimiento con esa participación. Aducen, quienes han sido parcialmente ocultados, que para conseguir 400 mil firmas en una causa tan noble no es necesario requerir un despliegue publicitario tan vasto. Tal vez sea una mezquina interpretación frente al empeño que han puesto algunos de los involucrados ahora inesperadamente despiertos por la inquietud social.

Elisa Carrió, con algún criterio, observó que no entendía por qué se limitaba a los niños de 5 años la garantía de nutrición y, en todo caso, entregó su propio proyecto para ampliar la edad. Quedó afuera virtualmente. Más, seguramente, cuando advirtió que buscaban sumarlo al independiente Mauricio Macri y una complicación no esperada: es que al discriminarse la propuesta sólo a determinados medios eso significó la exclusión de otros. Y en rubros de competencia tan salvaje como el mundo de la TV, los apartados ven este plan contra el hambre como una búsqueda de rating a costa del negocio televisivo de otros. Su propio negocio. Algunos han protestado por este desplazamiento. En suma, una idea útil que bien podría haber intentado el gobierno sin necesidad de presiones, se desluce en parte por el afán de figuración tan típico de los argentinos, sea porque se incluyen en el proyecto o porque quedan afuera. Finalmente, una iniciativa que debería ser universal por su propia índole, quedó sometida a tironeos de sector y de estrellatos personales. Incorregible mal argentino, aun para tratar el hambre.

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