26 de marzo 2008 - 00:00

Agresión y toma piquetera provocó corridas y heridos

A la medianoche de ayer, respondiendo a una organización, bandas de piqueteros agredieron a los cerca de 3 mil manifestantes caceroleros que protestaban contra las medidas del gobierno para el agro y los desalojaron de la Plaza de Mayo. Los defensores del gobierno, encabezados por Luis D'Elía y Emilio Pérsico, arrojaron piedras, botellas y bombas de estruendo a los gritos de «¡Somos los que aguantamos al gobierno nacional!» sobre los jóvenes, algunos de ellos con niños en brazos. El conjunto se alejó de la violencia y desalojó la plaza, sin dejar de ofrecer alguna resistencia.

Luis D'Elía, por ejemplo, se trenzó a las trompadas en el Obelisco, antes de llegar a la Plaza de Mayo, con un cacerolero que lo enfrentó. En la misma plaza, el «Cuervo» Larroque, identificado con una llamada juventud kirchnerista, recibió un golpe de cacerola en la cabeza con corte y sangre.

Todo esto ocurrió sin vigilancia alguna de la Policía, que se limitó a controlar accesos laterales al lugar de las protestas. Antes, Alberto Fernández había justificado que «si alguien los enfrentaba» a los caceroleros era comprensible. Ningún uniformado puso orden, aunque fue visible la presencia de decenas de individuos con radios que se conectaban entre sí y con alguna central. La prensa los identificó como policías de civil.

Los piqueteros organizaron la ocupación de la plaza marchando en dos columnas, pero antes infiltrando piqueteros entre los caceroleros. De a uno se mezclaron con los críticos del gobierno. Cuando las columnas se enfrentaron, esos infiltrados atacaron a los caceroleros por detrás, formando un cerco.

Esperable que los manifestantes pacíficos iban a desalojar la plaza en cuanto alguien manifestase alguna violencia. Los piqueteros defienden también su interés como socios del gobierno.

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