Si le faltaba alguna incoherencia a la manera en que el radicalismo se planta frente a la crisis que vive el país, ayer la aportó Raúl Alfonsín. El ex mandatario viene predicando hasta la desesperación la necesidad de que Eduardo Duhalde termine su mandato. No tiene inhibición alguna para plantear que si cayera este gobierno sobrevendría una dictadura. Sin embargo ayer, en colaboración con el senador Eduardo Moro, presentó un proyecto para modificar la Ley de Acefalía y preparar el sistema institucional para el día en que, eventualmente, caiga Duhalde. Viejo zorro de la política, él sabe que nadie se prepara en público para algo que no desea que suceda.
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La iniciativa de Alfonsín es insólita no sólo porque contradice su postulado de sostener al gobierno actual como la democracia misma. También técnicamente deja que desear:
• Establece un sistema -el actual-para la «primera» y «segunda» acefalía. Pero modifica la mecánica institucional si hubiera una «tercera». Es decir, arma un féretro político a la medida de Duhalde.
• Llegado ese caso Alfonsín propone que la «Asamblea Legislativa podrá apreciar (sic)... que ha llegado la instancia de considerar la renovación inmediata y total de los miembros» de ambas cámaras. A esta altura en la imaginación de Alfonsín debe realizarse una reforma constitucional para que después se llame a elecciones de presidente y vice y de la totalidad de los miembros de ambas cámaras. Insólito el razonamiento de Alfonsín: cambiar un presidente por vía de elecciones sería hoy insoportable. Pero modificar todo el esquema de poder, incluida la Constitución nacional puede ser aconsejable en caso de renuncia del Presidente. ¿Será un proyecto o una amenaza de abrazarse a las columnas del templo si alguien decide modificar el actual esquema de gobierno?
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