Se notaba bien la jerarquía: Alberto Fernández llevó a los otros dos dirigentes a su barrio. Almorzaron en el restorán «I», de Puerto Madero, vecino al departamento del jefe de Gabinete. La calle, Azucena Villaflor; hasta en ese detalle el anfitrión es « progre». Los otros dos comensales, Felipe Solá, devoto de doña Azucena, y Aníbal Fernández. Se entiende lo del barrio: se trató casi de una reconciliación, oficiada por Alberto. Los dos bonaerenses se llevan pésimo.
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Que el ministro del Interior coleccione enemistades no debería sorprender: se trata de un hombre habitualmente iracundo e individualista. De Solá lo separan muchos temas: el último, Jorge Taiana. No porque el canciller haya sido postulado para la gobernación, que obsesiona al quilmeño. El problema es otro y se había insinuado ayer en la mesa de «I»: Taiana, viejo amigo de Solá, viene ofreciendoun gran apoyo logístico internacional a José Ramón Granero.
Este funcionario santacruceño se ha convertido en una de las obsesiones del ministro: como titular de la Secretaría de Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico le han delegadoa él todo lo referente a esa temática, antes dependiente del Ministerio. Claro, al ex intendente de Quilmes le imputan varios reveses en el combate a la droga, comenzando por los episodios siempre brumosos de Jujuy, donde oficiales de la Federal fueron descubiertos transportando drogas en una camioneta que terminó volcando, hasta la última-gaffe del estacionamientode Plaza Congreso, donde a la Gendarmería se le escapó un cargamento de narcóticos cuyo tráfico venía siendo vigilado desde Perú por fuerzas internacionales.
Solá seguramente hará poco por Aníbal Fernández en esta materia. Prefiere jugar a la defensiva y hacer resistir a León Arslanian en el Ministerio de Seguridad, en contra de las versiones que afirman que el ex juez terminaría reemplazando al ministro, convertido en embajador en algún país lejano (¿estará estudiando inglés para prepararse?).
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